Sensaciones y sentimientos

Información General 29 de julio de 2020 Por Hugo Borgna
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MÚSICA Y O PELÍCULAS
Son, desde siempre, primas que no se llevaron igualmente bien por más que se conocen y se necesitan mutuamente.
El cine es un arte pretencioso y abarcador. Precisa, para lucirse, estética en la imagen, síntesis y energía en los textos y, según algunos, la imprescindible presencia de la música. Queda claro que grandes realizadores hicieron obras para la pantalla sin casi nada de música, pero ese es otro tema; este artículo tratará sobre las canciones que fueron concebidas para una película y de cómo les fue en la historia a unas y a otras.
Se tiene la idea de que los temas musicales tienen –o deben llevar- el mismo nombre que las películas, pero en la mayoría de los casos no fue así. “Lo que el viento se llevó” (1940), fue pionera en tener una música especialmente creada, y le fue infinitamente mejor que a la banda de sonido: pocos recuerdan “Tema de Tara”, melodía que acompaña los títulos. Igual es el caso de Moulin Rouge (1952) y la “Canción del Moulin rouge”, a pesar de la belleza formal del tema musical.
Muchos son los casos de temas musicales que trascendieron mucho más que a las realizaciones fílmicas. “Las hojas verdes del verano” es el tema de “El álamo” (1960); “Coronel Bogey” superó en popularidad a “El puente sobre el río Kwai” (1957), “El amor es una cosa esplendorosa” prácticamente hizo quedar a un costado el recuerdo de “Angustia de un querer” (1955), y la popularísima “Te guardaré en el corazón” -también conocida como “Más”- hizo lo mismo con “Mondo cane”, documental crítico de 1962.
Muchas emblemáticas películas de la historia del cine, también popularizaron en igual medida a su banda de sonido. Es el caso de “El padrino” (1972) con “Amor en voz baja”, “La fuente del deseo” (1954) con “Tres monedas en la fuente”, Romeo y Julieta (1968, de Franco Zeffirelli) con “Tema de amor de Romeo y Julieta”. Hubo un caso de éxito arrasador de espectadores y versiones cantadas de “Historia de amor” (1970, “Love story”) y “Cómo empezar”; Igual le fue a “Castillos de hielo” (1978) y a su tema, cantado por Melissa Manchester (Tema de amor de), y a “A la hora señalada” (1952) con el tema que se escucha, en una emblemática escena, “Solo ante el peligro”. Lo mismo puede decirse de “Dr. Zhivago” (1965) y la canción “En algún lugar mi amor”.
Sigue la enunciación de felices coincidencias de éxito y popularidad de películas y sus temas musicales. En 1962 se pudo ver “El satánico Dr. No”, que originó una saga con posibilidades de continuación hacia el infinito, al mismo tiempo que dio inicio a un nuevo género de películas. El “Tema de James Bond”, ejecutado por su autor, John Barry, sigue siendo indispensable en cada nueva realización de la secuela. Igualmente, la íntima y necesaria unión de música y realización fílmica de las películas de Federico Fellini: un emblemático ejemplo es “Amarcord” (Banda de sonido de), del año 1973 y, dentro del sensible ámbito de los creativos italianos, “El bueno, el malo y el feo” de 1966. El tema se llama igual y a su autor, el sensible Ennio Morricone, la academia de Hollywood, le debe un más que merecido Oscar.
Ahora debemos encender la luz, mirar hacia afuera y adentro de nosotros. Veremos, no ya la sala vaciada de voces, canto e imágenes, sino a quienes –además de nuestra propia gente- hace mucho que nos están acompañando en el salón contiguo y cercano de las evocaciones.
Alguna vez habremos deseado utópicamente que un realizador –no necesariamente famoso- nos eligiera como un personaje de película, y la filmara; pero vayamos al fondo de cada película.
¿No será que los nombrados, sin conocernos personalmente, ya lo han hecho?

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