Aquellos días de la Radio

Información General 07 de julio de 2020 Por Edgardo Peretti
“Si la infancia es la Patria del hombre, para mí la Radio es una memoria original… a ninguna de aquellas palabras, voces y efectos se las llevó el viento del olvido”. (Carlos Ulanovsky, “Días de radio”, 1996)

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Magia.
Esto que vamos a transitar es magia. Química y emocionalmente pura. Y recuerdos.
Por eso nos vamos a permitir algunos recorridos por espacios que, quizás, no guarden relación estacional o cronológica con la crueldad del reloj, el almanaque o la memoria. Casi que más que probable, es seguro.
Los que nacimos a fines de los cincuenta somos genuinos productos de la radio. La TV nos terminó de formar, pero ya teníamos el gen incluido, claro que las referencias eran las emisoras de Santa Fe o Rosario. Todos sabíamos que Ricardo Porta relataba en LT9 (Radio Santa Fe), que su comentarista era Rodolfo Raviolo; que en LT 10 (Radio Universidad de SF) estaban Enzo Volken (sí, el mismo que aún hace periodismo agropecuario y sortea el Quini), junto a Eduardo González Riaño y Oscar Bergessio. Y en Rosario sintonizábamos LT 8, LT2 y LT 3 y había nombres como Edel Lovera, Vidaña, Mármora y el inolvidable Evaristo Monti.
Pero un día de 1970 tuvimos nuestra radio: LT 28 Radio Rafaela. Y ya teníamos los sueños al alcance de la mano. El primer director fue el Comodoro Arquímedes Robert. Así conocimos a Leonello Belllezze, Rogelio “Cholo” Scarafía, Rubén Gerbaudo, Néstor Miguel Borio, José Luis Foglia, Lolo Bauducco, Alcides Castagno, Juan Carlos Morales, Néstor Pic, María del Carmen Alemann , Alicia Ferreyra, Baltazar Jorge, Enrique Dino Foglia, Florio Del Signore, Gerardo Zanoni, Emilce Vivas, Marina Bertone, Sergio Bellezze, Viviana Albanessi, Teresita Tosco y tantos otros que marcaron un tiempo inolvidable. (Perdón por los olvidos, porque hay muchos más).
Hemos dejado aparte, adrede, a cuatro personajes que también forman parte de este pedestal del éter, eterno, por cierto: Juan Pablo González, Carlos Daniel Beceyro y Raúl “Cacho” Paublán, con el agregado de la querida Teresita Volta, la “Tía Tere”, inolvidable muestra de dulzura y calidad humana y comunicativa.
Carlos Beceyro (que nos dejó en 2016 a los 82 años) era un periodista de sólida formación intelectual, con experiencia en la gráfica, interminable lector, tanguero de alma y dueño de un ejercicio de la ironía de alto vuelo. Además, era un periodista de raza.
Juan Pablo González, que era docente técnico, fue un vanguardista tanto en la radio como en la publicidad; adelantado a sus tiempos, exhibía una cultura soberana, la que exponía con una especial cualidad empática y con una eterna sonrisa a flor de labios. Director y fundador de la Revista Cartel (donde quien esto firma hizo sus primeros palotes, oportunidad que siempre agradecerá), era un creativo nato, un infatigable superador de sus propios inventos. Se fue en 2016, a los 86.
Raúl “Cacho” Paublán fue un locutor y animador que llegó a la esencia del aire desde el espectáculo; dúctil, conocedor de música, experto en escenarios y propietario de un carisma radial adecuado a cada tiempo. Su programa “Ruta Feliz” (Martes a las 22) fue referente y punto de partida de muchos músicos. Partió en 2013, con 77 abriles.
Teresita Volta solo necesita datos para las nuevas generaciones. Dulce en voz y alma, educada, sobria, con una sonrisa a mano, es un gran recuerdo para muchos: durante más de treinta años condujo con Paublán “La casa de los tíos”, espacio matutino de domingo donde todos los chicos podían actuar, cantar y soñar. Está con otros ángeles desde 2009 (74 años).
Pero vayamos a los programas, hoy clásicos, producto del equipo.
Radionoche: miércoles de 21 a 24. Magazine de música, debates de actualidad y aportes culturales. Iba luego de “Deportes en relieve” (19 hs.), “Música joven” (20) y Panorama Informativo Nocturno.
Sabatina: sábados de 15 a 18. Formato periodístico adecuado en contenidos y música a la audiencia vespertina. Se emitía luego de “Tomando sol”, de Lolo Bauducco (otra leyenda que sigue en el micrófono).
La tijera: viernes a las 21. Adelantaba contenidos de espectáculos de fin de semana y leía textos seleccionados por los conductores.
En otro tramo del tiempo, Beceyro y González tomaron caminos casi diferentes. “Radionoche” fue para el primero y “La tijera” para Juan Pablo. Lo que era “Sabatina” se dividió en partes iguales de horarios, pasando a llamarse “Mientras pasa la tarde” (González) y “Resumen” (Beceyro).
Ya entrados los ochenta, Beceyro (junto a Ubaldo Magliaro y Nilo Peretto, entre otros) daría vida a un semanario político que haría historia: “Día uno”. Iba los domingos a partir de las 11 y hasta las 12.30 (sagrado horario en que comenzaba el informativo) y ningún político podía darse el gusto de faltar si quería ser conocido.
Para quienes ignoren el detalle, hay que decir que los responsables de cada programa debían entregar un libreto (o guía) anticipado a la Dirección Artística que ejercía Fortunato Nari, como así también un listado de los temas musicales a emitir a la discoteca, con copia al operador de turno.
Aunque creo que no haría falta mencionarlo, quizás los tiempos que corren lo hacen necesario y hasta constituirán un homenaje a estos pioneros: no se apelaba a palabrotas, doble sentido, groserías o apelativos descalificativos de ningún tipo para nadie. Y no era porque el Comfer tomaba medidas si se enteraba de esto, sino porque quienes hacían radio consideraban que el medio era un vehículo para educar e informar y que debía estar a la altura de la circunstancias.
Eso también fue parte de la magia.





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