Muerte de una vaca, y el dolor de su dueña

SUPLEMENTO RURAL 23 de abril de 2020 Por Redacción
Hay quienes piensan que una vaca es solo un número en una caravana, en especial cuando los tambos se escalan y la cantidad ayuda a perder de vista la individualidad. No es el caso de Silvia Mera, tambera de Trenque Lauquen.
FOTO INTERNET TIEMPO FELIZ. Quedó atrás, en estos días, para Silvia Mera.
FOTO INTERNET TIEMPO FELIZ. Quedó atrás, en estos días, para Silvia Mera.
Silvia Mera junto a su hermano Julián, son la continuidad de un sueño tambero iniciado hace muchas décadas por su abuelo Julián Mera. La familia oriunda de la provincia de Soria (España) enfrentó muchas dificultades para producir leche, en especial por el fuerte impacto de las inundaciones en el Oeste de Buenos Aires.
Silvia relató su experiencia a través de las redes sociales y hace pocos días conmovió al auditorio lechero que la sigue, al decir "me levanté como todas las mañana, abrí la ventana con la ilusión de que te hubieras parado, pero doña naturaleza no lo quiso, te fuiste muy joven Doorman".
La vaca en cuestión era descendiente de Doorman, una vaca excelente que manejó Semex en todo el mundo, que presenta un gran estilo, con mucha calidad a nivel de cabeza y de cuello, con un sistema mamario muy funcional y muy correcto, con una ubre extraordinaria, y con excelentes patas y locomoción.
La vaca Doorman de los Mera tenía 7 años, y a juicio de Silvia "estaba en su plenitud, el problema es que el campo no tiene agua potable, algo fundamental para la salud de las vacas", y agregó "a esa vaca la crié yo desde chiquita, tenía 7 años y 3 hermanos de ella, que son machos están en un centro de inseminación con el doctor Juan Martín Narbaitz que es el veterinario nuestro".
Cuando posteó la noticia, Gustavo Pusseto un cabañero de Santa Fe –rápido de reflejos- le dijo "Silvia, siempre nos amarga perder alguna de nuestras vacas, muchos no lo van entender. Mi viejo, cuando me pasaba eso me decía 'al cura no le pasa, porque nunca tuvo vacas'. Y con eso me calmaba".

MUY IMPACTADA
En diálogo con TodoAgro, Silvia Mera se mostró muy impactada por la muerte de la vaca preferida de su tambo-cabaña. Y en un momento dijo "hicimos todo tipo de tratamiento para lograr hijas de esta vaca considerada excelente que fue muy premiada en exposiciones”, recordando que en la última exposición de ejemplares Holando puros de pedigrí en la rural de Trenque Lauquen su cabaña logró los tres principales premios".

ECOSISTEMA HOSTIL

Silvia posee un tambo con un sistema base pastoril que "cuando está todo bien produce un promedio de 25 litros por vaca, pero cuando nos afecta el agua (por exceso o defecto) caemos a 16 litros. Y en la actualidad estamos padeciendo las lluvias por aquí cayó una sola de lluvia de 150 milímetros, y ya llevamos más de 200 milímetros en pocos días porque siguió lloviendo después", expresó en la charla.
Cabe destacar que la gran limitante en la zona es el recurso hídrico subterráneo en el Noroeste de la provincia de Buenos Aires, que muestra una problemática variada en cuanto a disponibilidad y calidad del agua para sus distintos usos.
Un trabajo de la Comisión de Investigaciones Científicas de la provincia de Buenos Aires, determinó que Berutti, pueblo agrícolo-ganadero del Partido de Trenque Lauquen, presenta escasez de agua apta para bebida humana, especialmente debido a su elevada salinidad. La composición química del agua varía entre bicarbonatada sódica a clorurada sulfatada sódica, subraya el reporte.

3ª GENERACION

"Soy parte de la tercera generación de productores lecheros, trabajamos aquí en Berutti en un campo alquilado y tenemos 120 vacas, pero el gran problema es la salinidad del agua", señaló Silvia.
Desde las inundaciones de 1987 se formaron grandes lagunas en la zona, entre ellas la Hinojo Grande e Hinojo Chica, Las Tunas y Las Gaviotas; y la pesca se transformó en un imán para la región. "Aquí casi no hay ganadería, todo es agricultura, y el agua es un gran problema, por los excesos hídricos ya que llovió 150 todo junto y después otro poco más y se nos volvió a inundar todo y perdimos varias hectáreas de maíz destinado a silo y porque la sal en el agua es un veneno para nuestras vacas", puntualizó quien integra una empresa familiar con su hermano (también llamado Julián) denominada Hijos de Julián Mera, que además de explotar el campo, posee maquinaria para la confección de rollos y laboreos varios.

TIEMPO DE HISTORIA
La cabaña de los Mera se apresta a cumplir sus bodas de oro, Y en "noviembre pasado se nos hizo un reconocimiento por parte de la Sociedad Rural de Trenque Lauquen, por haber asistido de forma ininterrumpida durante 49 años a la exposición", recordó la mujer. Fue en el marco de la entrega de premios de la jura a campo, un evento muy popular en Trenque Lauquen y zona, donde se evalúan vacas a campo de tambos comerciales y se entregan premios en un evento armado a tal fin.

ALGO CONMOVEDOR

Allí, en la entrega de los premios de la Jura a Campo se relató una conmovedora historia de la familia Mera.
Tuvo que ver con que en 1943 en el Establecimiento La Querencia, fundado por el abuelo de Silvia, Julián Mera, un niño de tan solo 11 años también llamado Julián Mera ordeñaba vacas a mano. Era el padre de Silvia.
Tiempo después, junto al doctor Carlos Gutiérrez de Establecimiento La Tapera, trajeron por primera vez a Trenque Lauquen vacas Holando de genética La Martona.
En 1970, el papá de Silvia inició la cabaña que obviamente se llama Don Julián, en honor al abuelo de Silvia.
En 1987 se inundó gran parte del campo que estaba ubicado cerca de la ruta 33 y de la Laguna Cuero de Zorro, y así tuvieron que trasladar todas las vacas a la cabaña La Sorianita en Cañuelas. Allí estuvieron dos meses, y como no pudieron conseguir un campo, la situación se tornó insostenible por lo que decidieron vender todo su rodeo de pedigrí y se quedaron con 10 animales.

EL REGRESO
La familia Mera retornó a la actividad en un campo en la zona de Estación Lértora, a unos 50 kilómetros al Norte de Trenque Lauquen. Capitalizó algunas vacas y compró otras, siempre con ayuda de amigos y vecinos. Pero la cosa no terminó allí, ya que hubieron otras inundaciones, por ejemplo en 2001, y siguieron más tropiezos, desilusiones, y algunas alegrías que le permitían seguir, hasta que en 2009 se instalaron en la zona de Berutti, donde casi no hay tambos y allí en un ambiente hostil por la mala calidad de las aguas, Silvia sigue en la lucha, con el tambo como vértebra de su vida y la de su familia.

LA UBICACION
El tambo de los Mera está cerca de la laguna Hinojo Grande que es un espejo de agua de aproximadamente 9000 hectáreas. Tiene una profundidad media de 5 metros y está a 86 metros sobre el nivel del mar, y su principal atractivo es la pesca deportiva, en especial del pejerrey.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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