Cuándo aparece la música en mi vida*

La Palabra 14 de marzo de 2020 Por None
por Eliana Bertinetti - cantante y docente
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archivo Eliana Bertinetti - En Parma: Cantando un repertorio argentino que incluyó Remo Pignoni

El recuerdo que tengo de mi historia musical y como cantante es ir a la casa de Antonio Fassi, y empezar a cantar y que me diga “tenés una voz enorme, tenés que estudiar, tenés condiciones para el canto lírico”. Antes de eso me gustaba cantar como a cualquiera le gusta, pero quizás no veía el potencial o no me imaginaba estudiando canto formalmente como después lo hice. Ese impulso que tuvo fue determinante en mi decisión como tomarme el canto como un estilo de vida. Eso fue a los dieciséis años.

Y la decisión de capacitarme en el canto

Empecé a estudiar canto a los diecisiete. Tengo el recuerdo que empecé con Antonio y después en la Escuela de Música “22 de Noviembre” del Sindicato de Músicos de Rafaela. Tuve mucho impulso y mi abuela también me motivó a que vaya de Antonio. Fue cuando terminé el secundario en dos mil seis. Egresé en dos mil catorce de una Tecnicatura en canto. Paralelamente hice el Profesorado de Artes en música orientación piano en el Instituto Superior del Profesorado N° 2 “Joaquín V. González” de Rafaela. Ahí me recibí en marzo de dos mil quince. Hice las dos carreras juntas, terminé ese ciclo de formación y cuando lo terminé ya estaba estudiando en Fundación Accentus de Santa Fe donde iba cada quince días a estudiar con Ana Sirulnik técnica vocal que es una profesora del Teatro Colón, y Marcela Esoin lo que es talleres de ópera que eran canto. Tenía ensayos, conciertos, ensayos con pianistas. Ese estudio fue por una beca que me dio la Municipalidad de Rafaela, y Malena Boero era la directora de esa institución. 

La llegada a la Fundación Accentus de Santa Fe

La elegí yo misma. Vi a las cantantes de la entidad en el Teatro Lasserre, y dije quiero cantar así, quiero actuar así.

El lugar que ocupó la lírica

Me estaba formando en la escuela de música y de hecho hice un curso que organizaba Fundación y ahí conocí cómo venía la mano. Conocí las exigencias, y fue como el primer despertar, cómo estás parado, y qué es lo que tenés que hacer. Salir un poco de la imagen que tiene uno. Cuando voy al curso, veo a las chicas de Fundación, veo la calidad que tienen, veo cómo se proyectaban, cómo se desenvolvían, dije esto así lo quiero hacer. Esto apuntaba al profesionalismo con muchísima más calidad. Quería apuntar a eso, nunca me bastaba a mí. Y cuando veía cosas que me gustaban dije definitivamente tengo que estudiar ahí. Y me animé unos años después a ir. Pensaba que no era para mí, que no estaba a la altura, que me iban a decir que no. Cuando me presenté delante de las profesoras, me dijeron que no sabían si iba a poder entrar por una cuestión de cupo, porque querían gente que asuma un compromiso y yo era de Rafaela, pero que me iban a dar una oportunidad y me escucharon. Llevé un aria de ópera que si hubiese sabido lo que llevaba no lo hubiese hecho, pero en ese momento lo hice en inconsciencia total, pero les gustó mucho y me dijeron que me daban un lugar como artista destacado. Y yo no podía creer. Era empezarme a formar con ellos, participar en los conciertos, tenía de compañeras a quienes había visto actuar unos años antes. Tenía muchísimo que aprender, lo mismo me pasó cuando entré a la Escuela de Música y escuché a mis compañeros, no lo podía creer. Estudié dos años viajando a Santa Fe y Santo Tomé. Y empiezo a notar otra vez que necesitaba algo más, un poco más, otra mirada. Había cosas que no las podía resolver. Sentía como que me estaba estancando un poco, y a lo mejor era una percepción mía, pero uno tiene que hacerle caso a eso. Y me animé a empezar a estudiar en Buenos Aires con profesores particulares. La profesora fija que tengo hoy en día es Cecilia Varela en repertorio, pero también pasé por otros profesores como Lizzie Waisse en escena, Verónica Ishigaki en técnica vocal, Guillermo Opitz en cámara. Me gustaron muchísimo pero como siempre todo es caro y tiempo, y lo demás, uno hace lo que puede. Ceci es mi profesora desde hace tres años, y no solamente me ayuda mucho en la técnica sino también en la interpretación, en apuntar al profesionalismo, hay mucha compatibilidad entre las dos, trabajamos bien y me siento cómoda. En la Fundación Accentus participo de los conciertos que organizan, y cada tanto se organizan con Marcela Esoin y voy también.

El momento de la actividad laboral 

Fue antes de recibirme en las dos carreras. Empecé con coros, como profesora de técnica vocal y como directora, en pueblos, en Esperanza, en Villa San José, también en secundarias. Probé en primarias, pero no me gustó para nada, además de tener que cuidarme mucho la voz para estudiar y no me rendía vocalmente. Secundaria en pueblos donde eran grupos reducidos, podía transmitir algo, me gustaba mucho sinceramente. Los coros me gustaban muchísimo, los ensambles, pero viajaba varias veces por semana y estudiaba dos carreras, y cantaba, y estudiaba fuera de la ciudad. Era un poco cansador, pero la voz, tengo que tocar madera, siempre bien. Con épocas más alérgicas que otras, pero nunca dejé de cantar por abuso vocal. Y hoy en día estoy en la Escuela Municipal de Música dando la cátedra de canto lírico la cual es un desafío y a la vez un orgullo porque no creí que tan joven podría estar ocupando ese puesto. También he pasado por coros municipales, di audioperceptiva en la Escuela del Sindicato. Otras materias que me gustaron y me enriquecieron muchísimo, porque cuando tenés que transmitir, hay cosas que tenés que estudiar, refrescar, buscarle la vuelta, cómo lo vas a enseñar, cómo te gustaría que te lo transmitan a vos. Y en mi casa, con clases particulares de canto popular, desde el primer día que dije quiero trabajar en lo mío, donde aprendés muchísimo. Técnica vocal, acompaño en el piano, todas las edades de jóvenes en adelante por quienes tengo una afinidad. Es todo un arte enseñar. 

*El texto pertenece a la entrevista realizada por Raúl Vigini a Eliana Bertinetti

 

Predestinación

Un 31 de marzo de 2005, una adolescente de 16 años de edad -acompañada por su abuela Ana- se acercaba a tomar su primera lección lírica. A primera vista su composición física mostraba condiciones naturales aptas para el canto: robustez, amplio pecho, lúcida mirada, sólida cultura. En pocas lecciones su aprendizaje avanzó rápidamente, logrando pronto un aceptable avance en base a la técnica operística. Por razones -tal vez- ajenas a su amor por el canto, al cabo de un par de meses desprotegió sus estudios y abandonó sus clases semanales. Pero el ser humano nace entre un invisible halo de predestinación, de destino señalado desde el “más allá”, de condiciones innatas e incomprensibles para la mayoría de nosotros mortales que deambulamos en esta tierra “de nadie”. Pero siempre existió, existe y existirán los “iluminados” que son capaces de encontrar esa ruta incorpórea, transitarla y transformarla en acciones reales, concretas y de asistencia útil para la sociedad que nos rodea. Su perspicacia, su fino instinto sideral, su laboriosa y sacrificada lucha en los invisibles arcanos del recóndito interno de ellos mismos, les muestra el derrotero a transitar.

Aquella niña de entonces, lleva por nombre: Eliana Bertinetti. La realidad habla y señala por sí misma.

Antonio Fassi - maestro de canto

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