En busca de… Natalia Lemercier, cantante lírica

La Palabra 04 de julio de 2020 Por Raúl Vigini
Vivir para cantarla Nació en Rafaela y desde dos mil tres está radicada en Europa donde vivió en importantes ciudades de diferentes países. Actualmente, desde Berlín, Alemania, transcurren sus días y desempeña su actividad como soprano, docente de canto, de español y de italiano. Para conocer el mundo interior de una profesional de la voz, concretamos este encuentro donde expresa sus realidades y sus vivencias personales a LA PALABRA.
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1 / 2 - archivo Alma Boulevard - Promoción: Natalia Lemercier en la presentación de su disco “Passion for belcanto”

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LP - ¿De qué manera se llega a obtener un trabajo en este género musical? 

N.L. - Es difícil. Muchas veces no existe la “meritocracia”. Como en todos los campos, ser bueno o talentoso, o preparado, no basta. A veces se necesitan contactos, “favores” especiales, algún sponsor o padrino que te abre puertas. Las menos, haciendo audiciones y esperando que un jurado objetivo te elija por tus cualidades. Indispensable conseguir un buen agente. Pero eso es un tema aparte. Encontrás gente que te hace perder tiempo, dinero, y teatros tomados por ciertas agencias donde por más que hagas una buena audición, ya está todo arreglado para que canten los cantantes de “cierta/s” agencias, como se descubrió recientemente en Turín. Un secreto a voces que todos conocen pero del que nadie habla.  

LP - ¿Es indispensable la terapia para sobrellevar la profesión? ¿Cómo se dio en tu experiencia personal ese tema? 

N.L. - Mi mejor terapia es la música. El mayor problema es superar la impotencia que te genera a veces que te digan que sos muy buena pero no te abran puertas. Y ver que delante tuyo pasa gente con menos preparación o cualidades, solo por ser amigo de… o de cierta agencia… o por haber cedido a ciertos tipo de favores. 

LP - No podemos olvidar en este enfoque, las características físicas de la mujer y el canto. ¿Qué aportes podés hacer para nuestro conocimiento? 

N.L. - Hace años se tenía en cuenta la voz antes que nada, y luego el físico. Estaba el estereotipo de la soprano con sobrepeso. No es así. Ahora se pasó al otro extremo, quieren modelos de Victoria’s Secret que también canten. El cuerpo es la caja que contiene nuestro instrumento. Muchas veces el ganar peso con el tiempo y el cambio de repertorio, es obligatorio. Es como cuando  un boxeador cambia de categoría. Obviamente con los estándares de moda actual, la fisicidad a veces gana sobre la calidad vocal y musical. 

LP - ¿Considerás a la docencia como necesidad espiritual en tu profesión artística?, además de contribuir a la cuestión económica, desde ya.  

N.L. - Creo que es mi deber compartir las enseñanzas que tuve de mis maestros con las nuevas generaciones de cantantes. Transmitir lo que he estudiado, sentido y vivido me llena muchísimo, pero no es tiempo aún de dedicarme totalmente a la docencia, estoy en los mejores años de mi carrera. 

LP - Como reflexión. ¿Qué podés ubicar en el debe y el haber del camino elegido para tu vida? 

N.L. - Siempre tuve claro que sería música. Siempre tuve claro que me iría de Rafaela y de Argentina. En el debe puede ser el hecho de haber podido emigrar y estudiar en Europa, y desarrollar mi carrera aquí. Haber podido viajar por todo el mundo, visitando lugares y escenarios espectaculares y conociendo gente y culturas maravillosas. En el haber, tener a mi familia y amigos lejos, una carrera que me costó un divorcio y el no haber tenido hijos. Elecciones de vida, de las que no me arrepiento. Tal vez solo una, podría haberme ido a Europa antes. 

LP - Momentos destacados de tu trayectoria. 

N.L. - Roles que me dieron felicidad, debut como la Reina de la Noche en Alemania en 2007, haber ganado un concurso entre más de cien sopranos para cantar Violetta Valery en La traviata también en Alemania, giras por Francia, España, China. Haber grabado mi primer disco en 2016, y haberlo preparado con dos grandes: mi profesora de canto Franca Mattiucci y Montserrat Caballé. 

LP - Una anécdota con final feliz. 

N.L. - Empecé a estudiar canto apenas en el primer año de Universidad en Santa Fe, porque en el coro en el que cantaba, me decían que tenía que hacer técnica vocal porque mi voz “era un cuchillito en la oreja” por lo chillona. Yo me fui a estudiar como una penitencia, y en ese entonces, la única soprano que yo conocía era Montserrat Caballé por haber cantado “Barcelona” junto a Freddie Mercury. Mi profesora Rosmarie Helf me dijo “lo que pasa es que vos no naciste para cantar en un coro, sino para ser solista. Vos podés cantar como la Caballé”. En su momento yo me reí. Años después, gracias a una amiga entré en contacto con la sobrina de Montserrat Caballé y logré tomar clases con ella, haciéndole oír las arias de mi disco, todas arias que ella había cantado, obras de arte. Era como mostrarle mi pequeña réplica del David a Miguel Angel, imaginate. Y no va que solo haciendo escalas, vocalizando, ella se pone a lagrimear, emocionada, por oír mi voz. Y me dice “tu voz me recuerda a la mía cuando era joven”. Nos pusimos a llorar las dos juntas de la emoción. Y al final, me firmó mi partitura de Lucrezia Borgia y me dijo que no aflojara nunca, pasara lo que pasara, que ella confiaba en mí. 

LP - ¿Cómo vive una soprano en pandemia? 

N.L. - En este momento, haciendo un trabajo alternativo, con traducciones, gracias a mis conocimientos de idiomas francés, italiano y obviamente español. La actividad musical y docente está parada por el momento, aunque estoy reactivando mis clases online por skype. Aprovecho que aquí se puede salir y salgo a caminar o trotar, buscando preparar el cuerpo que tiene que entrenarse a resistir, y vocalizando para mantener el instrumento en acción. He retomado hace poco los ensayos con mi pianista. 

LP - Proyectos en mente. 

N.L. - Estudiar roles nuevos: entre ellos Abigaille de Nabucco y Lady Macbeth de Verdi, rol del que me he enamorado, y que sale de la típica soprano víctima y muestra una mujer fría y calculadora, excelente rol que exige madurez vocal y de vida para una mujer. También empezar a programar posibles conciertos a medida que la actividad retome, y nuevas audiciones una vez que los teatros vuelvan a abrir. 

LP - Algo más que desees agregar. 

N.L. - Ser cantante lírico no es abrir la boca y cantar, la voz no “sale”, no somos un disco al que se le pone play y las cosas salen fácilmente. Hay mucho trabajo detrás, mucho sacrificio, y es hora de que pueda empezar a valorarse. Sobre todo a la hora de proponer conciertos, y de aceptar los cachets requeridos, así como los precios de las clases, que implican que uno pone a disposición tiempo, experiencia y dedicación al servicio de los nuevos alumnos.

por Raúl Vigini

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