El flagelo invencible

Editorial 26 de octubre de 2020 Por Redacción
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Aunque parezca extraño, al menos para nosotros, desde el año 2000 en adelante la pobreza está bajando en casi todo el mundo, en el cual las regiones más afectadas son Africa, Asia y Latinoamérica, sometiendo a esas condiciones a unos 1.400 millones de personas, las que deben sobrevivir con ingresos de 1,6 dólares por día -según datos del Banco Mundial-, enfrentando muy duros problemas de alimentación y con atención de la salud casi inexistente.
Y decimos que esto de la retracción de la pobreza nos parece raro porque aquí, en la Argentina, viene aumentando, y con niveles realmente impactantes.
Las cifras y estadísticas, a pesar de dudas justificadas, son irrefutables, pues al momento se da la cantidad del 40% de pobreza a indigencia, aunque ya se da por hecho que se llegará al 50% a fin de año, habida cuenta que no se advierte ninguna clase de señal positiva para la economía productiva, y que además, lo financiero se encuentra en un tobogán que parece no tener final a la vista con un dólar del orden de los 200 pesos.
La desconfianza es total y absoluta hacia un gobierno que no parece encontrar el rumbo y que por el contrario, todo lo que hace -en realidad casi nada- causa efectos contrarios a lo que se busca. Es decir, cuando un funcionario habla, el dólar se dispara todavía más, pudiéndose citar el caso del mismísimo presidente Alberto Fernández, quien sin que nadie se lo pregunte, salió a decir que "no habrá devaluación -que todos saben que es lo que se viene- y no se retendrán los depósitos en dólares", lo cual hizo que a las pocas horas el dólar pegara otro de sus acostumbrados saltos hacia arriba.
Volvamos a la pobreza, aunque todo lo expuesto sea parte de los muchísimos más extensos argumentos que existen para justificar un problema que viene desde hace décadas, si bien últimamente se ha agudizado de manera singular.
Es que parece increíble y muy difícil de explicar que la Argentina hace poco más de 70 años haya estado integrando el selecto lote de los 10 países más ricos del mundo, y hoy luego de tan poco tiempo -un lapso realmente pequeño para la vida de un país- nos encontremos a la par del pequeño grupito de los más decadentes, aún cuando el potencial y mucha de la riqueza de nuestra tierra permanezca ahí aguardando por una oportunidad realmente seria, coherente y confiable para hacer del nuestro un país como debe ser, siendo la única manera de poder ofrecer a sus habitantes, es decir todos nosotros, la oportunidad de mayor igualdad, reemplazando el cada vez mayor asistencialismo de un Estado que ya no da para más, que está prácticamente quebrado con estas políticas, y también desterrar los absurdos como la usurpación de tierras y propiedades, como si esa fuese la fórmula de mejor distribución, pisoteando la Constitución Nacional, ya que de eso se trata.
Las estadísticas nos suelen ofrecer algunas comprobaciones realmente dolorosas, como por ejemplo que nuestros vecinos Uruguay y Chile son los países con más reducidos niveles de pobreza de Latinoamérica, lo que debe llamarnos a formular algunas reflexiones al respecto.
Chile, con un territorio en su mayor parte sobre la cordillera. Uruguay, en tanto, con una superficie muy pequeña, lo cual le resta posibilidades en cuanto a recursos naturales y la explotación de los mismos, pero así y todo nos han superado largamente. Otro ejemplo cercano es Paraguay, que hace algunos años viene registrando un mayor volumen que nosotros en la exportación de carne vacuna.
Alguna vez nuestros políticos, los encargados de tomar las decisiones y gobernarnos, se formularon estas preguntas. Tal vez, los llevaría al acierto hacer exactamente todo al revés de cómo vinieron actuando, encontrando de tal modo la respuesta.
La gente, en tanto, es la que sufre las consecuencias con el para nosotros invencible flagelo de la pobreza. Esa misma gente que los que gobiernan dicen esforzarse por mejorarle la vida.
Obviamente, no toda la responsabilidad es del actual Gobierno, porque está claro que la pobreza estructural viene desde hace varios años, pero la realidad, es que sigue agravándose y no aparecen soluciones a la vista.
Incluso, se ha profundizado como consecuencia de políticas económicas que fueron incrementando progresivamente las diferencias entre los que más tienen y los que están parados en el otro extremo y forman parte del universo de los más vulnerables.
El tema de la pandemia es utilizado frecuentemente como excusa, como así también el hecho de culpar a la oposición, pero nadie realiza una autocrítica y aporta ideas superadoras como para solucionar un tema sensible como el de la pobreza, que está directamente relacionado con las necesidades básicas en materia de alimentación.
Es una falencia que no se puede disimular, y que hoy se ve reflejada en las estadísticas del propio INDEC.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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