La crisis de Venezuela

Editorial 31 de octubre de 2020 Por Redacción
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Mientras en nuestro país, desde el Gobierno se niega de manera sistemática una posible devaluación, como consecuencia de los últimos acontecimientos, que marcaron una clara depreciación del peso argentino respecto de la moneda estadounidense, que se toma como referencia en el mercado, dónde esa modalidad se aplica claramente es en Venezuela.
Obviamente, si realizamos una comparación entre lo que viene ocurriendo en la Argentina y en la nación caribeña, al margen de la inestabilidad de nuestra economía, salimos mejor parados.
La devaluación genera una mayor inflación y ese motivo es el que se resisten a instrumentar desde el Ministerio de Economía que conduce Martín Guzmán, que en los últimos días se vio respaldado en su gestión por el Presidente.
Sin embargo, allegados al jefe de Estado, reconocieron en su momento que ese apoyo llegó de la mano de un plazo que no sería demasiado extenso, porque existen razones suficientes como para efectuar algunas correcciones en la estrategia que se viene aplicando desde el Palacio de Hacienda.
En la semana que ayer concluyó, el mercado cambiario, en buena medida logró una transitoria calma, al producirse una baja importante en la cotización de la divisa que históricamente es consultada por los argentinos en las pizarras.
La pandemia que afecta a todo el mundo, también preocupa a nuestro país, que alcanzó cifras alarmantes desde que se decretó la primera cuarentena, en el lejano marzo, de alguna manera desaceleraron la inflación a raíz de las considerables bajas en la producción y también en el consumo.
Lo señalamos más arriba, pero vale la pena explayarnos sobre lo que se viven en otro país latinoamericano, en este caso, Venezuela, que llegó a tener un potencial enorme gracias a su cuenca petrolera.
La producción, sólo comparable a la de algunos países de Medio Oriente, fue vital durante muchos años en su política exportadora, pero ya desde hace bastante tiempo el oro negro no es un recurso para los venezolanos.
Ese deterioro se ve reflejado en la falta de combustible, que luego de escasear durante unos años, debió importarse últimamente, en una clara muestra del manejo desprolijo del gobierno de un país sumergido en la pobreza.
En un reciente editorial del diario "El Nacional", uno de los pocos medios que siguen expresándose a pesar de los constantes atropellos del régimen que es liderado por Nicolás Maduro, sostuvo en un título sugerente que "Bolívar volvió a morir", en obvia referencia al valor del peso venezolano.
Se agrega que "esta vez sí lo asesinaron y no hay necesidad de hacer una exhumación lógica y atropellada, ni se trata de darle rienda suela a la imaginación prolífica de un delirante militar golpística".
Agrega, en un tono crítico: "Los venezolanos asistimos al sepelio de lo que fue nuestra moneda. De ella no queda nada. La devastación es tal que ya nadie se acuerda del retrato africanizado del héroe de la Independencia que mandó a poner el régimen en los billetes, porque ni siquiera circulan".
La simple lectura de esas definiciones periodísticas erizan la piel de cualquiera, más aún si la información consigna que "para comprar un dólar se necesitan 500.000 bolívares" y se pregunta "si eso no es pulverizar la moneda, que alguien le ponga otro nombre".
En materia de inflación, hasta el mes de agosto -todavía no se dieron a conocer los datos de septiembre- el acumulado era del 1.079,67 por ciento, según el informe de la Asamblea Nacional, una cifra que ubica a Venezuela en la ubicación más encumbrada, pero de ninguna manera privilegiada.
Pero, al margen de ese número alarmante, el Banco Central Venezolano hoy no tiene reservas y está literalmente quebrado y sin ingresos de divisas que se podrían llegar a considerar genuinas por la carencia de exportaciones.
En el mercado interno, muy pocas economías regionales aceptan los pagos en bolívares, incluso los frutihorticultores, que cotizan todos sus productos en dólares para cubrirse y poder invertir en las futuras cosechas.
Mientras el pueblo optó por buscar nuevas oportunidades en otros países en los últimos años, el régimen se jacta de aumentar el salario mínimo a cada rato, cuando en realidad sólo realizó un ridículo ajuste en el mes de abril.
El panorama es complejo, no solamente en la economía, sino en otros aspectos, como el permanente ataque a los opositores, que denunciaron prácticamente todos los organismos internacionales.
Se trata de una constante, que sin embargo, no reconoce el régimen, a pesar de los relevamientos que se llevaron a cabo por parte de distintos comisionados, como la ex presidente chilena Michelle Bachelet.
Y por si fuese poco, se vienen las elecciones legislativas, con una promesa de transparencia en la que nadie cree, porque los antecedentes así lo indican y quedaron expuestos en similares ocasiones.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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