Un nuevo modelo económico

Suplemento Economía 13 de septiembre de 2020 Por Guillermo Briggiler
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Nos guste o no, nuestro pensamiento gira permanentemente en la economía, se mueve en torno al dinero, mucho más de lo que probablemente nos gustaría. El dinero es sano como medio para satisfacer necesidades y el desafío es que no se vuelva un objetivo en sí mismo, ya que al interesarnos tanto puede convertirse, de un medio, al fin de nuestra vida y con ellos convertirnos en esclavos del mismo.
Probablemente el título de este artículo, “un nuevo modelo económico”, es muy ambicioso para lo que podemos desarrollar, pero plantearlo es el comienzo y es lo menos que podemos hacer quienes entendemos que los modelos actuales tienen falencias. Aquellos que niegan la teoría económica, fracasan una y otra vez y solo pueden aplicarse cercenando libertades, mientras que los que la aplican al pie de la letra se encuentran con que se generan desigualdades y externalidades negativas que no están contempladas correctamente, en especial las que tienen que ver con la contaminación del medio ambiente. Entonces, por qué no comenzar a discutir un modelo que aplique la teoría económica y que al mismo tiempo contemple la necesidad de disminuir las desigualdades, en especial las más notorias y que tenga en cuenta que, generar crecimiento por medio de consumos irresponsables, nos llevará a costos incalculables a mediano plazo, no contemplados en los precios y costos de los productos.
Observemos como en la actualidad algunas actividades se encuentran paralizadas. A modo de ejemplo veamos como los hoteles hoy están vacíos. Como resultado de la pandemia, no hay actividad hotelera desde hace seis meses, pero sin embargo hay personas que no tienen donde vivir y habitan en nuestra Rafaela, en precarios asentamientos que no poseen energía eléctrica, a pesar que podrían pagar un alquiler, pero no acceden al mismo por restricciones que se generan artificialmente en la curva de oferta de inmuebles y que se traducen en aumentos del valor de los mismos, dificultades para rescindir, imposibilidades de desalojos, trabas a la suba de precios. Por un lado, demanda insatisfecha, por otro oferta con restricciones. ¿Por qué no habilitar los hoteles y recuperar los empleos que estos generan? Quienes están frunciendo la cara, ¿están seguro que la teoría económica no prevé esto?. Mírenlo de esta otra manera con este otro ejemplo, tan actual como el ejemplo anterior. Muchas terapias del sistema de salud se encuentran colapsadas, por lo que, en algunos lugares se elige qué vida se quiere salvar, en función de quien tiene más chances según rango etario y condición de salud, aquí se aplica la teoría económica al cien por ciento, oferta, demanda y punto de equilibrio. Pero la economía es una ciencia y la humanidad es otra cosa. Toda vida vale, especialmente la de los más vulnerables, única razón de ser del Estado.
Debemos aprovechar la actual situación e incorporar a nuestro modelo económico, el que debe estar basado en la teoría clásica, única probada científicamente, las externalidades negativas del consumo en exceso. Las mismas se producen porque, los productos consumidos no tienen representado en el precio la contaminación que se generan al producirlo, transportarlo y comercializarlo. Esto se consigue cargando, a cada etapa de la fabricación y puesta a disposición del consumidor, la obligación de la recuperación de los residuos generados. Actualmente el costo de la disposición de los residuos es al revés, no se incluye en el precio pero lo absorbe lo mismo el consumidor, ya que éste paga mediante impuestos la recolección y recuperación de los residuos. Poner el costo en cada fase, en la producción, en la comercialización, etc, elimina las externalidades negativas y la participación de terceros, como el Estado, en la disposición final de los residuos.
Podríamos también alentar la desaceleración del ritmo de consumo, llevar adelante costumbres de vida más lentas, donde se disfrute más algunas cosas que no tienen valor en dinero, y por tanto son impagables. Desacelerar el consumo implica desacelerar la producción, pero implica también bajar los niveles de contaminación. El desafío es lograr la baja de la producción, manteniendo y mejorando el nivel de vida de la población, que no debe estar medido en pesos de consumo, sino en la capacidad de hacerlo y en la posibilidad de sustentarlo en el tiempo, sin dañar los recursos no renovables. Medir además, índices de satisfacción y no de consumo.
Hace tiempo que descubrimos en Argentina, que no sirve hacer asistencialismo, debemos plantear un nuevo modelo, con inventiva y creatividad, utilizando los elementos que nos brinda la verdadera teoría económica. Las personas no son cosas, todas son valiosas, no se puede tratar desde las teorías de gobierno, a las mismas, igual que a las mascotas abandonadas. Pedimos, leyes que la premien la solidaridad, siempre sin obligación, o dejaría de ser solidaridad.
Que no nos pase la vida, tratando sólo lo urgente, entre operaciones financieras, tratando de llegar a fin de mes, o solo esperando el fin de semana. Disfrutemos tantas cosas que el dinero no puede pagar y construyamos una Argentina unida (que no sea solo un slogan), realmente incluyente y en paz. Porque tanto en la pandemia como en la economía, nadie se salva solo... lo lograremos en comunidad.

#BuenaSaludFinanciera
 #HaciendoNuevoTodo
 @ElcontadorB
 @GuilleBriggiler 

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