Sensaciones y sentimientos

Sociales 21 de julio de 2020 Por Hugo Borgna
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PALABRAS: NUEVAS, PERENNES O RECARGADAS
Aquí están: pacientes, amigas, disponibles, rebeldes o esquivas, pero siempre utilitarias.
Las palabras, cotidianas y frecuentables sin límite preciso, son las unidades mínimas del lenguaje, con potencialidad de valor mayúsculo.
Nuestra idioma continuamente nos está regalando joyas de oro (Neruda dice que los conquistadores se llevaron ese metal y nos dejaron el oro de las palabras), y cada vez que pensamos que ya no puede haberlas nuevas, algunas se levantan, doctorales, y reclaman: un momento, también podemos ser “vocablos” o “fonemas”, y dejan así en alza su dignidad.
Las palabras no lo sospechaban entonces, pero en julio de 1969 una nave espacial por primera vez se posó sobre la luna. No “aterrizó” (la palabra no era la adecuada), y por eso hubo que crear “alunizar”. Días después el cohete volvió al planeta (el nuestro y de las palabras) y no se apoyó en tierra sino en el mar. Tampoco era preciso decir “aterrizó” y así se desarrolló “amerizar”.
Posteriormente, la posible llegada a Marte propició “amartizar”, abriendo la ventana a todo lo que gira en el espacio estelar (queda claro que por razones de obvia prevención de eventuales incendios, “avenurizar” y “amercurizar” no tuvieron oportunidad de incorporarse al léxico.
Después de esa histórica creación de palabras el idioma, -especie de volcán con filtro- siempre atento a lo que dice la gente, siguió activo aceptando nuevos vocablos y paralelamente desaconsejando otros. O clasificándolos como regionalismos, que viene a ser lo mismo.
La lengua castellana se presenta redondamente rellena de síntesis; le gusta decir e insinuar al mismo tiempo. Por eso también existen los que aprovechan su amplitud para tomar ventaja del siempre latente y tentador uso del doble sentido.
Tres palabras son de reciente incorporación al habla corriente, con significados que ayudan a la integración positiva y elevación personal.
Resiliencia, que surge de la psicología, implica la capacidad de una persona para superar circunstancias traumáticas, como la pérdida de un familiar. La resiliencia potencia la felicidad.
La sororidad (deriva de “sor”, tratamiento propio de comunidades religiosas femeninas) se define como solidaridad entre mujeres, especialmente ante situaciones de discriminación sexual y actitudes y comportamientos machistas.
Popularizada recientemente, longanimidad significa generosidad y amplitud de ideas y de conducta, y su significado se acerca al de magnanimidad.
Más arriba se habló de quienes toman ventaja de las similitudes en la definición que hacen a la identidad de las palabras y las recargan en beneficio propio en el campo de los sentimientos.
“Son palabras nuevas y te las digo a ti (…) son palabras de amor /que jamás pronuncié / antes de ahora. / Te quiero / eso es nuevo en mi ser / te quiero / y es mi primera vez” (“Palabras nuevas” cantadas por Antonio Prieto, en la película “Cuando calienta el sol”).
¿Está mal utilizar el canto para conquistar, no ya a la señorita en cuestión, sino al amor en general? ¿Es poco ético que la poesía se “recargue” de contenidos generales y amplios para un objetivo abiertamente personal?
Amor, integración, afinidad.
La existencia es por sobre todo convivencia y unificación.
Las nuevas palabras del diccionario y las recargadas por un sentimiento individual, habitadas por valores perennes, siempre serán cálida música de estelares y sonrientes soles interiores.


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