Una reflexión

Carta de Lectores 26 de marzo de 2020 Por Redacción
Leer mas ...
Sr. Director:

En tiempos en los que la organización es la clave y en los que la planificación es el sinónimo de eficiencia y responsabilidad, un evento de una magnitud inusitada -al menos en la época contemporánea- irrumpe en el panorama mundial, y genera consecuencias en el orden interno y externo de los países. Ya nada pareciera ser seguro, nada se presenta como constante, nos vemos obligados a detener nuestra marcha de forma abrupta, sin haber previsto de qué manera abordar esta disrupción en el frágil orden de nuestras sociedades.
En el orden internacional, en tiempos en los que imperan la globalización y la participación soberana de los Estados, representadas fielmente en el organismo supranacional y multilateral denominado Organización de Naciones Unidas, y en los que ésta parecía augurar, en criterios de pacificación y bienestar general, una prerrogativa enorme en comparación con la primer parte del Siglo XX, surgen de repente -ante la pandemia del coronavirus- dos sentimientos que prácticamente van de la mano, la desesperación por lo desconocido -que se pone de manifiesto ante la incógnita de la eficiencia de las medidas a tomar y la forma en la que el virus escaló en países de Europa, particularmente Italia y España- y la desazón, que trae aparejada consigo la atribución de culpas y responsabilidades por los estragos 
ocasionados.
En relación a esto último, recientemente hemos visto al Presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, y al secretario de Estado Mike Pompeo, nombrar en reiteradas ocasiones al COVID-19 estrictamente como el "virus chino";, y por el otro lado, al portavoz del Ministerio de Exteriores de la República Popular China, Lijian Zhao, insinuando que fue el ejército de EE. UU. el que desarrolló y desplegó este virus en su país. Esto, adicionándose a la guerra comercial que ambos colosos mantienen ya hace años, y que escaló ante la nueva administración de Trump, suma un nuevo frente de conflicto y no predice nada bueno. 
Cierto es que la existencia de la ONU no evita los roces constantes entre los egos y los intereses de los mandatarios de las potencias mundiales, pero funciona como un excelente contralor para las decisiones que estos toman, más aún en el 
panorama internacional, donde están vinculados -ante ciertas situaciones- por el voto de los países que la componen. Pero la tendencia autoritaria e individualista de China y Estados Unidos, sumándose otros actores igual de relevantes como Rusia, Brasil e Israel -que curiosamente, y según palabras del analista internacional Francisco de Santibañes, son liderados actualmente por quienes suscriben a la ideología política conservadora popular- parecen atentar contra la cohesión y legitimidad que en otros momentos supo mantener esta organización.
En el orden nacional, nos vemos obligados por un decreto del Poder Ejecutivo -celebrado por la Organización Mundial de la Salud y la comunidad médica- a detener todas nuestras actividades, vemos coartado nuestro derecho de libre 
tránsito y más aún, nos encontramos confinados en nuestros hogares hasta tanto el gobierno -bajo recomendación y consenso con los especialistas epidemiológicos- lo decida.
Más allá del nivel de acatamiento general, que requiere de un análisis más profundo, la decisión era una que inevitablemente debía ser tomada, y debemos celebrar que nuestro gobierno supo tomarla a tiempo y que gracias a su rápida acción, administró correctamente los medios para hacerla respetar, previendo el hecho de que nuestro país no ha sufrido hasta el momento -gracias a estas medidas- pérdidas de vidas humanas del calibre de Asia o Europa.
Si de algo está segura la comunidad médica, es que al coronavirus se lo vencerá, sin dudas. Pero no hay un cálculo certero de cuáles serán los costos a pagar -en vidas humanas, en términos de degradación económica y posibles conflictos sociales en los órdenes internos de los países- ni cuáles serán las medidas que tomarán los distintos estados alrededor del mundo para paliar esta crisis humanitaria, durante su vigencia, y la forma en que reactivaremos las economías una vez contenida.
Quizás estemos asistiendo a un evento único que a futuro forjará un nuevo orden mundial y debemos poner especial énfasis en desentrañar las consecuencias económicas, políticas, y sociales que esta pandemia puede causar. 

Matías Heinzmann
DNI 39.815.375


Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
Seguinos en Facebook y Twitter

Te puede interesar