Un Green New Deal para la Argentina

Notas de Opinión 27 de febrero de 2020 Por Redacción
Una líder demócrata planteó que Estados Unidos tiene la necesidad de establecer un Nuevo Pacto Verde; la Argentina, en tanto, debe replantear drásticamente su modelo de país.
Por Juan Martín Sánchez *

NOTA II

En muchos de los sectores productivos y de servicios tradicionales como la Construcción, la Industria Manufacturera, el Transporte, el Turismo, el Comercio minorista, la Agricultura, la Gestión del Agua Dulce y los Residuos, por ejemplo, es posible iniciar un proceso de tránsito hacia una economía verde, menos carbono intensivo, con buenas prácticas y sistemas de producción más sustentables que generen gran cantidad de empleo transformándose en el motor de un nuevo tipo de crecimiento sostenible.
Brasil, por ejemplo, durante el gobierno de Lula creo más de 12.000.000 de empleos en un periodo de 5 años, implementando un programa público muy intensivo para promover los Trabajos Verdes en los sectores de la Energía, Transporte, Construcción y la Agricultura. En el mismo periodo de tiempo, España creo 1.750.000 empleos Verdes focalizados en programas públicos de estímulo en los sectores de la Energía, Construcción, Transporte y Manufacturas, mientras que República Dominicana creo cerca de 500.000, para alcanzar el 12% del Empleo Total.
En este sentido se vuelve necesario la creación de un Programa de Empleo Completo que ayude a acabar con el desempleo en Argentina, pensando además en la necesidad de otorgar subvenciones y préstamos a pequeñas empresas locales (incluidas cooperativas y organizaciones sin fines de lucro) que se involucren en la transición hacia una economía verde menos carbono intensiva y con prácticas más sustentables que mantengan la riqueza creada por la mano de obra local en el lugar.
En otros casos, como en el sector energético, la gran vedette de los empleos verdes por crear más de 10.000.000 de puesto de trabajo en el mundo para 2017, habría que ser más cuidadosos y pensar estratégicamente de qué manera se puede comenzar la transición hacia una matriz energética más diversificada y limpia, que no implique a priori (como en el caso de los Estado Unidos o la UE), el abandono inmediato de la generación de energía fósil (petróleo y gas) ni nuclear.
De hecho, las explotaciones inteligentes de los yacimientos existentes podrían ayudar a financiar las necesidades sociales más urgentes, así como las costosas inversiones que una nueva red energética inteligente nacional implicaría. Sería ridículo y contraproducente abandonar la capacidad instalada y la oportunidad de desarrollo genuino que representan los recursos fósiles (particularmente el gas y petróleo de vaca muerta) en términos de desarrollo industrial, generación de trabajo decente y divisas.
El sector nuclear por su parte, se trata de un caso emblemático de desarrollo tecnológico autónomo y virtuoso que no deberíamos abandonar (independientemente de las criticas ambientalistas), sino repotenciar lo máximo posible. Luego de cincuenta años de esfuerzos, el nuclear es uno de los pocos sectores robustos, complejos, reconocido internacionalmente por su calidad técnica y excelencia, que presenta un ecosistema con multiplicidad de actores privados y estatales que genera innovaciones y saberes que además de contribuir a nuestro desarrollo científico tecnológico, pueden ser exportados generando divisas.
Si bien las energías renovables han llegado para quedarse, convirtiéndose en un sector muy prometedor en términos económicos, ambientales y por su enorme capacidad para generar empleo de manera directa (construcción y operación) e indirecta (desarrollo, capacitación, venta de servicios), es imprescindible que sean incorporadas a nuestra matriz de manera paulatina, permitiendo el desarrollo de capacidades tecnológicas “autónomas”, en lugar de entregar las licitaciones llave en mano a empresas extranjeras.
Porque la “revolución energética” que prometen las energías renovables, dejan de ser tal, si en lugar de desarrollar nuestros propios saberes y tecnologías asociadas a las fuentes eólicas, fotovoltaicas, térmicas, de biomasa, hidráulica, geotérmica o mareomotriz, aceptamos las promesas que nos hacen los países desarrollados y compramos toda la tecnología afuera.
Es por ello, que el Acuerdo Verde Argentino debería apoyarse fuertemente en la promoción y difusión de los mecanismos de la Transición Justa como principio, como proceso y como práctica, para que los trabajadores no sean la variable de ajuste de la transformación de la estructura de nuestra economía y donde los beneficios del aumento de los estándares de calidad ambiental para todos los sectores, favorezcan de manera equitativa al conjunto de la sociedad.
Mecanismos que deben establecer procesos institucionalizados de Dialogo Social entre las organizaciones de los trabajadores, las cámaras empresarias y el Estado Nacional, a los efectos de implementar políticas públicas coordinadas a nivel nacional, regional y local que puedan garantizar la recapacitación de los trabajadores y la modernización de las competencias profesionales, facilitando una reinserción de los trabajadores en los nuevos sectores que son creados en la transición hacia una economía verde.
Porque, estos nuevos sectores que se crearán en la transición, son los que nos permitirán el desarrollo genuino, como decía Aldo Ferrer “sustituir el futuro y no solo el pasado(…) incorporando al tejido productivo las actividades que lideran el desarrollo, para abastecer el mercado interno y exportar(…) fortalecer el entramado de las empresas nacionales y las pymes (…) ampliando las bases del cambio tecnológico y la innovación propias, (…) vinculando la educación con la capacitación de los recursos humanos necesarios para las ciencias básicas y la tecnología”
La transición hacia nuevos patrones de producción, consumo y empleo representan también una gran oportunidad para crear trabajo decente y sustentable bajo un nuevo paradigma donde las mujeres y los jóvenes con sus conocimientos y capacidades únicas para la gestión de los recursos naturales y el uso de fuentes de energía, se constituyan en agentes de cambio clave para desarrollar los programas de trabajo verde a nivel local, regional e internacional
El Green New Deal o Acuerdo Verde Argentino podría convertirse en el modelo de desarrollo que nuestro país necesita para el futuro, uno que a través del dialogo social impulse decididamente la producción de bienes y servicios nacionales con alto valor agregado en todos los sectores, protegiendo al mismo tiempo la base de recursos naturales que constituyen “nuestra casa común” y generando importantes fuentes de trabajo decente y de calidad para lograr de una buena vez, la inclusión de todos.

(*) El Lic. Juan Martín Sánchez integra el Instituto del Mundo de Trabajo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (IMT / UNTREF). 

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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