Las incógnitas del caso Messi

Deportes 07 de septiembre de 2020 Por Néstor Clivati
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FOTO ARCHIVO LIONEL MESSI. El jugador rosarino seguirá vistiendo la casaca del Barcelona.
FOTO ARCHIVO LIONEL MESSI. El jugador rosarino seguirá vistiendo la casaca del Barcelona.

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Una vez más el astro argentino superó en tendencias informativas a la Pandemia y ratificó su ascendente en el mundo del fútbol y algo más; aquel burofax que lo vinculó durante algo más de una semana al mercado de jugadores libres, quedará en la historia como un acto fallido y como una muestra, de cómo no deben comportarse formalmente los hombres con poder, o al menos, aquellos que suponemos lo tienen, ya que, por ejemplo en el caso Messi, esta definición podría quedar a merced de una polémica si aceptamos sus argumentos que lo arrastraron a tomar una decisión contraria a su voluntad.
Ya nada será igual en la idílica relación entre el futbolista y el club que lo cobijó durante dos décadas.
Esta sospecha no surge de sopesar en una imaginaria balanza, quién le dio más al otro, resultado del que es muy difícil ponerse de acuerdo, a pesar que la dimensión de la huella que estampó Messi en este deporte, no tiene antecedentes y será improbable que pueda ser superada, por lo menos, en el terreno de las estadísticas. Estriba la misma en las formas, que aún en las controversias, las partes están llamadas a preservar, justamente en tributo a esa gloria que supera al hombre y a la institución, para colocarse en esa cúspide a las que solo un puñado de elegidos tiene acceso.
Barcelona y Messi no se respetaron a tiempo y la divulgación de ese conflicto de intereses fue tan desdoroso como evitable.
Las trémulas palabras de Lio en la entrevista a Goal.com, un diario digital de contenidos futboleros que se emite en casi 20 lenguas, no fueron impostadas ni mucho menos guionadas; en esa confesión mediática, apareció el pibe que nació en Rosario y que Cataluña se encargó de poner en valor como persona y atleta de elite. Por momentos muchos percibimos a un hombre indefenso y vulnerable, que no tenía caminos a recorrer para evitar el bochorno, que de alguna manera estaba en ciernes y que procuraba rescatar en cada expresión, la gratitud por los valores recibidos y el plafón cultural en el que también construyó su familia.
No hubo convicción en la decisión de quedarse en Barcelona, sí memoria y eso salva lo que hubiera sido una falta grave.
Ahora vienen tiempos donde las incógnitas deberán resolverse en un campo de juego, en definitiva, de eso se trata esta historia de amor entre un jugador y el club de su vida.

EL CONTRATO

El anuncio del pasado viernes, donde deja entrever que se queda en el Barcelona obligado por las circunstancias para no acabar en un juicio con "el club de su vida", no aclara el, hasta cuándo.
A nuestro comprovinciano le resta solo un año de contrato después de desestimar la opción de ampliarlo, y a partir de enero será libre para negociar con el club que quiera. ¿Tiene decidido irse sí o sí o puede recular?
El próximo año, ninguna interpretación de su cláusula de rescisión de 700 millones de euros, le atará al Barcelona. Se marchará si así lo desea, sin batallas judiciales ni tener que negociar nada con la directiva que mande en el club. Josep María Bartomeu ya no estará tras las elecciones, y eso puede cambiar el escenario.
De cómo vayan las cosas en el terreno de juego y en los despachos puede depender que rectifique de nuevo y decida quedarse en el club más allá del 30 de junio de 2021. Es una incógnita cuál será el rendimiento del equipo a las órdenes de Ronald Koeman y si la relación entre el técnico holandés y la estrella argentina será fluida. Messi se reincorpora esta semana a los entrenamientos y será el momento de tomar la temperatura al equipo tras la crisis ocasionada tras el 2-8 ante el Bayern.
Iniciar la temporada con buenos resultados resultará clave para la estabilidad del proyecto de Koeman y para que el asunto Messi quede apaciguado en un segundo plano sin que comprometa a diario el ecosistema del club. Messi se queda, pero le disparó en público a Bartomeu y cualquier nueva crisis puede terminar abriendo un agujero de dimensiones considerables antes de que haya cambio de presidente.
De quién sea y de su proyecto dependerá también parte de la decisión de un Messi que seguirá condicionado por factores familiares a la hora de emprender una nueva aventura fuera de Barcelona. Necesita que le convenzan con un proyecto atractivo de futuro que le invite a volver al camino original de querer retirarse en la ciudad Condal.
De las cicatrices que puedan quedar de estas desavenencias, nada sabemos con certeza. La magia de un jugador único puede trocarlas con algunas fintas y un par de cañonazos al ángulo, recursos que solo un deporte tan pasional como el fútbol y una estrella de esa dimensión, suelen conseguir; no obstante, eso tan insondable, los riesgos de estar asistiendo a una decadencia, no es menor.
Barcelona debe barajar y dar de nuevo en el desesperado intento de mostrar una vigencia que las competencias internacionales de los últimos años contrarrestaron y esa será una porfía gigantesca.
Messi se queda y eso alivia y angustia, ambages peligrosos en las relaciones cuando pierden la sensibilidad del origen.

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