Apagar y encender la economía

Suplemento Economía 17 de mayo de 2020 Por Guillermo Briggiler
Nos encontramos ahora en un proceso de salida del aislamiento, de manera muy cauta y sobre la que tenemos que ser muy responsables, ya que de recrudecer los contagios, volveríamos a la fase inicial de la cuarentena.
La situación de aislamiento preventivo social nos lleva a preguntarnos, ¿se puede apagar la economía? ¿Por cuánto tiempo? ¿Luego podremos encenderla nuevamente?
Abordemos el tema con un ejemplo, todos los años los equipos de fútbol realizan un parate o una licencia entre finales de diciembre y los primeros días de febrero cuando se reanudan los cronogramas de eventos deportivos. Generalmente y sin contar los torneos de verano jugados por algunos equipos y con jugadores que se prueban para ser tenidos en cuenta luego, la suspensión de las competencias dura un mes y diez días, una cuarentena. Como la mayoría de los atletas suspenden su entrenamiento, para poder volver en óptimas condiciones, debe realizar, lo que se llama en el deporte, entrenamiento de pretemporada. Este tiene por objetivo que el cuerpo recupere su estado atlético, queme las grasas de más y tonifique sus músculos para la competencia. Si el tiempo transcurrido entre la suspensión de actividades y su reanimación es prologado, mayor será la nueva ejercitación para la puesta en forma, más estudiados deben ser los ejercicios y la manera de ir progresivamente exigiendo al atleta para evitar lesiones. De generarse esta última implicaría una detención de las actividades para el deportista y la rehabilitación para recién luego comenzar otra vez con el entrenamiento y puesta a punto del atleta.
Una situación similar encontraremos en el aislamiento preventivo social, producto de la pandemia que estamos transitando. Al declararse la ésta, se llevó a la mínima expresión la posibilidad de comerciar e intercambiar bienes y servicios, actividad básica para la subsistencia, crecimiento y desarrollo de la sociedad desde la era primitiva. Afortunadamente nos encontramos ahora en un proceso de salida del aislamiento, de manera muy cauta y sobre la que tenemos que ser muy responsables, ya que de recrudercer los contagios, volveríamos a la fase inicial del aislamiento, con el comercio casi en el mínimo.
Esto es válido para los tres actores de la economía, las Empresas, las Familias y el Estado. Desde el punto de vista de las empresas, estas pierden o disminuyen sus fuentes de ingresos, ya que venden menos al reducirse los canales de comercialización a los electrónicos, con entrega puerta-puerta o bajo la modalidad para llevar. Pero no bajan en la misma medida sus egresos, dado que se continúan pagando los costos fijos, como sueldos, cuotas de deudas contraídas e impuestos, solo disminuyendo en parte sus egresos variables. De esta manera vemos como se va deteriorando, con el transcurrir de esta situación a lo largo del tiempo, los indicadores de liquidez y solvencia. Esto es la composición del patrimonio de la empresa, es decir la relación que hay entre los bienes y derechos de cobro que posee una empresa, sobre las deudas y obligaciones de la misma, donde la relación se hará menos beneficiosa al punto de llega a afectar el patrimonio de la misma. Primero se observa el deterioro de estos índices y luego comienza el proceso de destrucción del capital, es decir, se va camino a reducir la escala de negocios o al cierre o a un proceso de quiebra. En esta senda, los trabajadores de las empresas absorben parte del daño por la vía de reducción de sus ingresos, menos horas extras, presentismos y otros ingresos variables y luego en los despidos.
De esa manera, los otros agentes económicos, las Familias, ven bajar sus ingresos, disminuyendo también su liquidez, es decir la capacidad de enfrentar sus gastos corrientes y disminuyendo su capacidad de ahorro, que tenga el objetivo de realizar un consumo en el futuro, como así también su capacidad de endeudamiento que les permite adelantar consumos, mediante la toma de préstamos, que pagará con ingresos futuros.
Mientras que el restante actor económico, el Estado, ve caer su recaudación impositiva, tanto en los impuestos atados a la productividad, ganancias y consumo, como aquellos ligados a los patrimonios. Afectando, de esta manera su capacidad de realizar transferencias en la economía, para reducir desigualdades, protegernos de actividades económicas con fallas de mercado y ayudar a aquellos que no pueden desarrollarse por sí solos, única razón de ser del Estado.
Concluyendo diremos que debemos cuidar entre todos, con responsabilidad, esta apertura controlada de las operaciones económicas, para que podamos volver poco a poco a entrenarnos en los negocios, hacer una nueva pretemporada y reactivar el camino al desarrollo y crecimiento, de nuestra empresa o empleo, evitando que una lesión, es decir un aumento de los casos de contagio, nos lleve a para la economía nuevamente.

#BuenaSaludFinancier
@ElcontadorB
@GuilleBriggiler

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