La pandemia que no miramos ni atendemos

Notas de Opinión 29 de junio de 2020 Por Gonzalo Rodriguez
La crisis económica se acentúa y el panorama social se ensombrece cada día en Capital Federal. A la recesión más larga del mundo se suma la inactividad por la cuarentena y los riesgos de contagio. Para mayor preocupación a partir del miércoles la mayoría de los comercios deberán volver a cerrar sus puertas.

Una de las cosas más pintorescas y atractivas de esta Buenos Aires Siglo XXI son sus esquinas. Allí se pueden comprar diarios, revistas, libros, juguetes, flores o cualquier otra planta, paltas, sahumerios, estatuas de Buda y varios productos más, todo en locales perfectamente habilitados y varios asegurando una óptima experiencia de compra.
Felipe atiende el vivero de la esquina de Pueyrredón y Arenales, frente al Café Honorio, donde los alfajores de maicena son irresistibles. Mientras acomodaba en una prolija bolsa la planta que acabábamos de comprar, y demostrando su perfil comercial, lanzó la propuesta: “entre lunes y martes vamos a tener muchas rebajas, así que los esperamos. Pueden llevar un par de malvones, son alegres, resistentes… Pasa que tenemos que volver a cerrar, al menos por dos semanas, si las dejamos acá adentro se nos van a morir…. Así que…” cerró sin poder disimular las lágrimas que comenzaban a invadirle los ojos.
Sobre Av. Las Heras casi Salguero, a metros del parque que constituye uno de los límites entre Palermo y Recoleta, está el quiosco de revistas de Juan. Nos acercamos a ver qué novedades podíamos encontrar y fue oportuno para agrandar la colección de comics, publicaciones que los chicos se devoran ni bien llegan al departamento. “Llévense 2, les hago 2 por 1, total ya ni sé cuándo puedo abrir, cuando no… Así los chicos pueden leer uno cada uno”.
Sólo un par de reflejos de esta cuarentena que nos regala una pandemia a la que todavía casi nadie, al menos en esta parte del planeta, puede anticiparle los pasos. Pequeñísimos emprendimientos que permiten divisar las heridas lacerantes que provoca el parate. Ya quedaron muy atrás las expresiones renacentistas y románticas como que “el planeta se está limpiando”, “es un volver a empezar para todos”, “de esto salimos fortalecidos” y un montón más de buenas intenciones apiladas para echar mano ante la frustración.
La crisis económica se palpa en la calle, rompe los ojos y, a quienes sentimos más de lo que pensamos, nos genera una angustia difícil de sobrellevar. Cada vez que podemos o debemos salir, esporádicamente, encontramos algún local más que cerró las puertas. Negocios pequeños, como los de Felipe o Juan, y grandes, de renombre. Como el local de Cúspide, una de las cadenas de librerías más importante de Capital, de Av. Cabildo, donde sus empleados fueron sacando caja por caja, las depositaron en un camión, con la mirada perdida y la incertidumbre entre las manos.

ULTIMAS IMÁGENES DE OTRO NAUFRAGIO
Este pasado fin de semana "nos" encontró a los porteños, naturales y por adopción, disfrutando de algunos paseos con mayor libertad que lo que será a partir del miércoles. Ese retroceso se vive con amargura, preocupación y temor. Los números que se informan a través de los canales oficiales son elocuentes y obligan a hacer una lectura.
Es por eso que las caminatas fueron menos populosas y los ojos que cruzamos menos vivaces. El recorte de las libertades se acepta con desilución y constituye un golpe anímico innegable. Sin avizorar el retorno a las aulas, lejísimos de las actividades deportivas y sociales, el hecho de no poder siquiera disfrutar de la belleza ciudadana de esta impactante Buenos Aires hace más largo el camino hacia la normalidad.
Entonces, entre la resignación y la reflexión, buscamos las maneras de tender puentes al futuro y de seguir adelante. Renovamos todo lo que iniciamos a fines de marzo: los permisos que sean necesarios para las cuestiones imprescindibles, las comunicaciones a distancia con los afectos, las rutinas y actividades familiares, las suscripciones a espectáculos on line. Hasta volvemos a correr las plantas del balcón, sabiendo que a partir del miércoles tendremos que retornar al entrenamiento en “espacio reducido”, como si el running sería el germen de todos los males.
Sabemos que todo es transitorio y fuimos aprendiendo que vinimos a este mundo a aprender. Experiencias que deseamos aprovechar en un tiempo no muy lejano, mientras esperamos que el impacto sea sólo emocional.

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