Algunas sorpresas en su antología “Cuentos de regreso”

Información General 12 de octubre de 2020 Por Redacción
EL ESTILO NARRATOLÓGICO DE CARLOS MARÍA GÓMEZ

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Por Liana Friedrich

A los 82 años, el reconocido novelista, cineasta, director y productor santafesino Carlos María Gómez, quien continúa trabajando sin pausa- aún durante este período de cuarentena, decretada ante la pandemia del coronavirus- nos entrega otra de sus creaciones narrativas , esta vez en el formato discursivo de “cuento”.
Ya el primero de sus cuentos, “Salto”, nos sorprende porque realmente el estilo narratológico de Carlos María Gómez experimenta un salto cuántico, relacionado con la sintaxis, puesto que el decurso literario no presenta ningún punto, salvo el del final. De este modo, conduce a su destinatario a leer sin hesitar, hasta arribar al desenlace trágico y agónico, del “salto al vacío” en el que el narrador también participa. Aunque presente pausas – representadas gráficamente por el uso de las comas- la función del punto es dar por terminado un período asertivo, que en este caso se resuelve drásticamente. Un lector avezado también infiere que está en presencia de un aparato artístico. Carlos Rehermann, al referirse al escritor portugués José Saramago, opina que “…resulta evidente que se ha roto el acuerdo básico que llamamos regla sintáctica, pero sigue siendo válido el código ideológico que le otorga al autor un rol social que se acepta como muy importante —escritor-humanista-crítico-del-sistema-imperante—, la ruptura, la cual suele postularse como valor. Algunos críticos aplauden esta práctica, que “... ha demarcado con absoluta claridad el camino de la narrativa contemporánea enalteciéndola con una prosa limpia… alejada sin rubor de las estáticas reglas…”
El segundo cuento de la colección, “Mildred”, trae a colación uno de los relatos del escritor norteamericano J.D. Salinger, “Para Esmé, con amor y sordidez”, simplemente porque la protagonista le recuerda a la inquietante adolescente Esmé, antes de la invasión aliada en Normandía. El diálogo generado entre la jovencita y Marcelo (quien se dedica en su taller literario a orientar a noveles escritores), da pie para la crítica literaria, con apreciaciones puntuales acerca del cuento de Salinger.
El tercero, “Castillos en la niebla”, es decididamente autorreferencial, no sólo por incluirse Gómez en el relato -donde hábilmente maneja el estilo discursivo directo- sino por los datos espacio-temporales puntuales que integran la trama, donde desde la “niebla” del recuerdo, se van reconstruyendo hitos del pasado: “La irrealidad de la realidad”, como expresa uno de los personajes. También “Backstage” alude a su actividad como guionista cinematográfico de uno de sus propios relatos… pero sus descripciones pormenorizadas, aparentemente objetivadas de manera realista, se imbrican con elementos extraños, “esa zona donde ficción y realidad se entrecruzan”-manifiesta el protagonista, que intuimos se trata del mismo Gómez- que producen la sensación de pisar un terreno tenebroso, donde se respira un aire pesado, confirmando con acierto el cierre del cuento, gracias al efecto siniestro de los espejos deformantes. Y “En el bar”, nuevamente una de las actividades que oficiara el mismo Gómez, durante su azarosa pero interesante vida real, reaparece en la ficción literaria, donde no se priva de abordar temas propios de una literatura de compromiso o de denuncia social, que ya caracterizara temáticamente la trama de su cosmos novelístico.
“Tiro al pichón” es un claro ejemplo de la literatura onírica de terror, que lo emparenta a Carlos María Gómez con las “ficciones extrañas” de Lovecraft, donde la intriga alude a la idea de destino o del sino, más que a lo inexplicable y sobrenatural; a diferencia del clásico cuento de terror, apela magistralmente a la construcción de una atmósfera que maneja el clímax de las emociones del lector, causando un salto anímico en la sorpresiva resolución del conflicto.
Como en Juan José Saer, advertimos formalmente en C. M. Gómez, un culto por la pulcritud del lenguaje, que prioriza el detalle en las descripciones y la referencia al contexto geográfico, e histórico, cuya estrategia esencial es el intertexto, como operatoria que entreteje sus discursos narratológicos: Santa Fe como mar de fondo, sus intereses ideológicos y vivencias personales. “Good bye, Rocco Martini” responde a una de las actividades preferidas de Gómez: la cinematografía, porque en este cuento nos encontramos con el germen original de su película homónima, para la cual ofició también como guionista, productor y director, junto a Toibero (es posible visualizar el film a través de youtube), y al igual que en “Pájaros desmayados” (dirigida por Soffici), resultan íconos de la narrativa policial negra ya que la trama se ambienta en una sociedad en decadencia y sin valores, donde detrás del delito existe una red de intereses políticos y económicos. “Queríamos tanto a Raúl” rememora “con no poca nostalgia”, la época en que concurrían al Festival de Cine de Villa Gesell, desde que el susodicho Raúl los asesorara en el desarrollo de las producciones, hasta que las graduales mutaciones que sufriera su personalidad, desembocara en su trágico final
Rosa Gronda, quien prologara su anterior trabajo, la novela “Sombras nada más”, todavía advierte la persistencia del narrador policial en el manejo angustioso y perfecto del suspenso, así como el dramatismo que en las situaciones violentas se imbrican con intensidad poética y filosófica, e incluso metafísica. En el cuento “Fuga sin fin”, nos sumergimos en esa atmósfera fantasmal de “densa bruma”, que “borronea el contorno de las edificaciones y los objetos” (manifiesta el narrador), después de transitar el laberíntico entorno borgeano de las bocacalles. El mismo Gómez, en una entrevista, refiere la situación de un personaje que está como preso “en los límites de la consciencia”, quien percibe que “el tiempo se destruye y se encuentra una ciudad extraña, que no reconoce”. Algo parecido a lo que se percibe en el vaciamiento de las calles por obra y gracia de la pandemia, donde la realidad se tiñe de un velo fantástico.
En cambio, “La casa de la calle Salom”, es una narración policíaca de carácter realista, espacialmente ubicada en la ciudad de Buenos Aires; no obstante, las sensaciones y sentimientos experimentados por el narrador protagonista de los hechos, se hallan magistralmente descriptos, desde su yo más íntimo, que los empaña de un halo de subjetividad. Vale entonces lo que el mismo autor expresara en la entrevista con El Litoral, en su diálogo con Juan Ignacio Novak: “… siempre le di prioridad a la forma más que al contenido. A mí me interesa más cómo está escrito un texto que lo que dice. El tema puede ser interesante o puede no serlo. Pero la forma en que vos lo exponés es lo que importa.” En tal sentido, sus últimas producciones se diferencian del resto de su novelística, como por ejemplo los fueron “Los chacales del arroyo”, “Gerente en dos ciudades” y “Alrededor de la plaza”.
Carlos María Gómez -continúa revelando- “El tema del tiempo me interesó siempre, porque realmente es complicado. Sobre todo el tema del presente, que es una cosa que casi no existe.” Tal vez por eso, el foco de sus relatos se halla en los personajes y sus experiencias vitales, palabras que justifican la elección del epígrafe que encabeza el volumen: “Los días son quizás iguales para un reloj, pero no para un hombre.”(Marcel Proust)




Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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