La nueva normalidad

Deportes 10 de octubre de 2020 Por Néstor Clivati
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Si tuviéramos la capacidad de leer en la borra del café, ese arte que permite con el sedimento en la taza, conocer el alma de las personas, ¿qué rescataríamos del sentimiento popular, luego de los 90 minutos jugados por los albicelestes, el último jueves en La Bombonera?
Es probable que el resultado del escrutinio, no fuera determinante y que, en todo caso, los matices nos acercaran mayores confusiones.
Da la sensación que los atenuantes finalmente, van a comportarse como amortiguadores de toda critica y que, en tal caso, la relatividad de las observaciones, no tendrán una influencia preocupante en los responsables dentro y fuera del campo de juego.
En consecuencia, sí nos aburrimos mas o menos viendo la nueva versión del equipo que dirige Lionel Scaloni, ese estado de ánimo podría refutarse con la sola apelación a los obstáculos, que esta Pandemia ha dispersado por todo el mundo y en particular, en todas las actividades deportivas.
Esto no desacredita a los aficionados que se han manifestado en todas las redes sociales, con una crítica severa luego que la Selección Mayor se quedara con los primeros 3 puntos ante la organizada improvisación de su par ecuatoriano; solo que la misma debería contener un mínimo grado de tolerancia frente a las excepcionales condiciones en las que se presentaron estos primeros escarceos.
Parte de esa nueva normalidad que estamos asimilando en todos los frentes, no con pocas dificultades, conlleva en el caso del futbol, aceptar por ejemplo, que aquel Lionel Messi que en su apogeo tenía brillo propio y hasta desdeñaba el aporte de sus circunstanciales acompañantes, hoy es parte del desafío de sus entrenadores, ya sea el de Ronald Koeman en Barcelona, como el de Lionel Scaloni en el campamento de Ezeiza, para integrarlo a un esquema que lo contenga y lo estimule adecuadamente.
Es decir, volviendo al ciclo del joven entrenador santafesino, que el reto al que esta llamado en los próximos tiempos, es el de resolver el dilema que los adversario le van a plantear, ya sea en las Eliminatorias como en la próxima Copa América y el de la táctica adecuada que vuelva a ponerlo en valor a un futbolista que no solo no pasa inadvertido, sino que además, se lleva todas las miradas de un sistema del cual es centro como ningún otro jugador de la era moderna.
Su planilla ante Ecuador no deja margen para la contención, 3 remates al arco en 96´, uno de ellos, el penal con el que se definió la contienda.
Resumiendo, de una manera poco creativa pero que se me ocurre efectiva, Messi en esta etapa de su carrera, es parte del problema y también de la solución.
Un panorama que lo expone al seleccionador de turno, más que al propio futbolista, ya que como viene sucediendo desde hace por lo menos un lustro, es legítimamente propietario de un consenso directamente proporcional a la leyenda que se ha encargado de edificar en plena actividad.
La Pandemia abrió una nueva caja de Pandora y dentro de esa condicionada realidad, surgen nuevos dilemas que solo el tiempo podrá despejar, uno de ellos nos mueve el piso y nos plantea por lo menos de manera presunta, la resignación por el orgullo de haber sido y el dolor de ya no ser.

EL RECAMBIO Y SU PEREZA
Este proceso demanda lo que por estos lares no abunda, tiempo y paciencia; la necesidad de que la renovación llegue en tiempo y forma como si se tratara de un reemplazo matrizado, no se corresponde con la realidad.
Scaloni se ha comprometido con un trabajo imprescindible, ante la necesidad de refundar una nueva era y los riesgos que la misma ofrece, ante la incertidumbre del resultado de tal política.
A juzgar por las notas de concepto que casi todos recibieron después de este debut en Buenos Aires, la legión quedó algo debilitada. Con la salvedad de Martinez Quarta y Lucas Ocampos, el resto ha proyectado sombras.
El caso más destacado sin dudas, es el de Rodrigo De Paul que al igual que Leandro Paredes, se habían convertido en piezas indiscutibles del nuevo plafón de Scaloni, pero que sin embargo, después de la producción del jueves, sus fortalezas volvieron a ser parte de una polémica y deberán recuperar el voto de confianza que recibieron de los hinchas en las últimas competencias.
Si a esto se le agrega la escasa gravitación de Tagliafico y Lautaro Martínez, el caso adquiere una consideración mas preocupante, en virtud también, que las decisiones que tomó el entrenador en la segunda mitad con las variantes, no despertaron ninguna de las propiedades conocidas.
Si la rudeza de los ecuatorianos y la vigencia de los viejos trucos de Gustavo Alfaro para colgarse del travesaño con buen estilo, alcanzaron para desnudar las debilidades de un equipo claramente superior, es inevitable dejar encendida la alarma, no para desacreditar un trabajo y una línea coherente después de un año sin entrenamientos ni fundamentos prácticos, sino para atender con buenos reflejos y flexibles convicciones.
De lo otro ya estamos curados de espanto.

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