Sensaciones y sentimientos

Sociales 02 de junio de 2020 Por Redacción
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EL DVD Y OTROS DESCARTABLES
Podría decirse que le pasó como a la vieja recova, derrotada por la vejez, a la que ni siquiera le quedó la satisfacción de recibir el emblemático “chan chan” del tango.
O, para hacerlo un poco más lacrimoso, es como la nueva vieja recova, que no llegó a sentir la ancianidad.
Y para que sea definitivamente triste, fue fugaz como la luz de un fósforo.
El formato DVD nació del esplendor. Su padre había logrado superar la limitación del VHS –abuelo que había logrado que las películas pudieran verse en casa- habiendo ampliado en diez la capacidad del también histórico CD; todos con el agregado de un aparato reproductor que, para asombro y admiración, también llegó a tener la posibilidad de ¡grabar! Todo ese conjunto habitaba un pequeño y multipropósito objeto circular de 12,5 centímetros de diámetro, capaz de realizar con invisibles redondos bracitos, hazañas contemporáneas comparables a las de quién sabe cuántos Hércules juntos.
Eso que terminamos de definir -con injusta síntesis- fue la culminación del larguísimo período en que la satisfacción mayor se obtenía saliendo de casa para cumplir la ceremonia de ir al cine (¡había que vestirse adecuadamente!) o a bailes donde la música en vivo (con todo lo bueno y el privilegio que eso supone) era totalmente protagonista.
Había que ir al encuentro de. No se hubiera podido soñar entonces con tenerlos en nuestro ambiente doméstico y mucho menos de hacer pausas en la acción o en la percepción de la música.
¿Qué habría pasado si en medio de la ancestral, querida y recordada retreta, le hubiéramos pedido al director que hiciera una pausa en la ejecución para que pudiéramos ir al baño?
Al calor de una felicidad que nos resulta fácil palpar, sentimos ahora que la mayor tecnología consistía en el milagro de la visión y el oído trabajando juntos, en la perforación certera hacia la casa profunda donde viven los sentimientos.
Todo ese transcurrir, todo ese espacio interior nacido de ámbitos que fueron cambiando, se resumió en la posibilidad de que un aparato se pusiera de acuerdo con un soporte (cartucho VHS, luego otros y finalmente DVD) e instale ese conjunto feliz en una sala de estar de ampliada familia con parientes y amigos.
El disco DVD nació del esplendor, después de haber sido superadas distintas barreras técnicas y tecnológicas, en un viaje relativamente breve en años, pero necesariamente después de que se originara el disco de 12,5 centímetros de diámetro.
Nació del brillo y está a punto de ser desplazado del selecto ámbito de la informática útil, amiga y compinche.
La tan invocada nube (esa que nadie vio pero todos creemos en ella) tuvo mucho que ver.
De pronto no necesitamos un aparato especial para ver películas. Fueron superadas las, vigentes por tantos años, pantallas de televisión de 20 pulgadas; se llegó a medidas impensadas con capacidad mucho mayor a las de 50, desde la calidad DVD hasta tecnologías casi de encanto con nombres de mucho respeto, como Alta Definición (HD), o Ultra 4K, todas con posibilidad de ser parte de nuestras familias. Con solo oprimir la tecla adecuada, las películas bajan de la nube.
Pero a pesar de todo, sigue habiendo materia tangible, esa que necesita de alimentarse y de tocar tierra para conectarse mejor entre iguales y, más que otra cosa, seguir asombrándose.
Precisamente, nosotros.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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