Carta de Lectores

Carta de Lectores 16 de febrero de 2020 Por Redacción
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Carta abierta de un Policía

Sr. Director:

Hoy, 13 de febrero de 2020 está llegando a su fin una historia... mi historia. Desde hace un tiempo fui aprendiendo a despojarme de la investidura de Policía, pero no la que representa un uniforme, ese que te cubre la piel, sino el otro, el que te cubre el alma, el que te cubre todo tu interior... ese uniforme llamado pasión... ese del que es mucho más difícil despojarse de lo que parece. 
Así como en una historia de amor, tuve que aprender a soltar, no a una mujer sino a una profesión que abracé con total profesionalismo, con total responsabilidad, con total amor y respeto... una profesión que en su respeto... una profesión que en su contexto y con muchos de los que la respeto... una profesión que en su contexto y con muchos de los que la componen, hablo de las personas, se encargaron de defraudarme, una y otra y otra vez.
Quizás no fueron tantos los años, pero parecieron una vida entera, donde a pesar de las frustraciones que padecí también tuve satisfacciones, las menos, las que vinieron del reconocimiento de la sociedad, de la gente que me conoce, de la gente que vio en mí al Policía diferente, ese que siempre se brindó con total predisposición, ese que marcó su trabajo con honestidad, seriedad, responsabilidad y sobre todo con mucho respeto.
Hoy, aunque en mi interior sienta, y quizás por siempre esa llamita encendida que nunca se apagará, empecé a darme cuenta que estoy fuera, que no sirvo, que para la mayoría de los superiores, excepto alguno que otro, soy y seré un inútil, un tipo que no quiere trabajar... Qué paradoja, siempre me consideré y me consideraron, la sociedad, un buen Policía. Pero lamentablemente, el sistema exige otras habilidades que son muy bien recibidas por los jefes de turno, habilidades que yo no poseo, habilidades que están fuera de mis principios y valores, esas habilidades que muchas veces me quisieron imponer, y que siempre las mantuve al margen.
Podría dar muchos nombres, podría contar muchas situaciones por las que tuve que pasar, que me fueron enfermando, que me fueron debilitando, situaciones que afectaron no solo mi vida personal, sino mi vida familiar... porque estos personajes inescrupulosos que hay dentro de la fuerza se encargaron, también, de perseguir y acosar a mi familia, por el solo hecho de no ser yo como ellos.
Pero no voy a dar nombres ni voy a contar situaciones, primero por respeto a la institución a la que aún pertenezco y abrazo con total devoción, y segundo por respeto a todos y cada uno de los compañeros que llevan, sienten y respetan el uniforme como yo lo he hecho siempre... por que los hay, los menos, pero están.
Desde hace unos años que no puedo hacer lo que me apasiona, y desde hoy ya siento que quizás nunca más lo pueda volver a hacer, porque me destruyeron, profesionalmente, pero sobre todo, emocionalmente... ya no soy el mismo, ya no tengo las fuerzas para lidiar con un sistema corrompido... nunca supe mirar para otro lado, siempre hice mi trabajo, ese que más allá de lo legal me exige lo moral y ya no soportaría convivir con ese sistema... ya no soportaría los traslados tras traslados, las sanciones injustificadas, pero sobre todo, ya no soportaría ni jefes ni compañeros corrompidos.
Siempre quise creer que detrás de cada traslado había una nueva posibilidad, una nueva esperanza de que me dejaran hacer mi trabajo tranquilo, pero no, siempre fue más de lo mismo, en cada lugar, por pequeño que sea, se esconde el sistema, y en mi esencia se esconde, la virtud de descubrirlo. ¿Denunciar? ¿Para qué? No sirve de nada, los intereses son tantos y abarcan a tantas personas de los diferentes ámbitos donde se radica el poder que todo cae en balde vacío, todo queda en la nada... y el sistema sigue girando, o mejor expresado, lo siguen haciendo girar. Todo esto que escribo nadie me lo contó, todo lo viví en primera persona... eso y mucho más. Fueron muchos años de lidiar, defenderme y hasta de cuidarme de los mismos que vestían, por fuera, como yo.
Hoy me siento totalmente agotado, ya sin fuerzas... ni siquiera para seguir adelante con mi vida personal... me destruyeron, como a tantos otros... y a nadie le importó ni les importa. Me dejaron... nos dejaron... solos, y eso duele, y mucho.
No sé qué sucederá conmigo, los tiempos se extienden, burocráticamente, no sé por qué razón, pero yo ya tomé mi decisión, dolorosa, pero decisión al fin. Sueño, espero y deseo que algún día ese sistema comience a girar de manera diferente, por el bien de todos los buenos policías, esos que llevan el uniforme por dentro, esos que como yo, abrazan esta hermosa profesión, con total pasión.
Para todos esos que pude conocer y compartir horas de trabajo les deseo lo mejor, nunca cambien, sigan siendo fiel a sus principios, y cuando sientan que todo está perdido, les ofrezco mis oídos, mi experiencia y, si les sirve, mis palabras y consejos...

Daniel Angel Arreguen
DNI 23.645.123

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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