Política exterior de EE. UU.

Editorial 20 de octubre de 2020 Por Redacción
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Cuando restan apenas un par de semanas para que se realicen las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, uno de los interrogantes que se plantea, evidentemente es el relacionado con la política exterior que esa potencia tendrá con los países latinoamericanos.
Durante el gobierno de Donald Trump, que apuesta por renovar su mandato por un segundo período de cuatro años, se produjeron varias contradicciones, que paralelamente derivaron en una suerte de mutación en temas sensibles de la agenda estadounidense para con la región.
En el comienzo de su gestión, el actual mandatario fue muy enérgico durante sus pronunciamientos, amenazando seriamente con aislar a la mayoría del continente, particularmente a las naciones que no apoyen sus ideales.
Sin embargo, con el transcurrir de estos poco menos de cuatro años que está en la Casa Blanca, empezó a flexibilizar su política y llegó a unos acuerdos que eran impensados hasta no hace demasiado tiempo.
Firmó alianzas comerciales con sus vecinos Canadá y México, que a partir de esos acuerdos bilaterales empezaron a normalizar las relaciones, también diplomáticas.
En cambio, no se dio esa mis situación con países que están históricamente al margen de cualquier tipo de negociaciones, que además están sancionados económicamente, como Venezuela y Cuba.
En la actualidad, emisarios de Trump están dialogando con representantes de Turquía y Brasil, para fortalecer los vínculos a partir de las significativas inversiones que tiene previsto realizar Estados Unidos.
En su campaña, que se vio interrumpida luego de haber sido diagnosticado con Covid-19 e internado en un hospital militar para su tratamiento, el jefe de Estado venía orientando sus mensajes a la comunidad latina.
Trump y sus asesores, tienen la certeza que, en caso de recibir un masivo apoyo de los latinos en los comicios, sus posibilidades de seguir conduciendo los destinos de la nación más poderosa, se incrementarán notablemente.
Por las particulares características de las elecciones, no necesariamente el postulante con mayor cantidad de votos es ungido Presidente.
Eso ocurrió cuando el propio Trump, reuniendo menos sufragios que Hillary Clinton, llegó al poder en la última ocasión que el pueblo norteamericano acudió a las urnas.
Mientras tanto, el actual mandatario, está acorralado por quienes lo acusan de subestimar al Covid-19, que ubicó a los Estados Unidos en el indeseable liderazgo de las estadísticas, tanto en contagios como fallecimientos.
Joe Biden, su rival, salió fortalecido luego del único debate que se pudo llevar a cabo de los tres previstos, a raíz de la infección que padeció Trump.
Biden, ex vicepresidente de Barack Obama, utilizó como argumento esa desafortunada estrategia comunitaria del gobierno, pero no se pronunció, en cambio, sobre otros temas que preocupan a la ciudadanía.
El ataque sistemático, terminó constituyéndose en su arma más importante, pero, sin dudas, sus seguidores, esperaban que el retador del Presidente, responda a las expectativas que de él se esperaban en el marco de las exposiciones que cada uno realizó en el único debate.
No resulta extraño que los países latinoamericanos se pregunten, a esta altura de las circunstancias, si la mejor opción es la continuidad de Trump o la llegada a la presidencia de Biden.
En ese contexto, las especulaciones son variadas, porque se alinean por un lado aquellos países que se sienten identificados con la actual política y el otro los que apuestan por un cambio en las relaciones.
Todo dependerá de los ciudadanos, que se anticiparon a emitir sus votos ante la posibilidad de hacerlo de manera virtual como consecuencia de la pandemia, que sigue golpeando con extrema dureza al país.
En ese sentido, no se puede marcar una tendencia clara, al margen de todos los resultados de los encuestadores, que con porcentajes fluctuantes, le otorgan, hasta el momento, una diferencia a Biden.
Los próximos días serán fundamentales y deberán ser muy bien capitalizados para convencer a los indecisos, en la recta final de un camino que ya no admitirá pasos en falsos.
Los dos están dispuestos a jugar sus últimas fichas en Estados que podrían llegar a inclinar la balanza, como el de Florida, donde los latinos jugarán un rol preponderante, como en 2016, cuando definieron las elecciones en favor del hoy Presidente.
Trump, avalado por el partido Republicano, le restó trascendencia a las diferentes encuestas, apoyándose en lo sucedido hace cuatro años. Biden, candidato por los Demócratas, en cambio, se aferra a esos números, aunque mesuradamente, porque la última experiencia lo obliga a ser prudente.
Los dos aspiran a ocupar la Casa Blanca, que tiene reservado un lugar en la historia de Estados Unidos a su Presidente número 46, desde que George Washington fue ungido como el primero, en 1789.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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