Sensaciones y sentimientos

Sociales 27 de octubre de 2020 Por Hugo Borgna
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ESTADOS. LAS IRRESISTIBLES VIDRIERAS
Están allí y, a la manera del frasco del que bebió la siempre vigente Alicia, dicen “mírenme”.
Son los que tienen el nombre poco inspirado de “estados”. Se trata de esos limitados textos, con o sin imágenes, que aparecen al ingresar a watts app en la parte de arriba de la pantalla de los celulares. La palabra está en el centro, con “chats” a la izquierda y “llamadas” a la derecha.
Por lo general descubrimos el contenido de esa función después de haber explorado largamente las demás (a primera apreciación las más útiles y necesarias). Destinados a ser percibidos por todos los contactos del titular de la línea (¡qué modo más pomposo de darse importancia que tiene la palabra “titular”!) su mensaje tiene necesariamente un objetivo amplio, de fácil comprensión y una dosis de simpatía implícita, indispensable cuando se ofrece algo en venta.
No engañan en cuanto a la fugacidad de su duración. Habiendo absorbido la idea que regala el “carpe diem”, lo interpreta a su manera: goza plenamente de sus treinta segundos de existencia en la pantalla durante las insobornables 24 horas, porque en el instante de cumplirse ese plazo sufrirá el borrado automático.
Compañeros de las esperas tediosas, calman la ansiedad; los usuarios de teléfonos celulares (todos nosotros) ni terminamos de sentarnos cuando los sacamos a la luz y buscamos ver esos mensajes que habíamos decidido leer “cuando tuviéramos unos minutos libres”, y también (o principalmente) mirar la vidriera de las maravillas: los estados.
Se hace ahora necesario mencionar los contenidos. Hábiles comunicadores, si al fin de la palabra “estados” (arriba de la pantalla, ya está dicho) hay un punto, significa que algunos no fueron leídos todavía, y es el momento adecuado. A la izquierda, con círculos rodeando la foto de perfil de cada contacto, dan el preciso paso – en verde como los semáforos- para ingresar al gran patio donde hay niños (muchos de pocos años) divirtiéndose con minivehículos, muñecas, pelotas… ,etc, completándose la imagen con caras de felicidad de abuelas y de madres, No faltan buenos consejos para asumir mejor la vida diaria ni la solidaridad expresa para con los semejantes. Obviamente, no falta la parte pragmática: el ofrecimiento de tejidos, desayunos a domicilio, ropa para bebés y niños, plantas y flores exquisitamente trabajadas, platos de comida elaborada a pedido, bellos paisajes, alguna queja social o personal dicha en tono gracioso y, por parte de algún puestero de diarios y revistas, imágenes de las tapas de ediciones especiales, objetos y promociones de las más variadas.
Todo hace al encanto y placer que con generosidad nos riega la cotidiana tecnología; pero la gente con importante capacidad de almacenamiento de recuerdos se pregunta si ya -aunque precariamente- existían esas funciones en los recurridos años pretéritos. Porque la tecnología sólo ha mejorado los medios de comunicación oral y gráfica. Que ya existían en tiempos remotos.
Pero… ¿y los estados? ¿Tienen algún antecedente?
Mientras no se demuestre lo contrario, su idea básica es nueva y agradecida del modo informático: ellos no dan pie a ninguna nostalgia, por sensitiva que sea.
Nota: En este momento, habiendo terminado el texto propiamente dicho, viene a la memoria que en los años sesenta y hasta 1973, en una serie televisiva de acción, presentada con música de nuestro Lalo Schifrin, ya existía la autodestrucción de un documento informativo.
Parece que encontrar un uso o concepto absolutamente nuevo que le gane a nuestra tan querida nostalgia es una verdadera misión imposible.

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