Dante y Torcuato Emiliozzi: cuatro títulos consecutivos con "La Galera"

Deportes 24 de noviembre de 2020 Por Víctor Hugo Fux
GRANDES LEYENDAS DE NUESTRO AUTOMOVILISMO DEPORTIVO
FOTO MUSEO MUNICIPAL HERMANOS EMILIOZZI CAMPEONES. Los recordados "Gringos de Olavarría" con su exitoso Ford.
FOTO MUSEO MUNICIPAL HERMANOS EMILIOZZI CAMPEONES. Los recordados "Gringos de Olavarría" con su exitoso Ford.

DENGUE

Luego del dominio abrumador ejercido por los hermanos Oscar y Juan Gálvez, que se repartieron todos los campeonatos entre 1947 y 1961, con excepción del título logrado por Rodolfo De Alzaga en 1959, la marca Ford siguió marcando una clara superioridad en la primera mitad de la década del '60.
Luego de la última conquista de "El Aguilucho", los hermanos Dante y Torcuato Emiliozzi iniciaron su exitosa seguidilla, que ya se comenzaba a insinuar con dos terceros puestos (en 1959 y 1960) y un subcampeonato (1961), justamente escoltando a Oscar.
Dante, al volante, ubicado a la derecha de la cupé Ford 1939, llevaba en la butaca izquierda a Torcuato. Un piloto excepcional y un mecánico artesanal, ambos de una tremenda capacidad, se fueron transformando en protagonistas casi excluyentes en la categoría más popular del automovilismo nacional.
Eran tiempos de las clásicas Vueltas y de los exigentes Grandes Premios, en los que se transitaban por caminos de tierra y pavimento.
Los porteños que desde muy chicos se radicaron en Olavarría para representar deportivamente a su ciudad de adopción, se destacaron claramente, trabajando con una dedicación envidiable en su taller de calle Necochea, donde siempre lograban extraerle un plus al rendimiento de una planta impulsora, que en los primeros años presentaría como novedad un V8 con válvulas a la cabeza, para dar lugar más tarde al 59 AB -con el que lograron sus cuatro títulos- y en la última etapa al F-100.
Mucho antes de lograr el campeonato de 1962, los hermanos Emiliozzi se recibieron de ganadores, el 24 de mayo de 1953, festejando la primera de una serie de 43 victorias, en la Vuelta de Chacabuco.
Ese mismo año obtuvieron otros dos triunfos. El 13 de septiembre, en las 500 Millas Mercedinas y el 6 de diciembre en el Gran Premio Argentino.
Volvieron a ganar en el inicio del certamen siguiente, el 14 de febrero de 1954, al cabo de las dos etapas que se disputaron en el marco de las 1.000 Millas Argentinas, pero luego de un extenso paréntesis, recién pudieron triunfar poco más de cinco años después, el 19 de abril de 1959, en la Vuelta de Santa Fe.
En esa temporada consiguieron otras dos victorias, el 16 de agosto en la Vuelta de Hughes y el 12 de octubre en la Vuelta de Pehuajó.
Con la llegada de la década del '60, su protagonismo alcanzaría una notable proyección. El 21 de febrero de 1960 se dio el gusto de regalarles una victoria a sus simpatizantes en la Vuelta de Olavarría, donde fueron aclamados por una multitud, aunque no volverían a ganar hasta el 26 de febrero de 1961, nuevamente en sus pagos cementeros, en un año que los vería imponerse en otras dos ocasiones, el 18 de junio en la Vuelta de La Pampa y el 8 de octubre en la Vuelta de Nueve de Julio.
Dante y Torcuato se plantearon el desafío de luchar por el campeonato en 1962, luego de inscribir su nombre por tercera vez consecutiva, el 11 de marzo, en la Vuelta de Olavarría. A esa conquista se agregarían otras cuatro: el 22 de julio en la Vuelta de Chacabuco y tres seguidas, el 21 de octubre en la Vuelta de Rojas, el 4 de noviembre en las 500 Millas Mercedinas y el 18 del mismo mes en la Vuelta de Tandil, haciendo realidad su ilusión de quedarse con su primera corona.
Para empezar con el pie derecho sus intenciones de revalidar el título, nada mejor que lograr otras tres victorias consecutivas en el arranque de 1963: el 3 de marzo en la Vuelta de Olavarría (la carrera en la que perdió la vida Juan Gálvez), el 17 de ese mes en la Vuelta de Pergamino y el 31 de marzo en la Vuelta de Necochea, a un promedio de 203,526 Km/h, estableciendo un récord absoluto de velocidad en el historial del Turismo Carretera.
Los "Gringos de Olavarría", lejos de relajarse, enhebraron en un mes nada menos que cuatro triunfos, en junio: el 2 en la Vuelta de Arrecifes, el 9 en el Premio Ciudad de Bahía Blanca, el 16 en la Vuelta de La Pampa y el 30 en la Vuelta de Salto.
Cerrando una temporada espectacular, que les permitió obtener su segundo campeonato, volvieron a imponerse en otras tres competencias: el 29 de septiembre en las 500 Millas Mercedinas, el 20 de octubre en la Vuelta de Nueve de Julio y el 27 en la Vuelta de Tandil.
Ya acostumbrados a sus series impresionantes, en 1964 encadenaron un nuevo triplete, al ganar el 22 de marzo en la Vuelta de Rufino, el 29 de ese mes en la Vuelta de Pergamino y el 5 de abril en el Premio Mar y Sierras; para repetir ese mismo año el 3 de mayo en la Vuelta de La Pampa, el 24 de ese mes en la Vuelta de Santa Fe, el 21 de junio en la Vuelta de Chacabuco, el 6 de septiembre en la Vuelta de Nueve de Julio, el 13 de ese mes en la Vuelta de Pehuajó, el 8 de noviembre en las Mil Millas Argentinas y el 15 del mismo mes en la Vuelta de Tandil, terminando el año nuevamente con el número 1 pintado en "La Galera".
En el año 1965, se produjo una importante transformación en la categoría, a partir del desembarco del Chevitú, que conducido por Jorge Cupeiro le planteó lucha a la cupecita de los Emiliozzi, quienes a pesar del avance tecnológico que presentaba el auto importado por José Froilán González, se quedó con su cuarto título, luego de ganar el 21 de febrero en la Vuelta de Firmat, el 27 de marzo en el Gran Premio Internacional Dos Océanos, el 25 de abril en la Vuelta de Necochea (mejorando su récord, llevándolo a 204,950 Km/h) y el 31 de octubre en la Vuelta de San Antonio de Areco.
Fue el último de los cuatro títulos de Dante y Torcuato Emiliozzi, que ganarían dos de las tres primeras carreras de 1966, el año que consagraría a Juan Manuel Bordeu, con Chevrolet, interrumpiendo la superioridad de Ford. Esa temporada, los hermanos de Olavarría triunfaron el 20 de febrero en la Vuelta de Firmat y repitieron el 6 de marzo en la Vuelta de Colón.
En el '67, con la aparición de los Torino, el equipo dirigido por Oreste Berta e integrado por Eduardo Copello, Héctor Gradassi y Jorge Ternengo, arrasó con las tradicionales cupecitas, quedándose con el campeonato, el subcampeonato y el cuarto lugar, respetando el orden de la popular CGT, en un año sin victorias para los Emiliozzi, al igual que en 1968 y 1969, cuando Dante se retiró.
Fue el 9 de noviembre, cuando el Halcón que conducía Dante se incendió, en un accidente dramático, del que milagrosamente lograron sobrevivir el piloto y su entonces acompañante, Octavio Sabatini, en la Vuelta de Chivilcoy.
Dante falleció el 24 de enero de 1989 y Torcuato el 14 de febrero de 1999, ambos en Olavarría, el pago chico que les rinde homenaje con la imposición de sus nombres al autódromo y a una avenida de esa ciudad bonaerense, que se conoció históricamente como la "Capital Nacional del Turismo Carretera".

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