Sensaciones y sentimientos

Sociales 12 de mayo de 2020 Por Hugo Borgna
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EL JAQUE MATE DE BORGES
Es una idea generalizada: el ajedrez, como juego, impone respeto por sí mismo y por su sola mención, y resulta interesante imaginar la relación lúdicamente confrontativa entre Jorge Luis Borges y grandes maestros internacionales del juego-deporte-ciencia.
¿Se animan, lectores, a que imaginemos una partida?
Los grandes maestros la iniciarían cautelosamente con Peón 4 rey, no es cuestión de dejar abierta la defensa ante la enorme apertura mental de Borges. Tras una serie de jugadas típicas para conformar una buena estructura defensa-ataque, los grandes maestros insinuarían una posibilidad de ataque. Con seguridad entonces que Borges ampliaría el enfoque diciendo “En su grave rincón, los jugadores / rigen las lentas piezas. El tablero / los demora hasta el alba en su severo / ámbito en que se odian dos colores. / Adentro irradian mágicos rigores / las formas: torre homérica, ligero / caballo, armada reina, rey postrero, / oblicuo alfil y peones agresores”
Los grandes maestros podrían responder asegurando las estructuras, previendo una larga contienda, mediante los pacientes trebejos, no definiendo aún la acción agresiva.
Viendo estos movimientos, Borges respondería: “cuando los jugadores se hayan ido, / cuando el tiempo los haya consumido, / ciertamente no habrá cesado el rito. / En el oriente se encendió esta guerra / cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra. / Como el otro, este juego es infinito” (Ajedrez, I)
¿Cómo constreñir en los límites del tablero semejante universal apertura?, pensarían los grandes maestros, descubriendo que la contienda contra Borges sería más difícil aún de lo previsible al comienzo. Buscarían ahora una acción más decidida tendiente a que la partida se juegue dentro de los límites específicos, obligando a que Borges se defina con más precisión. Torres, alfiles, caballos y hasta los peones quedarían en posiciones encubiertas, pero muy agresivas.
Borges, como si mirara la amplitud de la pampa, aportaría lo suyo, con afilada precisión. “Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada / reina, torre directa y peón ladino / sobre lo negro y blanco del camino / buscan y libran su batalla armada. / No saben que la mano señalada / del jugador gobierna su destino, / no saben que un rigor adamantino / sujeta su albedrío y su jornada”
Momento crucial para los grandes maestros. Es ahora cuando deben decididamente producir el jaque, incomodar con toda la energía. Los maestros del ajedrez intentan cerrar la partida, buscando no dejarle ninguna salida al maestro del pensamiento.
Llega, intensa a su modo, la respuesta de Borges. “También el jugador es prisionero / (la sentencia es de Omar) de otro tablero / de negras noches y de blancos días. / Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. / ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza / de polvo y tiempo y sueño y agonías?” (Ajedrez, II).
Situación definitoria para la partida; ha entrado al ámbito mayor del juego del tablero y de la inteligencia un valor superior, inigualable, comprensivo de todas las instancias; un principio generador de la vida sin contiendas que, ni siquiera lúdicamente, se apoyen en la división.
El jaque mate producido por Borges es contundente. Ni siquiera es necesaria la formalidad del juego-deporte de que el rey se incline, o que de palabra se dé por reconocido el triunfo.
Se ha planteado la incapacidad de los límites estrictos para alcanzar el pensamiento superador. Al mismo tiempo, y en definitiva, se podrá coincidir en que la apertura de la mente puede iluminar también los, solo a la vista, pequeños espacios con límites y reglamentos.
¿Quién se atreve a pretender para sí tanto magisterio?

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