El aula: de la escuela a la casa

Notas de Opinión 13 de septiembre de 2020 Por Redacción
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Por Silvana Angelinetta y Alberto C. Taquini (h)
Renace la escuela. El palacio está envuelto en la bruma y desde él los ancianos sabios no ven los brotes en el campo de una primavera húmeda y soleada. En ella los valles ya muestran el esplendor de las distintas especies con su tipología diversa.
Esto es lo que ven y viven 10 millones de niños y sus familias en esta cuarentena, como potente e irreversible insumo para la transformación de un sistema educativo mundial anticuado, disociado de las diferencias personales de sus actores y poco eficiente. Las expectativas de los padres y de los chicos cambian rápidamente, como también la capacidad de acción personal de los docentes. Este 2020 reveló lo que el aula debe contemplar.
¿Cómo se vive el desafío educativo que produjo la pandemia? Tomaremos algunos testimonios como disparadores: “Al principio, la adaptación fue abrupta y absoluta por parte del colegio parroquial de mis niños y de nuestra familia. La plataforma que usaban ocasionalmente estaba colapsada, los libros habían quedado en el colegio y los maestros buscaban cómo llegar a los chicos. Tuvimos que diagramar un cronograma de disponibilidad de dispositivos para las clases por Zoom, el acceso a las plataformas y la resolución de tareas en forma digital. Se armó un lugar específico en la casa y un familiar nos prestó otra computadora”.
Aun cuando se trata de un salto abrupto a la virtualidad, sin preparación, sin estructura y con métodos anticuados, los alumnos, con sus habilidades tecnológicas y simbólicas, han avanzado en la autogestión escolar. Compartimos una clara imagen con otro testimonio: “La de catorce enseguida puso en práctica la educación virtual con independencia, y fue la tutora familiar en el uso de la plataforma con más eficiencia que yo, especialmente para la de diez, que no comprendía las consignas y necesitaba asistencia. Hoy ya realiza sola su jornada, consulta el portal, entrega y chequea respuestas de los docentes. El de seis terminó sala de 5 sin estar alfabetizado. Por eso, él precisó 100% de ayuda para conectarse a las actividades, realizarlas, subirlas a la web, y leer las respuestas de los docentes”.
En estos meses, las familias aumentaron su participación en el aprendizaje de los niños, sin preámbulo ni anticipación. Lo hacen como pueden, pero con mayor registro de los procesos, con una complementariedad que puede cobrar cada vez más potencial. Por otra parte, los grupos de padres y niños en WhatsApp completan el accionar. Lo anterior no quita la exigencia que las familias perciben en el día a día: “Lo más difícil resulta tener que coordinar las actividades de mis hijos con las mías. Al tomar el rol de “educador” me encontré en una función lejana a mi formación en Administración. Dejé de lado mi lógica de análisis y control para convertirme en docente sin recursos y, al día de hoy, no tener del todo claro cuál debe ser el límite de mi intervención, dado que por impulso natural tiendo a corregir errores”.
Estos relatos personales que referimos se vuelven un ícono para millones de familias argentinas. La circunstancia de hoy nos pone ante desafíos irreversibles que generan incertidumbre por múltiples interrogantes.
¿Cómo se integrará la virtualidad instalada como nueva demanda de los chicos y de los padres, con cambios que llegaron para quedarse? ¿Cómo se sentirán los niños en un aula que todavía no se ha adaptado a su virtualidad cotidiana? ¿Cómo repercutirá esto en el accionar de los maestros? Ante estos desafíos ¿Las políticas públicas van a acelerar o ralentizar el esplendor de estos brotes renovadores?”.
Silvana Angelinetta y Alberto C. Taquini (h) son educadores. Nueva Educación 

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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