La obra pública interminable

Editorial 22 de septiembre de 2020 Por Redacción
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En la obra pública también se advierte que los tiempos de los dirigentes políticos, en su rol de funcionarios públicos, suelen ser mucho más prolongados que los de la gente. Algo así como lo que sucede en la esfera judicial, con causas que se resuelven 15 o 20 años después de haberse iniciado, como aquellas que giran en torno a la corrupción. El sistema no pocas veces parece tener una actitud condescendiente con los corruptos en lugar de enviar un contundente mensaje a quienes ponen la mano en la lata, del estilo "el que las hace, las paga". Pero no es lo que sucede habitualmente, y los jueces en este país, al menos varios de ellos, se calzan el traje de equilibrista para ir de trapecio en trapecio en el circo de la política nacional y popular. 
La política argentina es el arte de lo posible y a veces de lo imposible en materia de anuncios de obras o de planes que después quedan en un cajón, sin financiamiento. En ocasiones, esos proyectos salen al ruedo pero ni bien comienzan a rodar pierden ímpetu y quedan atrapados en las redes de las crisis económicas o la falta de voluntad de quienes gobiernan, que realizan un completo uso político de sus proyectos de infraestructura, tanto los que están de un lado como del otro de la grieta. 
En esta región, sobran los ejemplos de proyectos casi épicos destinados a dar respuestas a demandas de pueblos y ciudades del centro oeste santafesino que desde hace años se encuentran dibujados en amplios papeles, se dieron el gusto de avanzar en mayor o menor grado en el territorio pero que todavía necesitan una importante inyección de fondos para su finalización y empezar a cambiar la vida de la gente. Por tanto, la deuda de los gobiernos no es menor hacia los habitantes de toda esta zona considerando los años que han transcurrido desde el anuncio pomposo que suelen hacer los políticos. 
Un editorial de un día de enero del 2011, este Diario trazaba una lectura optimista sobre el futuro de dos obras medulares para Rafaela y su área de influencia. Es decir, hace un poco más de 9 años y medio en esta misma columna se publicaba lo siguiente: "El 2011 será el año en que –si todo va como corresponde- los rafaelinos podremos ver cómo inician dos grandes obras que modificarán estructuralmente a nuestra ciudad. Estamos hablando de la reconversión en autovía de la ruta 34, incluyendo el desvío del ejido urbano, así como también la refuncionalización del microcentro de la ciudad". Evidentemente las cosas no fueron "como corresponde" porque ni un proyecto ni el otro se han materializado aún. 
La obra de transformación de la Ruta 34 en autopista recién comenzó a ejecutarse en febrero de 2015, poco antes de las elecciones presidenciales y de gobernador de ese año. Si alguien sospecha que el inicio de los trabajos tiene una estrecha relación con la cuestión electoral está en su sano derecho. Tanto en 2015 como en 2017 dos gobiernos distintos hicieron un uso electoral del proyecto. 
Recién en este 2020 la obra fue reactivada, ahora parece contar con un presupuesto para imprimirle velocidad a los trabajos. Habrá que esperar si esta es la vencida o un capítulo más de una serie con muchísimas temporadas. De la refuncionalización del microcentro rafaelino qué agregar. Hace casi 10 años parecía estar a punto de comenzar. No se hizo. Sobre el nuevo acueducto que captará agua en Desvío Arijón y la entregará a los rafaelinos tampoco se tienen certezas. Es cierto que se construyó la planta de toma y de potabilización, pero la colocación de los caños en más de 100 kilómetros está en una zona gris, a esta altura se desconoce a qué ritmo avanza y cuando podría terminar el proyecto. 
El gasoducto industrial fue otro proyecto, necesario al fin, gestado a la luz de una elección, en este caso del 2015. Si bien hubo importantes concreciones, tampoco hay certezas sobre sus tiempos. 
Uno de los reclamos de los empresarios rafaelinos plantea la necesidad de ampliar el suelo industrial para favorecer la radicación de empresas. Hace años que la cuestión se aborda en las agendas electorales, hubo gestiones, pero en la realidad nada. El Hospital regional de alta complejidad anunciado por un gobernador en 2008 todavía es una columna de cemento sin terminar. La repavimentación de la Ruta 70 entre Rafaela y Roca se licitó en abril del año pasado, se adjudicó en septiembre de ese año y se volvió a adjudicar esta semana. Rarísimo. ¿Alguien recuerda la mega obra del edificio del Cepla en barrio 2 de Abril? Hace años que está casi listo pero... 
Paciencia. En cantidades industriales. 



Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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