A cincuenta años del tremendo nocaut que consagró a Monzón

Deportes 06 de noviembre de 2020 Por Víctor Hugo Fux
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Ver galería FOTOS ARCHIVO HISTORICO. El 7 de noviembre de 1970 lo noqueó a Benvenuti en Roma.  LA ULTIMA. Colgó los guantes el 30 de julio de 1977 ante Rodrigo Valdés.  CAMPEONISIMO. Trabajando duro en el gimnasio.
1 / 3 - FOTOS ARCHIVO HISTORICO. El 7 de noviembre de 1970 lo noqueó a Benvenuti en Roma. LA ULTIMA. Colgó los guantes el 30 de julio de 1977 ante Rodrigo Valdés. CAMPEONISIMO. Trabajando duro en el gimnasio.

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No fue una vida sencilla la de Carlos Monzón, el más grande campeón que dio el boxeo argentino en toda su historia.
Nació en una familia que intentaba gambetear la pobreza con los escasos ingresos que generaban sus padres con algunas changas, que sólo pocas veces alcanzaban para cubrir las necesidades básicas. La ropa suficiente para abrigar a los chicos que se apretujaban para encontrar el calor que la vivienda no transmitía.
Pisos de tierra que eran bastante comunes en aquellas épocas en la casa de los Monzón y en las de tantos sanjavierinos que encontraban buenos recursos en la pesca, que realizaban en la costa de un río generoso, que veneraban los mocovíes de la región.
Carlos se crió en ese ambiente, con múltiples carencias, y casi ninguna opción de progreso en sus tiempos de chiquilín. Había que subsistir y defender con uñas y dientes todas las conquistas, por insignificantes que fuesen. Y, si no quedaban alternativas, había que recurrir a las piñas.
Aquel flaquito desgarbado, pero fibroso, supo hacerse respetarse, pero nunca se imaginó que los puños le abrirían un horizonte con algunas ilusiones y muchas esperanzas.
El boxeo le cambiaría definitivamente la vida. Pero, tampoco fue simple en sus inicio, porque era apenas un discreto pugilista amateur. Eso sí, con un físico privilegiado, por su estatura, en la categoría que incursionara.
"Carlitos", en definitiva, completó su foja de aficionado con un récord que era de todos modos interesante, al margen de algunos reveses, que logró superar con una personalidad impropia de un jovencito.
Aquel flaco espigado, con evidentes limitaciones técnicas pero con una pegada respetable, a los veinte años debutó en el profesionalismo. Se trepó al ring del Club Sportivo Ben Hur y despachó por nocaut a Ramón Montenegro, que era una buena medida para el joven nacido en San Javier.
Ya en séptimo combate, se presentó en el mítico Luna Park, saliendo airoso en su compromiso ante Andrés Cejas, que también venció por la vía rápida.
El ascenso era vertiginoso, pero apenas dos peleas después, en el mismo estadio de Corrientes y Bouchard, en un choque de invictos, resignó el suyo contra un rival que lo doblaba en experiencia, Antonio Aguilar, que lo derrotó en fallo unánime.
Su segundo traspié coincidió con su primera salida del país, cuando el brasileño Felipe Cambeiro lo venció, también por puntos, en un estudio televisivo de la ciudad de Río de Janeiro y en una decisión burdamente localista.
En otra definición polémica, Alberto Massi lo superó en las tarjetas en la ciudad de Córdoba, en su tercera y última caída a lo largo de su excepcional campaña.
Desde entonces, alternó una mayoría de victorias -con varias categóricas- y algunos empates, como el logrado frente al legendario Andrés Selpa en la primera de las peleas, en tanto que saldó la revancha con un triunfo.
Pero la primera noche de gloria del santafesino llegó, por fin, el 3 de septiembre de 1966, nada menos que en un Luna Park desbordado para asistir a un trámite de su ídolo Jorge Fernández, en una nueva defensa de su título argentino del peso mediano.
Nada de eso ocurrió. Monzón terminó ganando en fallo unánime y se proclamó campeón frente a un boxeador que había tenido una chance mundialista ante Emilie Griffith, en el Convention Center de Las Vegas.
Los porteños, que nunca aceptaron que Monzón lo despoje de la corona a Fernández, volvieron a padecer luego de la segunda derrota de su crédito a manos del pegador nacido en San Javier, que el 10 de junio de 1967, en otra decisión inapelable, se quedó con el cinturón sudamericano.
Monzón, siguió combatiendo en el país, hasta que los responsables de manejar deportivamente al italiano Nino Benvenuti le otorgaron una chance, de la que siempre se arrepentirían -según lo confió el propio boxeador- en una defensa opcional, por el título mundial.
Aquel 7 de noviembre de 1970 -mañana se cumplirán 50 años- los puños del argentino derribaron por toda la cuenta al púgil local, en el Palazzetto dello Sport de Roma, en un resultado que sacudió al mundo del boxeo.
Ya consagrado y con los títulos del Concejo y de la Asociación, realizó catorce defensas exitosas, hasta que decidió retirarse, el 30 de junio de 1977, luego de vencer por puntos al difícil colombiano Rodrigo Valdés, en el Stade Louis II.
La vida de Monzón se apagó el 8 de enero de 1995, tras un accidente carretero ocurrido en jurisdicción de Santa Rosa de Calchines, en una salida permitida, cuando estaba purgando una condena. Otro episodio que formó parte de una vida que no fue sencilla para el campeón más reconocido que dio el boxeo argentino.

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