Desigualdad y pobreza

Editorial 02 de agosto de 2020 Por Redacción
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La desigualdad y la pobreza eran dos males endémicos en Latinoamérica antes que el COVID-19 profundice una crisis que todavía no alcanzó su mayor expresión.
No hace falta ser un especialista para asegurar que lo peor está por venir, habida cuenta de la recesión que se viene observando desde que la enfermedad fue declarada oficialmente como pandemia.
Todos los indicadores sufrieron una brusca caída, aún en los países que por sus economía, seguramente tendrá una más eficiente capacidad de reacción.
Pero no es precisamente el caso de los latinoamericanos, que vienen arrastrando graves problemas estructurales desde hace décadas.
Los sectores productivos se vieron afectados por el virus y como consecuencia de esa preocupante situación, los índices de la pobreza siguen creciendo de manera vertiginosa e incontrolable.
Las pérdidas de empleos, a raíz de los cierres de empresas, industrias y hasta de los pequeños comercios barriales, es alarmante, más allá de la asistencia que proporcionan los gobiernos, como en el caso del argentino, que hoy está cubriendo las necesidades esenciales de nueve millones de personas.
Cada país vive su propia realidad, que son tan diferentes, aunque los que están sumergidos en la extrema pobreza son los mismos de siempre.
Un reciente informe de la Organización de Naciones Unidas (ONU), advirtió que la contracción del PIB se reflejaría en un promedio superior al 10%, en tanto que se contabilizarían unas 45 millones de personas más en la triste estadística que mide la pobreza.
Para agravar más todavía ese cuadro, desde hace un tiempo, el nuevo epicentro de la pandemia se ha instalado en Latinoamérica, donde los fallecimientos y contagios establecen diariamente nuevos récords.
Los sistemas sanitarios, en algunos países, están virtualmente colapsados. No es el caso de Argentina, felizmente, que a pesar del incremento de las cifras, se preparó en tiempo y forma para recibir a los pacientes.
La desigualdad, obviamente, se puede observar en ese aspecto, porque en varios países de la región, las dificultades parecen no tener una solución concreta a raíz de la precariedad de los servicios que se brindan a la población.
Luego de Estados Unidos, la nación con mayor cantidad de muertos y contagios en todo el mundo, aparece en el segundo lugar Brasil, un país vecino y el bien llamado gigante de Sudamérica.
No es un dato menor y así lo interpretó el Gobierno argentino, al decidir un estricto cierre de nuestras fronteras, con el objetivo de evitar una mayor propagación de la enfermedad. 
En esta parte del continente, son varias las naciones que están amenazadas con el desempleo y la miseria, como también lo reconoció la ONU, mediante un comunicado suscripto por su secretario general Antonio Guterres.
Desde el organismo, se menciona con absoluta certeza que "en la región se dará la mayor recesión de los últimos 100 años", encendiéndose todas las alarmas, que descartan virtualmente una recuperación en el mediano plazo.
Será cuestión, entonces, de tratar de reconstruir un modelo de desarrollo que incluya una profunda transformación en los países latinoamericanos y los caribeños, para terminar con una desigualdad que es insostenible.
Para que ello pueda aplicarse, será fundamental tener gobiernos transparentes, con rendición de cuentas que no dejen ningún tipo de margen para las dudas. Será una tarea compleja en la mayoría de los países, donde muchos de sus gobernantes son sospechados de hechos de corrupción.
Luego de superarse esta pandemia, que no tiene fecha de vencimiento, porque nadie está en condiciones de precisar cuándo será vencida por la tan ansiada vacuna, la cifra global de personas inmersas en la pobreza llegará a los 230 millones en Latinoamérica, según especula la ONU.
A ese número se accedería contando los 45 millones de nuevos pobres, como lo señalamos en este mismo informe, que podría llegar a incrementarse en la medida que se extienda la pandemia.
Si bien el aumento de los niveles de desigualdad golpeará a la región de manera casi equitativa, quienes más se verán afectados serán los integrantes de las comunidades indígenas y afrodescendientes.
También las mujeres y los migrantes, que tienen claras dificultades en el acceso a oportunidades laborales y educativas de calidad, forman parte de ese grupo.
"Los países de América Latina y el Caribe y en particular los pequeños Estados insulares en desarrollo, no deben quedar excluidos de la asistencia mundial, y por lo tanto, será necesario ampliar la respuesta multilateral a los países de ingresos medios", destacó finalmente el relevamiento de la ONU.
El panorama es desalentador, al margen de las advertencias realizadas, que son necesarias, pero al mismo tiempo se pueden evaluar como previsibles por la actual realidad.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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