El Santo Patrono del Trabajo

Editorial 08 de agosto de 2020 Por Redacción
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La conmemoración de la festividad de San Cayetano en este 2020 es un hecho surrealista que nadie hubiera imaginado hace cinco meses. Las parroquias semivacías donde, para ingresar, se mide la fiebre a los fieles que asisten a las misas con límites de participación no es la imagen habitual de los 7 de agosto. Hasta el año pasado, la noticia es la masividad con que los argentinos se acercan a los templos para agradecer por la salud, el pan y el trabajo o bien para pedir por ello. Justo este año cuando la pandemia profundizó la crisis económica, y los fieles necesitaban con más fuerza pasar a visitar al Santo del Pan y del Trabajo, se restringió la actividad presencial y se derivó al ámbito de la virtualidad, como sucede con muchas otras cosas hoy día. 
La problemática laboral se convirtió este año, rarísimo por cierto, en una de las principales preocupaciones de los argentinos. A pesar de que rige el decreto gubernamental que prohíbe efectuar despidos, miles de personas han perdido su empleo debido a que, simplemente, la fábrica o el comercio en el que trabajaba cerró definitivamente sus puertas. Según diversas consultoras, entre abril y mayo cerraron 18.146 empresas en el país en tanto que más de 284 mil personas pasaron de la ocupación a la desocupación. Otros tantos argentinos observan angustiados como se redujo su trabajo y como empezó a cobrar su salario en cuotas, sin garantías de que pueda mantener su puesto laboral en el tiempo a causa de una economía empantanada que no tiene plan de salvataje ante la pandemia y las cuarentenas encadenadas. 
Mientras tanto, el Gobierno nacional debió apelar a medidas urgentes para inyectar dinero a los bolsillos de los cuentapropistas y de millones de trabajadores afectados por la fase de aislamiento obligatorio que impidió a muchas a empresas a desarrollar sus actividades. Por caso, el medio salario que se paga a través de la Asistencia al Trabajo y la Producción llega a alrededor de dos millones de personas. Y el Ingreso Familiar de Emergencia a otras nueve millones, lo que permite dimensionar la magnitud del problema que enfrenta el país, con una desocupación en ascenso, como la pobreza y la inseguridad. A esto se suma la Tarjeta Alimentar, que tiene un universo de beneficiarios de 2,8 millones de personas.
¿Cómo quedará parado el mercado laboral argentino luego de la pandemia? se preguntó el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) en un reporte publicado esta semana. En el plano económico, no es de esperar una recuperación económica tan grande como la del 2002, y por lo tanto tampoco es de esperar una reactivación tan fuerte del empleo. Esto se debe a que el contexto internacional es muy diferente y, lo más importante, habría que pasar primero por la traumática y costosa mega-devaluación del 2002. Lo más probable es que se evidencie un crecimiento del empleo donde refuercen las tendencias de largo plazo que se venían observando en el mercado laboral argentino en la última década: menos asalariados y más cuentapropistas, por la masificación del tele-trabajo y por la suma de nuevas regulaciones desalientan aún más el trabajo asalariado, señala en su diagnóstico y proyección.
En todo caso, para crear empleo de calidad se necesita un sector público que acompañe la generación de empleo permitiendo la producción y la inversión. Para ello es necesario avanzar en el ordenamiento integral del estado, ordenando las finanzas públicas, el sistema previsional y el sistema tributario. A su vez, se necesitan reformas en las instituciones laborales, principalmente modernizando la vetusta legislación laboral (la LCT se hizo en 1974 y los convenios colectivos de trabajo sectoriales se negociaron en 1975. Estas normas nunca se actualizaron y en los últimos 20 años para lo único que se utilizan es para amenazar o hacer juicios laborales) y evitando la sanción de leyes retrógradas que en lugar de favorecer la empleabilidad cierra el grifo a la creación de empleo, advierte Idesa. En tal sentido, agrega que el confinamiento le mostró a las empresas que los trabajadores son más productivos desde casa, generando ahorros en costos de infraestructura y monitoreo. Esto refuerza la tendencia que se venía observando: lo que más crece son el cuentapropismo no profesional y profesional. Se va a potenciar el cuentapropismo profesional que es el que más se adapta el teletrabajo. 
Ante este escenario laboral de extrema fragilidad, se entiende entonces la necesidad de los fieles de pedir y agradecer por trabajo ante San Cayetano más allá de los cambios impuestos por la pandemia en la forma de expresar la devolución. El temor extendido nos vuelve hacia la fe. 






Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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