La rebelión de los mansos

Locales 30 de septiembre de 2020 Por Redacción
Es de lógico conocimiento, que tocar bocina frente a la casa de alguien no constituye delito alguno. Sin embargo, un llamativo aparato mediático ha procurado criminalizar a vecinos de Rafaela por hacerlo frente a la casa de uno de los más altos magistrados de la Nación.
Lucila Lehmann
FOTO ARCHIVO - Lucila Lehmann, diputada nacional.

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Por Lucila Lehmann *

Una reciente novela del escritor Guillermo Lopez Guillemain nos cuenta sobre el surgimiento en una sociedad de un movimiento pacífico y opositor al avance de la política sobre los derechos de las personas y sus libertades individuales. Padecen un gobierno que con la excusa de la solidaridad y el bien común son agobiados con impuestos y restricciones hasta que, cansados, empiezan a hacerse oír.
Pero, ¿quiénes son los mansos? Los vecinos que día a día salen a trabajar, llevan adelante su tienda, cumplen su horario de trabajo, estudian, sueñan con progresar, se esfuerzan para mejorar sus vidas y, por supuesto, pagan sus impuestos. Son esos vecinos que no se han involucrado mucho en política, pero la conocen. Porque en la Argentina tristemente, la política se padece.
Con una corrupción de la que todos saben y cualquier encuesta coloca en los primeros lugares de las preocupaciones ciudadanas, pero que, curiosamente, casi no tiene condenas en la justicia. Son tantas las denuncias de corrupción y tan pocos los condenados por esos delitos, que asombra, asusta, indigna, entristece, desalienta.
¿Acaso alguien realmente se puede sorprender si, con este panorama, la gente sale a la calle a levantar banderas argentinas y hacer ruido exigiendo que la Justicia asuma su rol de contrapeso republicano frente a los abusos en el uso de los dineros públicos y en las potestades, que el Poder Ejecutivo ha venido demostrando tanto ahora como innumerables veces en nuestra historia?
Es una verdad de Perogrullo que si la Justicia actuara condenando la corrupción y los abusos del poder de forma efectiva y en tiempos cortos, tendríamos una Argentina muy diferente a la que tenemos hoy, con medio país sumido en la pobreza, con impuestos altísimos y gobernantes multimillonarios.
Es de lógico conocimiento, que tocar bocina frente a la casa de alguien no constituye delito alguno. Sin embargo, un llamativo aparato mediático ha procurado criminalizar a vecinos de Rafaela por hacerlo frente a la casa de uno de los más altos magistrados de la Nación.
El hogar de cada ciudadano merece respeto, sin duda. Nunca estuve de acuerdo con esas prácticas. Y estoy segura que tampoco ningún vecino tiene ganas de estar protestando en la puerta de la casa de nadie. Pero en estos tiempos tan oscuros para el país, ¿realmente podemos pensar que alguien es un criminal por hacerlo? ¿En que nos estamos convirtiendo?
Jamás en la historia moderna de nuestro país, hemos estado tan mal, económica y socialmente. Los mansos, esos que pagan todos los días sus impuestos, ya no aguantan más, y son tan mansos que solo piden justicia. Hasta ahora esa es su única rebelión.
No son criminales, sino ciudadanos agobiados. No podemos dejarlos solos, porque ellos, en definitiva, también somos nosotros.

(*) Diputada Nacional por Santa Fe - Coalición Cívica

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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