En busca de… Carlos Omar Della Védova, investigador

La Palabra 08 de agosto de 2020 Por Raúl Vigini
Verdaderos pigmentos de la Patria Nacido a mediados de la década del cincuenta en la ciudad Eva Perón, actualmente La Plata, donde reside. Recibió el Doctorado en Química en nuestro país y como Doctor en Ciencias Naturales en Alemania. Desde la profesión desempeña su trabajo actual como Investigador Superior en CONICET, Profesor Titular en la Universidad de La Plata y Vicedirector del CONICET en La Plata. De su trayectoria y especial participación en el análisis de las históricas banderas de Belgrano, cuenta a LA PALABRA en este encuentro.
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1 / 4 - archivo Carlos Della Védova - Iglesia de Titiri sita en la cercanía relativa al poblado de Macha. Allí en 1813 los patriotas depositaron y preservaron las Banderas de Macha y Ayohuma. Ese secreto se mantuvo hasta 1885 cuando fueron nuevamente puestas a disposición oficial

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LP - ¿Hubo en su infancia interés por los temas que iban a ser cotidianos en su profesión? 

C.D. - Sí, por algún motivo desde muy chico y antes de comenzar la escuela primaria iba al galpón de mi casa, donde mi papá tenía solventes, y mezclaba alcohol de quemar, kerosene, agua. Observaba las fases, los colores, las densidades, viscosidades, cómo flotaban o no diferentes materiales, etcétera.

LP - ¿La educación formal lo acercó a los primeros contenidos acerca de las ciencias que llamamos coloquialmente duras?

C.D. - Con esa vocación me fue relativamente fácil decidir cuál quería que fuera mi futuro. Recuerdo que en los test vocacionales que oportunamente tuvimos que completar, siempre concluía aseverando: no sé cuál será el resultado pero yo quisiera estudiar química.

LP - ¿En qué momento descubre que los estudios superiores serían orientados a la química?

C.D. - Recuerdo que mis profesores del colegio secundario del industrial, donde estudié la orientación de Técnico Químico, me aconsejaban, con fundamentos sólidos, que debía estudiar Ingeniería Química. La Plata constituye un polo petroquímico importante. Pero a esa altura mi interés ya era el Doctorado en Química.

LP - ¿Cómo y dónde se fue dando su formación académica?

C.D. - Tuve la suerte y el privilegio de estudiar siempre en la escuela pública. Escuela Nro. 79 José M. Bustillo de Tolosa, La Plata, donde vivía, la ENET Nro. 4 Juan B. Alberdi de La Plata, y en la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP.

LP - ¿Dónde orientó su trabajo profesional una vez egresado de la facultad?

C.D. - Al concluir la Facultad obtuve una beca del CONICET para realizar mi trabajo doctoral en Argentina. Luego de recibirme de Doctor en Química, también el CONICET, me otorgó una Beca postdoctoral con la que trabajé tres años y dos meses en la Universidad del Ruhr e ingresé en paralelo a la Carrera del Investigador Científico. Como corolario de mi estadía en Bochum obtuve allí mi segundo doctorado, ahora Dr. rer. nat. (Ciencias Naturales).

LP - Las ciencias químicas abarcan un panorama extenso. ¿Qué lugar eligió para desarrollar su labor desde los inicios?

C.D. - Tuve la fortuna, desde muy chico, de encontrarme con gente singular. Con mi maestra de segundo grado del primario, Pirula, quien me convenció de que era posible lograrlo todo. Y su aliciente era que ella se pondría muy contenta al ver mis logros. A lo largo de mi vida ella siempre estuvo muy cerca de mi mamá en los afectos. Mis profesores de química y de ciencias del colegio secundario con su impulso y estímulo constante. Y en la Facultad mi padre doctoral, el Prof. Dr. Pedro J. Aymonino. El nunca escatimó esfuerzo ni tiempo alguno para apoyar nuestra formación. 

LP - ¿En qué ámbitos lleva adelante su actividad presente?

C.D. - Como decimos resumidamente, en el mejor lugar del mundo, en la UNLP y en el CONICET. Como docente, investigador, extensionista y ahora también colaborando en la parte directiva del CONICET-La Plata.

LP - ¿Con qué objetivo decidió su formación académica?

C.D. - Poder contribuir a la formación de recursos humanos altamente capacitados, generar espacios de investigación superadores, propender a la incorporación de nuevas técnicas de análisis y equipamientos, a generar una docencia diferencial con el agregado de información basada en experiencia de trabajo y evolución continua.

LP - ¿Pudo lograr ese cometido planteado aquella vez?

C.D. - Los objetivos planteados son como el conocido viaje hacia el hilo del horizonte. Cuanto más andamos, más se aleja, y seguimos caminando. Nunca es suficiente pero al caminar aquilatamos experiencias.

LP - ¿Le ha dado lugar al desempeño docente en su tarea además de la de investigación? 

C.D. - Sí, el tema puede ser abordado desde el punto de vista científico, empleando un número de espectroscopias y técnicas de análisis. Luego la vinculación que subyace resulta apasionante.

LP - ¿Tuvo posibilidades de ejercer su profesión fuera del país?

C.D. - Sí, agradezco a las Instituciones, a la UNLP, al CONICET, al Sincrotrón de Brasil y a Alemania principalmente por esa posibilidad. La estada más larga fue la de Alemania, tres años y dos meses. Luego el vínculo se ha mantenido inquebrantable y se fortaleció con los años. Además de Alemania -Universidades de Bochum, Bielefeld, Tübingen, Dortmund, Wuppertal, Bremen, Berlin-, he desarrollado trabajos de laboratorio en Cuba -CNIC, Universidad de la Habana-, EEUU -Universidad de College Station-, Inglaterra -Universidad de Oxford-, Brasil -Universidade de Sao Paulo, Federal de Juiz de Fora- y LNLS -Sincrotrón de Campinas-, Francia -Sincrotrón Soleil de Paris-, China -Instituto de Química de Beijing-.

LP - Una anécdota con final feliz del ámbito laboral.

C.D. - Detrás de los presentes estudios existe un “trabajo detrás del trabajo”. Para poder acceder a la Bandera de Macha iniciamos relaciones con la Embajada de Bolivia en la época de Evo Morales. Nos comenzaron llamando hermanos y luego nos hicieron sentir que así lo éramos. Con el auspicio y recomendación de la Embajada nos pudimos poner en contacto con la Casa de la Libertad de Sucre. Cuando se aceptó que nos darían un jirón de esa joya de nuestra historia nuestra reacción fue ir a buscarlo a Sucre. Cuando llegamos allí el guardián de la Bandera, la persona especialmente afectada a su preservación y cuidado, nos expresó: “Ustedes pueden tener la recomendación de la Embajada, del Director de la Casa de la Libertad, del mismísimo Evo Morales, pero yo la vitrina de la Bandera no la voy a abrir”. Recuerdo que mi reacción distendida del momento fue preguntarle cómo era su casa, si tenía suficiente espacio, dado que le pediríamos asilo, dado que después de semejante acción no podíamos regresar a la Argentina con las manos vacías. Finalmente agradeciendo tanto fervor al servicio del patrimonio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, reanalizando el paño original donde el pabellón había estado preservado detrás de un cuadro de Santa Teresa hasta 1885 encontramos muestras representativas suficientes para implementar el estudio. 

LP - Algo más que desee agregar. 

C.D. - El testimonio para todos y todas quienes hicieron posible este estudio, fundamentalmente a los autores Rosana M. Romano, A. Lorena Picone -del CONICET y UNLP- y Luiz Fernando Cappa de Oliveira y Rodrigo Stephani -de la Universidade Federal de Juiz de Fora, Brasil-. 

por Raúl Vigini

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