Hubo menos actividad sísmica por el Covid-19

Notas de Opinión 28 de julio de 2020 Por Redacción
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Las ondas de choque producidas por la civilización viajan a través del suelo rocoso y, a veces, rebotan en distintos lugares del planeta.
Esto lo saben los geólogos porque llevan décadas escuchando la tierra con sismómetros sensibles para saber si habrá un temblor.
Las pulsaciones humanas provienen del tráfico, partidos de fútbol, conciertos de rock, fuegos artificiales, trenes subterráneos, explosiones de minas, perforaciones de rocas, fábricas, martillos neumáticos, fundidoras y otras actividades.
En el año 2001, las vibraciones del colapso de las Torres Gemelas se registraron en cinco estados. Los sismómetros incluso sintieron el impacto de los dos aviones.
Ahora, un equipo de 76 científicos de más de una veintena de países ha informado que los cierres por la pandemia del Covid-19 llevaron a una disminución del 50 por ciento en el barullo global que provocan los humanos. El silencio más notable, que fue de marzo a mayo, se comparó con niveles en meses y años previos.
"La duración y quietud de este período representa la reducción global de ruido sísmico más larga y estable desde que se tienen registros", informaron los científicos en la revista Science. Añadieron que la quietud es el resultado del distanciamiento social, los cierres industriales y la disminución de los viajes y el turismo.
El declive general excedió por mucho el que normalmente se observa en fines de semana y días festivos.
Los dispositivos para medir terremotos se remontan al menos a inicios del siglo XVIII, cuando se usaban péndulos para ilustrar las oscilaciones de la tierra. En 1895, un ingeniero irlandés, John Milne, estableció en la isla de Wight un centro de sismógrafos que pronto se convirtió en la primera red global, con 30 filiales en otros países, en tanto que para 1957, un grupo internacional de sismólogos catalogaron 600 estaciones.
Los dispositivos pueden registrar vibraciones no sólo de terremotos y actividades humanas, sino también de huracanes y el choque de olas en las costas, así como el impacto de intrusos rocosos que llegan del espacio exterior.
La nueva investigación estuvo a cargo del Real Observatorio de Bélgica y otras instituciones, como la Escuela Imperial de Londres y la Universidad de Auckland en Nueva Zelanda.
Entre los participantes de Estados Unidos están el laboratorio sismológico en Albuquerque, Nuevo México, el Servicio Geológico de Estados Unidos, así como las Universidades de Princeton, Stanford, Alaska, Maine y California.
El equipo reunió datos de 337 sismógrafos de científicos particulares y de 268 centros sismológicos gubernamentales, universitarios y de geólogos que trabajan en corporaciones.
Se reportó que la quietud global empezó en China a finales de enero y se extendió hacia Europa y el resto del mundo en marzo y abril. El equipo dijo que, para finales del período de monitoreo, en mayo, los niveles de vibración en Pekín seguían siendo menores a los de años anteriores, lo cual sugiere que la pandemia seguía restringiendo las actividades en dicho lugar.
El equipo también informó que, en el Central Park de Nueva York, se registró que las vibraciones de los domingos por la noche durante el período de máximo confinamiento fueron en promedio un 10 por ciento más bajas que las medidas anteriormente.
En general, las grandes ciudades y otras áreas con una alta densidad poblacional tuvieron las reducciones más considerables. El equipo dijo que la calma sísmica permitió que los científicos captaran señales que antes pasaban desapercibidas, y que el análisis continuo de los datos podría ayudar a los geólogos a diferenciar mejor las vibraciones antropogénicas de las naturales.
Los hallazgos del equipo fueron tan sorprendentes y claros que llamaron la atención de los medios noticiosos desde inicios de abril, casi dos meses antes de que se concluyera el periodo de monitoreo.
En todo el mundo, los niveles medios de las sacudidas cayeron hasta un 50 por ciento entre marzo y mayo, "señalando cómo las actividades humanas impactan la Tierra sólida", escribieron los autores. (Fuente: New York Times).  

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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