Fray Mamerto Esquiú y una homilía sobre la independencia

SUPLEMENTO ESPECIAL 09 de julio de 2020 Por Redacción
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El 9  de  julio de 1853 Fray Mamerto Esquiú pronunció una extensa y encendida homilía en la Iglesia Matriz de Catamarca,   de cuyo texto hemos extraído algunos párrafos


He dicho, señores, que mi propósito es fundar las glorias de mi patria en los acontecimientos que se abrazan en el 9 de julio, y enunciar aquéllas verdades que dicen en relación al bien de ella: ni sería lo que debo ser como sacerdote y como patriota, si solo me ocupara en perorar sobre la justicia de la independencia, sobre el heroísmo de sus defensores, en contemplar eternamente el sol de mayo, y lanzarme fascinado en ese idealismo poético. Basta de palabras que no han salvado a la patria. Aplaudo, felicito, me postro ante los héroes de la independencia; cantaré vuestras glorias, tributo mi admiración a la nobleza de los argentinos; pero también señalaré sus llagas, apartando los ricos envoltorios que encubren vuestra degradación. Se trata, señores, de edificar la república argentina, y la religión os envía el don de sus verdades. Al considerar esta república de mi eterno amor hallo que su principio, su carácter, su gloria, su felicidad, sus desgracias, sus bienes y sus males, todo se cifra, todo se concreta y se explica en la palabra ¡independencia! llamo vuestra atención sobre este objeto, que yo así como lo acepto con el más ardiente entusiasmo, lo califico como el origen de nuestros males, acaso de nuestra ruina final.
La independencia de la antigua metrópoli, el sacudimiento de ese yugo que era por desgracia el cimiento del orden y el hierro de los tiranos, esa libertad, que ha resonado en los campos de batalla, y se ha mecido sobre las reuniones populares, que ha sido hasta aquí el eterno y único emblema de nuestra vida social, es preciso reconocerla como el árbol del bien y del mal, como una aureola, pero aureola de fuego que ha secado, calcinado la cabeza que orlaba. ¿porqué nosotros, que ahora cuarenta años teníamos la bondad y sencillez de un niño, con el valor de un adulto, hemos sido por casi medio siglo la presa de todas las pasiones políticas, el campo de todos los partidos, un teatro vasto de guerra y de desolación? ¿Por qué hemos mimado los tiranos que se señorearon de nosotros provincial y nacionalmente? entrad con toda la luz de vuestra inteligencia en los laberintos de este problema, y no hallaréis más causa que la independencia. ella rompió, es verdad, el lazo que nos unía al usurpador; pero también engendró la desunión entre nosotros; y esa sola ruptura con su triste consecuencia fue nuestro estado normal, la ensalzamos sobre la patria misma, sobre todo gobierno y buenas costumbres, y nos lanzamos con el ardor de las fieras al combate del egoísmo individual: la libertad seca y descamada como un esqueleto, ha sido nuestro ídolo, en sus aras hemos hecho hecatombes humanas! la paz, la riqueza, el progreso y casi toda esperanza la hemos llevado en don: el espectro lo pulverizó todo... ¡monstruo! ¡En vano pretendo arrancarte de mi memoria, en vano quiero reemplazar tu horrible imagen con la aparición halagueña y dulce de la esperanza! ¡oigo el gemido de tus víctimas, el humo de la sangre enrojece el horizonte, veo los niños, los ancianos, las mujeres, caer hacinados con los guerreros bajo tu hacha desoladora, bajo tu espantosa podadera, desesperado y lleno de coraje pretendes conservar el último altar, que no cubre el augusto templo de la ley, de la noble dependencia! ¡Maldición eterna sobre ti!


Concluyó la  exposición señalando obedeced, señores, sin sumisión no hay ley; sin leyes no hay patria, no hay verdadera libertad; existen sólo pasiones, desorden, anarquía, disolución, guerra y males de que dios libre eternamente a la república argentina; y concediéndonos vivir en paz, y en orden sobre la tierra, nos dé a todos gozar en el cielo de la bienaventuranza en el padre, en el hijo y en el espíritu santo, por quien y para quien viven todas las cosas.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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