El Carnaval toda la vida

Editorial 23 de febrero de 2020 Por Redacción
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A la hora de explicar por qué celebramos el Carnaval, la tradición parece llenar los lugares vacíos que deja la razón. No hay un argumento contundente que justifique estos días que buena parte de humanidad se despoja de las obligaciones laborales y se consagra a estas fiestas populares callejeras que parecen guardar un vínculo no reconocido con la religión cristiana. 
Rafaela será una de las tantísimas ciudades que este fin de semana largo vivirá su fiesta carnestolenga a través de una fiesta programa para este domingo en bulevar Lehmann, un escenario a estrenar para esta expresión de la cultura de los barrios si se tiene en cuenta que las comparsas y las batucadas que dan forma al espectáculo se forman en distintos sectores de la ciudad. Sunchales comenzó a vivir su clásico carnaval que también se basa en las propuestas propias, es decir no se contrata a una comparsa de otra ciudad sino que se gesta una fiesta local a través de sus instituciones y de sus vecinos. 
El feriado que disponen los distintos gobiernos para estas masivas fiestas populares no encuentra un respaldo contundente más allá de la tradición heredada, como se sostiene en el inicio de esta editorial. El libreto que se repite en todos los lugares, en forma sintética, es que el carnaval es una celebración que tiene lugar inmediatamente antes de la cuaresma cristiana, período que comienza el Miércoles de Ceniza, y que no tiene una fecha fija pues varía entre febrero y marzo según el año. En cuanto al origen, la versión que goza de cierto consenso es que se encontraría en las fiestas paganas, como las que se realizaban en honor a Baco, el dios romano del vino, las saturnales y las lupercales romanas, o las que se realizaban en honor del toro Apis en Egipto. De todos modos, según algunos historiadores, los orígenes de esta festividad se remontarían a la Sumeria y el Egipto antiguos, hace más de 5000 años, con celebraciones muy parecidas en la época del Imperio romano, desde donde se expandió la costumbre por Europa, siendo llevado a América por los navegantes españoles y portugueses a partir de fines del siglo XV.
Tal como lo presenta wikipedia, aunque la Iglesia no lo admite como celebración de tono religioso, el carnaval está asociado con los países de tradición católica, y en menor medida con los cristianos ortodoxos orientales; las culturas protestantes tienen tradiciones modificadas, como el carnaval danés. En lo que hace a la cuestión práctica, el carnaval combina elementos tales como disfraces, grupos que cantan coplas, desfiles y fiestas en la calle. A pesar de las diferencias que su celebración presenta en el mundo, su característica común es la de ser un período de permisividad y cierto descontrol. En sus inicios, probablemente con un cierto sentido del pudor propio de la religión, el Carnaval era un desfile en que los participantes vestían disfraces y usaban máscaras, como sucede aún en Venecia, uno de los más célebres de la aldea global. Sin embargo, la costumbre fue transformando la celebración hasta su forma actual, resume la enciclopedia en línea al hacer referencia a este evento del calendario.
Desde una perspectiva académica, el tema es objeto de interés. "La fiesta del carnaval ha sobrevivido hasta la actualidad, y representa el emergente más genuino de lo popular. Resume todos los elementos de espíritu lúdico y festivo de las celebraciones populares más antiguas y que han desaparecido. Sin embargo ha ido evolucionando en los últimos años. La industria cultural ha hecho de él un producto definitivamente desacralizado, vaciado de sentido mítico. El carnaval se ha transformado en un artículo de consumo, en el que el espectador no es ya participante sino que queda relegado a la condición de observador pasivo, dominante en esta era de la cultura visual", afirmó Gabriel Darío Cocimano en un trabajo publicado en 2001 en la Gazeta de Antropología de la Universidad de Buenos Aires. "La exaltación de la alegría, los delirios y enmascaramientos, el éxtasis colectivo, impiden -en el sentido profundo del tiempo carnavalesco- la perpetuación de lo antiguo y no cesan de engendrar lo nuevo y lo joven. El integrante de las 'scolas do samba' en el carnaval brasileño y el colla disfrazado de diablo en el carnaval de la Puna argentina, expresan aquel sentimiento de alegría genuina" agrega en su ensayo. 
Entonces, la esencia de esta fiesta es la alegría, propone una pausa en este mundo a toda velocidad signado por el estress en el que ¿nos acostumbramos? a vivir. Será cuestión de entregarse al carnaval sin tener en claro su origen. Evadirse temporalmente de los problemas y apostar a esa creencia que asocia la celebración a una suerte de resurrección. 

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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