Sensaciones y sentimientos

Sociales 14 de julio de 2020 Por Hugo Borgna
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SUSANITA: LOS TANGOS PINTORESCOS
“Ese amor que nos unía, mi querida Susanita / esa noche en aquel baile para siempre terminó / cuando el Chiche petitero hermanito de Cholita / sin decir ni buenas noches te sacó a bailar el rock” / Cuando vi que te tiraba para abajo, para arriba / reaccioné de tal manera que la rabia me cegó / me llevaron por desorden y me dieron cinco días / y bailando vos seguías ¿te acordás? el rock and roll”
“Susanita”, grabado por Juan D’Arienzo en 1957 con la apropiada voz de Mario Bustos, puede ser encasillado mejor en la historia del tango que en la del rock, demostrando que las raíces tradicionales de los géneros musicales pueden llegar a ser abiertamente permeables. Pero mejor volvamos a la rupturista historia contada y cantada.
“Susanita / vos sabés que te quería / vos sabés que me moría / por la gloria de tu amor / Che pebeta / te volviste petitera / vos que fuiste tan tanguera / no me hagás esta traición. / Susanita / para vos seré un guarango / yo me quedo con el tango / vos quedáte con el rock”
Evidentemente las relaciones del tanguero de alma con la seguidora del compás del reloj, no estaban un su mejor momento y todo anticipaba una crisis. En lo musical, paralelamente, “Susanita” muestra que para el rock and roll (más tarde, evolucionado e identificado como movimiento rock) no todo fue el explosivo esplendor del éxito mundial surgido de un cantante que lo único de rebelde que tenía era un muy discreto rulito sobre la frente.
Pero todo eso será mejor desarrollado en otros materiales. Ahora debemos ir al final de la letra de “Susanita”, para comprobar si, al igual que en las novelas de televisión, cuando parece que la separación es inevitable, se produce el deseado -por los espectadores- reencuentro. Por lo pronto, volvamos a la letra de “Susanita”, porque está hablando en canto el tanguero.
“Como puede ser posible que cometas la locura / pero escuchá este tanto y después me la contás / para mí eso no es baile, eso es una chifladura / mezcla rara de acrobacia, combinada con el catch / Todavía estás a tiempo de salvarte Susanita / voy a ir hasta tu casa para darte la ocasión / quiero oir en tu vitrola el tango “La cumparsita” / que es la forma de ganarte otra vez mi corazón”.
Todos podemos suponer que la relación no se compuso dentro del parámetro de que un ritmo se imponga al otro (ya se ha visto en la historia de la música que los dos géneros se desarrollaron por su cuenta sin afectar el honor ni la imagen del otro). En cuanto a la pareja, hay alternativas. Por ejemplo, que los dos acepten un terreno neutral, incluyendo eso como acercamiento en el oído y en los pies, bailar un tango tocado por Héctor Varela (surgido de la orquesta de Juan D’Arienzo y con un estilo más conciliador), o que esperen unos años hasta que el rock sea sinfónico y, tanto Susanita como el anónimo tanguero, se deleiten con el mensaje superador de la mayúscula obra de Pink Floyd “La pared”, o (¿por qué no si todos buscamos el acercamiento de la pareja?) que lleguen hasta casi nuestros días con la conclusión de que el amor es más fuerte.
Los géneros “puros” difícilmente hayan existido por mucho tiempo seguido.
Los elementos y conceptos nuevos se han ido incorporando continuamente.
La música, que siempre aceptó agradecida la fusión, lleva en sus genes la idea de una hasta “obligada” innovación para justificar su existir.
Siempre fue así y ha estado a la vista y al oído.
Aunque nosotros, para entenderlo, hayamos necesitado que transcurrieran en nuestro interior las muchas horas que nos habitan, que se definen mejor como “vida”.

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