SENSACIONES Y SENTIMIENTOS

Información General 17 de junio de 2020 Por Hugo Borgna
Leer mas ...
PATORUZU EN EL TIEMPO

 No es casualidad.
La casi continua referencia al personaje de Patoruzú, en saludos por internet, como figura destacada y ejemplo para la gente de hoy –y de todos los tiempos, podríamos agregar- responde a la necesidad de reencontrar una forma de relación entre nosotros que parece perdida o escondida debajo de una pila de almanaques.
Vamos a lo concreto. Patoruzú fue una revista con valores siempre vigentes, apoyada en un personaje justiciero y generoso -casi un superhéroe a la sudamericana- y mucho más. Físicamente fue una publicación semanal con historietas, y también con textos sin imagen, de contenidos que entretenían y enseñaban, de información y crítica de estrenos en las salas de cine, y comentarios deportivos de actualidad. Brilló, aunque sus páginas interiores no tuvieran color: tuvo la luminosa tonalidad de la agudeza de su contenido.
Es de lo más curioso cómo llegó a llamarse así el personaje. Se conoció inicialmente en las primeras publicaciones como el indio “Curugua-Curiguagüigua” y, como es lógico suponer, fue modificado –se cree que por sugerencia del director del diario- por otro que fuera “algo criollo y pegadizo, como la pasta de orozuz” (los que recuerden ese producto como de su infancia, pueden, orgullosamente, levantar la mano).
La historieta reconoce a Patoruzú como último cacique tehuelche, de profesión estanciero de la Patagonia, con domicilio en una gran ciudad. Nació como personaje en 1928 de la mano de Dante Quinterno, tuvo al poco tiempo su propia historieta y, desde allí, a un paso de sus decisivas “patas”, también a ser titular de su revista, la misma que es tema principal de este escrito.
¿Qué clase de revista era “Patoruzú”?
En este momento no existe una que pueda servir como ejemplo comparativo preciso. Fue pionera por ser una de las revistas de amplio contenido (las revistas que intentaron ser “totales” nunca llegaron a serlo). Tenía las historietas propiamente dichas, escritos evocativos o reflexivos, “andanzas” de personajes pintorescos de la ciudad, comentarios deportivos del momento (curiosamente el especialista en boxeo le criticaba a Nicolino Locche que no tuviera capacidad de noqueador). Los estrenos de cine eran analizados por un experto, graficando mediante la expresión de un perrito la sensación que originaba cada una. También un editorial que escribía (obviamente) Patoruzú, en su lenguaje propio con vocablos exclusivos de campo sureño.
Las historietas incluían una “aventura” o “andanza” de los personajes emblemáticos que empezaba y culminaba en cada revista. La de Patoruzú incluía a “Upa” (un hermano infante, famoso por sus golpes de panza), la Chacha (de envidiables empanadas), Ñancul (un capataz de estancia) y, necesariamente, el “padrino”. En cada revista los conflictos eran resuelto de original manera destacando valores humanos y de familia; bien al estilo de Patoruzú, un indio amable, bueno pero no ingenuo y, a la hora de pelear, enérgico y vencedor como un digno cacique.
El del “padrino” llegó a tener un relieve propio como personaje, casi a la par que Patoruzú (debía ser así, ya que fue su contrafigura). Representaba el modo de vivir que se definió sucesivamente como “cajetilla”, “dandy” o “play boy”, animador de fiestas, habitante de la noche, -“confiterías”, “boliches” o “discos”, según las épocas-, alegre y vividor, esto último en todas sus acepciones.
El tema va a seguir en otro artículo. Como lo diría la promesa, siempre cumplida, de Leonelo Belleze, se puede decir que “hay más, bastante más”.

Te puede interesar