Sensaciones y sentimientos

Sociales 12 de enero de 2021 Por Redacción
Leer mas ...

DENGUE

EL GENEROSO REGALO DE MANZANERO
“Esa cosa que se llama casa / donde nos amamos, donde nos deseamos / donde nuestros sueños hacemos verdades / y nuestros anhelos hacemos realidades…”
Si vamos a dar una opinión de primera instancia coincidiremos, lector, en que esa letra de canción (“La casa”, de Armando Manzanero) dice detalles y precisiones que son obvias.
Pero… si continuamos con la letra, encontraremos que “…por nada la cambio, corazón / por nada del mundo, dulce amor”, para llegar a un final que lo explica con la belleza de la claridad cantada. “Esa cosa que se llama casa / ya le has contagiado la sonrisa tuya / y el perfume suave que da transparencia / (…) mi único motivo y mi razón / mis ansias por querer vivir / por llegar a casa.”
Volviendo a la opinión del comienzo, algo ha cambiado en el modo de entender la filosofía de las cosas cotidianas por Armando Manzanero: el sentir interior es lo que modifica esa cosa tan variable como incierta que es la “realidad”.
Nos hizo ver la belleza y la sonrisa, por sobre las problemáticas y traumas, con que se puede mirar las situaciones de cada momento.
El ámbito de la canción, como todos los espacios de la creación artística (sean de la música o de la literatura), está poblado de conflictos, desencuentros, fracasos y dolores, todos previos y/o posteriores a las circunstancias que los originan.
“Ya sé que son mentiras / que tu amor no es amor / no es necesario hablarlo / lo sabemos los dos Ya siempre estar contigo / tiene el mismo sabor / es un dulce castigo a mi alma a mi razón) (…) Y siempre que tu quieras / olvido esa verdad / y aunque sean mentiras / te pido igual o más / mucho más” (Aunque sean mentiras, Antonio Prieto).
Es fácil comprender esa tendencia a preferir las situaciones problemáticas. El conflicto produce muchos más motivos de interés que la placidez del sentimiento compartido y el amor como elemento perenne de la relación.
Se trata primero de conocer -desde afuera de los hechos, por supuesto- el suceso concreto, luego la actitud de cada parte del conflicto, los detalles de cada acción que ocurra o esté por pasar y finalmente asumir –solamente un poco- el estado de ánimo, casi siempre devastado, del que esté contando la historia. Todo, con una dosis de indiferencia de quien escucha la canción o lee la novela, ya que le ocurre a otros y no a él, cosa que le permite con todo derecho a captar la belleza artística de lo que está percibiendo; en especial si le llega a través del canto.
Armando Manzanero cambió el punto de vista. Le dio más importancia al hecho gratificante que al dolor que se impone; y sólo en pocas oportunidades puso en primer plano la irreversibilidad del desencuentro (“Esta tarde vi llover, vi gente correr / y no estabas tú”) (“Aquél señor / a quien compraba las flores que te daba / me preguntó por ti / (…) le tuve que decir / que no te veo más / que ya no sé de ti / que te fuiste de mí”)
Y llegó al extremo de cantar a la felicidad. Al simple sentimiento que no pide ni reclama explicación, que está y con eso ya es suficiente, que es justo y hay derecho de gozar el placer del directo entendimiento y el amor compartido (“Felicidad hoy te vuelvo a encontrar / cuánto tiempo huiste de mí / Felicidad / no te vuelvo a dejar / no podía vivir ya sin ti”)
La valoración del máximo bienestar como estado de ánimo, es un regalo de marca mayor, que solo pueden hacer los grandes de espíritu.
Y si son capaces de componer y cantar, ya no se les puede pedir nada más.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
Seguinos en Facebook y Twitter

Te puede interesar

Boletín de noticias