El Señor

Información General 09 de mayo de 2020 Por Orlando Pérez Manassero
Primer Premio Certamen Literario “Elda Massoni” 2016.Organizado por Escritores Rafaelinos Agrupados (E.R.A.)
ilustración del autor
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Lo curioso de esta historia es que vaya a saber por qué insólita casualidad nadie advirtió la llegada del personaje en cuestión. Apareció en la plaza como brotado de la nada, tan misteriosamente que ni siquiera doña María, atenta observadora del ir y venir de vecinos y viajantes, pudo certificar cuando y con qué medio llegó a Colonia Carola.
Perdida en medio de nuestra “pampa gringa” esta colonia no había podido alcanzar la categoría de pueblo estancada como estaba en sus apenas siete casas repartidas en torno a un predio arbolado que llamaban plaza. Los jóvenes se habían ido a la ciudad a estudiar o en búsqueda de un futuro más promisorio que, evidentemente, su lugar natal para nada podía darles. Allí quedaron entonces los viejos con sus costumbres, sus creencias y el hastío de sus días siempre iguales, casi todos atendiendo comercios dedicados a abastecer a los muchos colonos desperdigados por las chacras aledañas. Por supuesto que los comerciantes y sus clientes se conocían de años, de allí que un extraño llamase tanto la atención, y más aún al no tener aspecto de ser un viajante de comercio.
Apenas lo vio la innata curiosidad de doña María la impulsó a formar con su vecina doña Rosario, de visita en ese momento, una avanzada exploratoria sin intención de contacto. Del brazo ambas cruzaron la plaza a cierta distancia del desconocido sometiéndolo a no muy sutiles miradas de soslayo.
Y allí comenzó todo.
─ ¡Doña Rosario!... ¿vio lo que yo vi?
─ ¡Por Dios!... ¡sí, doña María!... ¡y no lo puedo creer!
─ ¡Igualito, pero igualito a las imágenes!… ¡mire!... hasta se me erizaron los pelos de los brazos…
─ ¡Ay!... y a mí me falta el aire, doña! ─ resolló Rosario, y entre profundos suspiros transmitió su duda ─ Pero, no sé… ¿será Él de verdad?… con esas ropas modernas…
─ ¡Qué importa la ropa…es Él!… ¿acaso no dijo que volvería?...
─ Tiene razón doña, y claro, no va a volver ahora con esos bombachos que usaba; ¡es Él!
Parado sobre las viejas raíces del ombú legendario de la colonia estaba un hombre delgado y alto, de lacios cabellos despeinados que llegaban hasta sus hombros, bigotes y barba algo descuidada y dueño de una mirada que, a pesar de la distancia, parecía penetrar hasta el alma. Vestía sobriamente de negro con un abrigo largo y estrecho, y observaba a las mujeres en su rápido pasaje sin manifestar el menor interés en comunicarse con ellas.
Muy rápidamente corrió la novedad entre los vecinos quienes, notando todavía la presencia del extraño entre los árboles, se reunieron rápidamente para escuchar a doña María y a doña Rosario en el local del almacén de don Mateo quien, al mismo tiempo, se desempeñaba como presidente de la Comisión de Fomento de Colonia Carola.
─ ¡Se lo juro don Mateo! ─ contaba por tercera vez María ─ cuando me miró sentí como un calor en todo el cuerpo… y una voz que me hablaba…
─ ¡Sí, sí… a mí también me habló! ─ interrumpió Rosario.
Ante el silencio que siguió a las inquietantes aseveraciones de las mujeres don Mateo se atrevió a preguntar ─ ¿Y?… ¿y que les dijo?
─ ¡Ah!... no sé… no lo entendí ─ contestó María.
─ Yo tampoco… quizás porque hablaba en el idioma de allá ─ argumentó Rosario señalando al cielo y provocando que los presentes se persignen ─ ¡pero es Él, estoy segura! ─ concluyó.
Don Mateo tomó la decisión que todos pensaban y que ninguno se animaba a exponer.
─ Y bien… como no sé que decir… que les parece entonces si vamos a hablar con… con… bueno, con el Señor.
Y allá salieron en apretado grupo, plenos de temor y reverencia, rumbo al centro de la plaza. Más ¡oh sorpresa!... nadie había sobre las raíces del viejo ombú. Solo un pequeño torbellino de polvo que giraba lentamente en el lugar.
Así fue que comenzó la leyenda de Colonia Carola. Porque al día siguiente Juancho el almacenero ganó en la lotería después de treinta años de jugar sin suerte, desaparecieron los dolores crónicos de la rodilla derecha de doña María y a don Mateo le llegó, por primera vez en su gestión, un cheque del gobernador para obras a pesar de ser del partido opositor. Esto confirmaba totalmente - según ellos - el paso de la Presencia Divina por el lugar. Don Mateo, en nueva reunión de vecinos, propuso emplear ese dinero para construir una capilla frente mismo al ahora Ombú Santo y envió solicitud de cambio de nombre al paraje; sería Colonia Carola del Señor en adelante, procediendo a comunicar sobre los hechos acontecidos a las autoridades eclesiásticas, gubernamentales y a los medios periodísticos del país.
Al atardecer del mismo día de la aparición, en los camarines de un teatro de la ciudad, el actor Fabián Delmar, explicaba telefónicamente a su novia los sucesos del viaje.
─ “… sí querida, me trajo Marcelo… no, en su nuevo auto, ya lo vas a ver…sí, cómodo, veloz, ni ruido hace… ¡ah!, te cuento; el muy calavera me dejó esperando como quince o veinte minutos en el montecito de un caserío... no, no pregunté; había nada más que dos viejas caminando por ahí… ¡no!... es que no vinimos por la ruta; Marcelo no tiene todavía los papeles… ¡dejame hablar!... dijo que tenía una amiga más que amiga por allí cerca… ¿y qué se yo?, ¡imaginate vos para que quería verla a solas, querida!... no, por suerte parece que no estaba… ¿cómo?... si, ya estamos ensayando “Juan Moreira”… todo bien, lo único que todavía me molesta es la barba y el pelo largo; parezco Jesucristo…”


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