Sarmiento, el maestro

Notas de Opinión 15 de febrero de 2020 Por
La necesidad de un pensamiento superador frente a la barbarie de la pobreza y del hambre.
Por  María C. Pettinari *

Cada 15 de febrero, aniversario del nacimiento de Domingo Faustino Sarmiento nos invita a reflexionar sobre esta realidad compleja que nos toca transitar a los argentinos. Sarmiento nació en 1811, en la pobreza, y, desde su niñez en la ciudad de San Juan, sufrió la crueldad que esta impone a quienes la padecen. Pero ese horizonte oscuro, ese paisaje humilde, desértico y desolado; que parecía no tener otro futuro que el de las sombras fue, sin embargo, atravesado por su mente brillante y transformando desde la genialidad de su pensamiento.
 Fue en su propia mente y en su voluntad por salir adelante donde desarrolló el duelo entre civilización y barbarie; logrando, en ese ejercicio de supervivencia, la construcción de un nuevo imaginario moderno y civilizado, no para él sino para toda la sociedad argentina.
Sarmiento marcó su época introduciendo, desde su pensamiento, su pluma, su palabra; pero sobre todo desde sus obras, una transformación fundante que, desde principios pedagógicos y culturales propios de la modernidad, instaló ideas instituyentes respecto de la necesidad de contar con un sistema público de enseñanza basado en las Escuelas Normales. Desde la institucionalidad escolar logra fundar-formar lo que sería la identidad argentina del siglo XX, constituyendo así, desde una educación transformadora, una nueva ciudadanía letrada. De ella nació el concepto de Nación; la organización que un país que logra constituirse y articularse desde las lógicas del espacio, tiempo y agrupamiento escolar. Muchos de estos principios escolares prevalecen inclusive simbólicamente como rasgos democráticos en nuestra época: educación popular, gratuidad, igualdad, etc.
La pobreza, que padece la Argentina del siglo XXI, traducida en hambre y desamparo, debería indignarnos por ser algo ofensivo y sobre todo injusto. La muerte de niños, nuestros niños, por desnutrición es un hecho aberrante, por antinatural y por contrario a la dignidad humana. Estos sentimientos se exacerban al saber que la Argentina es un país rico, que produce alimentos para diez veces su población. Solo la mayoría de granos se exportan. La mayor parte de la carne, lácteos, verduras y frutas se consumen internamente. Y se desperdicia más del 12% por diversos motivos. (Informe FAO 2019).
¿Que estamos haciendo en relación a estos datos y el horror del hambre? ¿Cuáles son las políticas de producción, educación, salud en relación a la alimentación y sobre todo a la nutrición? Pobreza, hambre, desnutrición o mala nutrición, falta de trabajo, de viviendas, son problemas de características culturales y estructurales que no se resuelven repartiendo recursos, a modo de “tarjeta alimentaria” o subsidios, como se los llame. Esto puede ayudar, pero no va a solucionar el problema de la pobreza, del déficit nutricional de un tercio de la población y menos del hambre y el desamparo de millones de argentinos.
Será hora de empezar a pensar y en hacer en otras cosas: “Que los propietarios de la tierra, los estadistas, los letrados, la juventud, los migrantes, las madres que están criando a sus hijos para la cuchilla de las tiranías decidan si han de vivir siempre a merced de esta… Si no… manos a la obra, todos juntos y en diez años habremos fundado un nuevo orden de las cosas, de donde han de brotar la riqueza y la tranquilidad, la cultura y la moralidad, la agricultura y más ganado…” (D. F. Sarmiento, 1855).
Se cumplen 209 años del nacimiento del gran maestro sanjuanino, y los argentinos tenemos la oportunidad de pensar en un cambio de paradigma en materia de derechos, sobre todo los que impliquen trasformaciones políticas en relación a la ayuda social, pero la que dignifica, la que da oportunidades para que cada argentino sea el artífice de su vida, de una vida digna con garantía de alimentación y educación de calidad, vivienda y trabajo; sin asistencialismos que nos alejan de la cultura del esfuerzo y del trabajo, del orgullo que tuvieron nuestros antepasados, esos que hicieron grande este país trabajando y estudiando.


(*) La Lic. María Claudia Pettinari es presidenta de la Asociación Civil Instituto Sarmientino de Santa Fe. 

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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