Una absurda resistencia

Deportes 23 de marzo de 2020 Por Néstor Clivati
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FOTO WEB EN SUIZA. / El cuartel general del Comité Olímpico Internacional, en Lausana.
FOTO WEB EN SUIZA. / El cuartel general del Comité Olímpico Internacional, en Lausana.
El planeta atraviesa uno de sus peores momentos; luego de guerras y sometimientos brutales que se cobraron millones de vidas a lo largo del último siglo, este tiempo ofrece un panorama donde el pánico y la realidad, han construido condiciones que inmovilizan y en la cual, la transversalidad, nos ha igualado.
Nadie en la faz de la tierra, por estas horas, puede tener convicciones sobre un blindaje qué de garantías de inmunidad, por el contrario, como reguero esta peste, se mete en cada rincón y amenaza con una propagación geométrica.
En este marco de vulnerabilidad generalizada, las actividades que los hombres han generado como desafíos laborales y de esparcimiento, están sufriendo restricciones y en muchos casos, por los estrictos confinamientos colectivos, postergaciones por tiempo indeterminado.
La hora manda refugiarse y tomar distancias de casi todos los hábitos, incluidos, los más saludables.
Algunas estructuras han sido más perezosas, tales los niveles de los negocios corporativos a los que responden y que lógicamente, están encontrando en esta hecatombe, un impensado obstáculo que amenaza gravemente, el curso natural de los mismos; aún así, deportes como el fútbol, donde la globalización y los derechos de comercialización de las imágenes, son gigantescos, no han tenido mas remedio que subordinarse a una realidad, que aplasta.
En nuestro anterior trabajo, desde este espacio, describíamos la connivencia entre las competencias y esos intereses, que permitieron reconocer el alto grado de irresponsabilidad de muchas cabezas de ambos sistemas que, tironeados por estos negocios, se mostraron insensibles y especulativos a extremos inauditos.
Finalmente, el buen sentido se impuso con su inapelable registro estadístico y la mirada admoniciosa del resto de sociedad.
Sin embargo, existe todavía, un foco de resistencia que parece ampararse en un cierto comportamiento elitista, que viene de tiempos inmemoriales con rasgos de alcurnia. 
El Comité Olímpico Internacional, de él hablamos, que acarrea en su historia contemporánea con decisiones que, en cualquier otro caso, hubieran dejado huellas y remordimientos, parece estar observando el curso de los hechos, desde un atalaya inexpugnable, una suerte de nuevo elixir, amagando con repetir sus viejas imposiciones, obligando al mundo deportivo, a disputar los juegos de Tokio, en medio de una pandemia.

Mejor no hablar de ciertas cosas, ¿verdad?
Los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, supervisado nada menos que por el Fuhrer; los de Múnich en 1972, manchados de sangre por el atentado antisemita a la delegación de Israel, en plena competencia, sin que este horror llevara a la suspensión de los mismos, o los de Moscú, unos años después, desafiando el boicot americano y jugándose sin la participación de 66 estados, son parte del lastre de una corporación, que siempre a mezclado deporte y política de forma peligrosa.
Hoy los intereses son de otra índole y acaso mas poderosos que los políticos, so pena de quedar aplastado por la crítica de toda la comunidad internacional, como sucede por estas horas.
El presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach, consideró "poco responsable" dar una fecha tentativa para la realización de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 en plena pandemia de coronavirus.
En una entrevista del New York Times, Bach dijo: "Nadie sabe qué pasará mañana, en un mes o en cuatro meses; no sería responsable establecer una fecha en este momento. Hay muchos pronósticos diferentes sobre el coronavirus, unos te dicen que seguirá la misma curva, otros que llevará más tiempo y hay gente que habla de olas diferentes y que viviremos esto durante mucho tiempo". Esta semana fue ratificada la fecha de los Juegos Olímpicos desde el 24 de julio al 9 de agosto. "Estamos especulando sobre posibles acontecimientos, pero no conocemos cuál será la situación. Por supuesto, consideramos varios escenarios pero, al contrario que otras organizaciones deportivas o ligas profesionales, nosotros tenemos aún cuatro meses y medio hasta el inicio de los Juegos", declaró el presidente. " El COI todavía no está celebrando los Juegos, no debemos alterar nuestro calendario, no estamos poniendo en la agenda la cancelación de los Juegos, se lo debemos a los atletas y al mundo", aclaró el dirigente olímpico.
Bach se dirigió a los deportistas: "Aconsejamos que se pongan en contacto con sus comités nacionales para que tengan información sobre cómo
pueden entrenar, respetando las restricciones. Vimos que hay deportistas
son muy creativos a la hora de entrenar en casa". Le falto decir que mantengan la fe y otros sortilegios, que den una mano para levantar la autoestima, por encima de una abrumadora realidad y que, en julio, todo estará en orden para que 10.000 atletas de todo el mundo, viajen a Japón, sin culpa.
El tiempo dará el veredicto final, pero se percibe una sensación, como
nunca antes, de un reto a esa omnipotencia, que corrija esta nueva excepción, llamada Juegos Olímpicos en tiempos del Coronavirus.

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