Nostalgias del futuro presente casi cercano

Información General 02 de febrero de 2020 Por
La incertidumbre del ser humano y su vida por delante, o sea, lo que le queda, suele estar supeditada de decenas de factores y dificultades; la mayoría propiciada por colegas de su misma especie. Homenaje a Wimpi, modestamente.
ARCHIVOPRIVADO EDP// UN SIMBOLO// “El gusano loco”, de Wimpi, un clásico rioplatense.
ARCHIVOPRIVADO EDP// UN SIMBOLO// “El gusano loco”, de Wimpi, un clásico rioplatense.
El tipo tiene más de 70 años. Siempre ha vivido en el campo, trabajando de sol a nube, sin otra pausa que parar cuando no hay otro remedio. Como dice Serrat (acriollado desde su “Pueblo blanco”, por nosotros), de la casa al boliche del pueblo y viceversa, ingesta moderada de “Amargo Obrero” mediante.
Pero un día tiene que venir a la ciudad a solucionar varios temas de índole personal y de trámite. Se levanta a las 5, como siempre, se sube a la “pickup” (SIC) Ford F100 que lo acompaña desde que se la compró a los Picasso (en 1967) y aparece en la primera dependencia.
Hace la cola de un par de horas y cuando le cantan su número (en realidad, está en una pantalla led, y una chica afable lo ayuda), se acerca a un escritorio y su saludo criollo/gringo de “buenos días”, es cálidamente respondido por un “sacó el turno?”.
El tipo, educado, responde que sí, que tiene el número, pero la persona/máquina, lo espeta a cara de perro, aunque sin mirarlo: “No; el turno por Internet!”. “No, no sé qué es eso...”, responde, tímidamente, a lo que lo fusilan con un “Bueno, busque a alguien que lo ayude o llame a este 0-800…. El que sigue!!!”.
Como no quiere pelear, y no entiende nada, y los que venían atrás ya lo están empujando, se va a otros destinos, tan públicos y tan hostiles como este. Cambiarán los dueños de las caras, no el gesto perruno agresivo; también los espacios y los motivos. A las 11 de la mañana se da cuenta que no pudo hacer nada, que nadie lo ayudó y que todas las soluciones las tiene ese tan mentado Internet. Eso sí, en el bolsillo guarda como cinco 0800 y está convencido que ese señor debe tener todo para ayudarlo. Piensa en tomarse una “Canada Dry”, pero no encuentra ni atisbos del Bar “La Gloria” ni de “Los rafaelinos”.
Vuelve a la chacra. Y se pone a discar el famoso 0800. Nadie le responde. Nadie lo ayuda. Agobiado, y con el dedo mocho de tanto usarlo, sale al patio. Busca la F100, la pone en el medio de patio y carga allí todos sus papeles y los formularios que le dieron, más el famoso 0800. Antes de prenderle fuego con cincuenta litros de gasoil, encierra los pollitos y le da maíz a los chanchos. Se toma un “Amargo Terma” mientras el fuego se consume hasta la Libreta de Enrolamiento que dejó en la camioneta. Casi que le dan ganas de morirse, pero tendrá que ser de angustia o tristeza. El rifle Mahely, descargado, lo dejó en la Ford que se despide despacito y con tonos rojizos. “Qué día de mierda”, dijo. Y se fue a dormir porque a las 3 empezaba con el tambo.

El homenaje
Arthur Núñez García fue un humorista y escritor uruguayo que nació en 1906 y murió, infarto mediante, en 1956 a la módica edad de cincuenta años. Sus escritos, geniales, podían verse con la firma de Wimpi” o KITO, según sean para radio o gráfica, siendo su obra máxima “El gusano loco”.
En ese trabajo, el autor apunta a los temores más simples y cotidianos de sus personajes, los cuales no se identificaban con nombres propios, sino simplemente como “el tipo”.
Vaya entonces este humilde homenaje a su memoria que no es otra cosa que una copia sin pudores de sus hallazgos, aunque no de sus talentos, por si hace falta decirlo.

Los tipos nostálgicos
El tipo es un nostálgico incurable. Por ese motivo, su mujer lo manda a participar de un grupo de apoyo con otros tipos que padecen algo parecido. El tipo es un nostálgico generalista; extraña tanto las tertulias de Independiente como los goles de Giordano en Atlético; la yapa, la campaña contra las langostas y el radioteatro con Alfonso Amigo.
Sin embargo, el primer día que se conoce con otros nostálgicos se da cuenta que no es el único, que hay otros, aunque aprecia que cada uno se ha especializado en nostalgias. Así convivirá con quien añora los matiné del cine Avenida, la pescadería de Lisi en el mercado o las transmisiones de Líder (con Leonelo incluido) En su andar descubre que hay otros peores que él, incluso el que se lleva todas las noches una baldosa de la cancha de básquet de Quilmes – abandonada- de la calle España, quien fue remitido a la reunión por la suegra, habida cuenta de su hábito de dejarle los mosaicos en los callos al grito de “Aguanten los turcos!!”. La mujer aduce que no le molesta tanto el tema de las baldosas como que ella es de Peñarol.
Como la nostalgia siempre está de moda, un día decide abandonar la terapia. Algo se ha quebrado en él. Ya no fuma “43/70”, ya no bebe “Bilz”, se compró una computadora, cambió a la mujer por una que lo escucha y puso un 0-800 para trámites varios en dependencias públicas.
Igual, sigue siendo un tipo respetuoso de los estilos. A su PC le ha colocado una cinta de máquina de escribir de dos colores como símbolo de que todo tiempo pasado fue mejor.
El tipo es feliz.

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