En busca de… Marisol Redondo, música uruguaya

La Palabra 01 de febrero de 2020 Por
Vibraciones sonoras Nacida en Montevideo, capital de Uruguay. Formada en música y canto en el Conservatorio de Barcelona, España donde aprendió piano. Con estudios de guitarra y arpa folklórica en Zürich, Suiza, lugar de radicación actual. Su ambiente familiar le ofreció momentos transcendentes en el arte y la llevó a disfrutar de experiencias únicas que la motivaron para elegir una profesión donde la estética de los sonidos iba a regir sus días. Visitó nuestro país para participar del encuentro de arpas en Santiago del Estero, vuelve a su tierra natal charrúa cuando las actividades se lo permiten. Y recorre los paisajes europeos llevando su alforja de canciones indolatinoamericanas sintiéndose así más cerca de su propio suelo. En esta charla nos cuenta su vida.
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archivo Marisol Redondo - Felicidad: Marisol Redondo disfruta de la música

LP - ¿Cómo podés definir el paisaje de tu niñez en Uruguay?  

M.R. - Uruguay es la Suiza de América. Los ojos se llenan de verdes campos, de ganado pastando, de armoniosas colinas, del Río de la Plata y del Océano Atlántico y se respira una brisa permanente con olor a yuyos. Uruguay y Suiza se parecen. Suiza tiene los Alpes, Uruguay los cerros… Suiza tiene el chocolate, Uruguay el dulce de leche. Suiza tiene los relojes y Uruguay tiene el tiempo. 

LP - ¿Qué recuerdos tenés de la primera música que llegó a tus oídos? 

M.R. - Mi padre siempre cantaba tangos, candombes, murgas y milongas. Mi madre nos inculcó a todos los hijos la música clásica. Yo creo que aprendí a cantar antes de saber hablar. Y con mis hermanos cantábamos a todas horas. Mi casa era la música. 

LP - ¿Cuándo tuviste la necesidad de dedicarle tu tiempo al arte de los sonidos? 

M.R. - Cuando tenía ocho años… estábamos en la cocina de casa con mis padres y mis hermanos y yo acababa de aprender los acordes en la guitarra de la canción Gurisito Costero. La toqué y la cantamos todos. Disfruté como nunca. En ese momento me di cuenta que me iba a dedicar a cantar.

LP - ¿Cómo abordaste el aprendizaje del canto? ¿A qué edad fue?                                       

M.R. - No recuerdo cuando empecé porque seguramente no tenía uso de razón. Fue como aprender a respirar que es algo no consciente… es algo natural y sin darte cuenta.

LP - ¿Hubo influencia familiar en tu decisión artística? 

M.R. - Mi familia siempre nos apoyó a todos los hermanos a amar la música. Cuando yo tenía doce años, nos presentamos con mi madre y mis hermanos a un concurso llamado Cantando en Familia. El concurso se transmitía por la televisión uruguaya y nuestra familia Redondo obtuvo el cuarto premio, que era un viaje a Bariloche en Argentina. Allí tuvimos la oportunidad de cantar en la televisión de Bariloche y de debutar la primera vez en Argentina. Gracias a este premio grabamos también nuestro primer single con una canción italiana, cantada a capella con mi madre y hermanos. 

LP - ¿En qué momento supiste que la música sería tu profesión?  

M.R. - Después de emigrar a Barcelona estuve cantando con mis hermanos diariamente en diversos locales para ganarnos la vida. Tenía trece años. Cuando cumplí los veinte años se me dio la oportunidad de presentarme a un concurso de canción catalana. Canté unos temas propios y gané un premio que consistió en firmar mi primer contracto como solista para cantar en varios teatros y salas de Barcelona, así como en radio y televisión. 

LP - ¿Tocás algún instrumento? ¿Por qué lo/s elegiste? 

M.R. - El primero fue el piano. Nos enseñó nuestra madre. Luego estuvimos con varios profesores uruguayos para continuar en España en el Conservatorio de Barcelona. La guitarra la comencé a tocar cuando tenía ocho años. Después de vivir muchos años en España emigré a Alemania y allí me regalaron un bombo legüero de Santiago del Estero. Aprendí a tocarlo escuchando discos de música argentina… Hace cinco años descubrí el arpa folklórica… o me descubrió ella a mí. Fue un flechazo en toda regla. Al principio solo tocaba melodías hasta que descubrí que podía cantar con ella. Y a partir de allí no la he dejado de abrazar y de cantarle al oído. 

LP - ¿Cuál es el repertorio que ofrecés y qué valorás de esos temas? 

M.R. - El tango argentino y uruguayo, el candombe, las canciones del litoral, las milongas y el folklore rioplatense conforman un repertorio variado pero con una misma esencia. 

LP - Alguna vez pensaste en radicarte en otro continente. ¿Qué lo generó? ¿Dónde encontraste ese lugar en el mundo? 

M.R. - Como me fui de niña de Uruguay, la decisión de emigrar a España la tomaron mis padres. La vida me llevó más tarde a estudiar a Alemania y pude conocer otra cultura, muy diferente a la nuestra y aprender otro idioma. Volví a España para poder estar junto a la familia, pero por motivos de trabajo, emigré a Suiza hace dieciséis años. Allí he formado una nueva familia. A pesar de haber vivido en muchos países, la música, nuestra música, me ha mantenido siempre unida a mi país el Uruguay. Siempre que canto una canción, estoy en casa, con independencia del país en el que esté y del idioma que se hable a mi alrededor. 

LP - ¿Cuál es tu propuesta artística donde sea que lleves la canción? 

M.R. - Yo propongo un concierto auténtico con canciones muy escogidas, con una historia que se ha unido a mi vida en ciertos momentos y con elementos que me unen directamente al público que me escucha. El diálogo con el público forma parte esencial del espectáculo, ya que mis conciertos son un puente que va de corazón a corazón. Siempre intento acompañarme de músicos locales para estrechar aún más los lazos con el público y con la cultura del país en donde estoy. 

LP - Si tuvieras que mencionar los momentos trascendentes de tu trayectoria. ¿Cuáles serían? 

M.R. - El día que canté en el teatro Palau de la Música de Barcelona. El teatro estaba lleno, el público entregado y se respiraba emoción por todas las partes. 

LP - ¿Estás en contacto con Argentina desde lo cultural? ¿En qué casos?   

M.R. - Mi primer contacto fue a los doce años cuando canté con mi familia en Bariloche. Hace cinco años conocí a un pianista argentino que reside en Bern, Suiza que es Sebastián Noya, que dirige mis espectáculos en Europa, además de haber realizado todos los arreglos musicales de mi último trabajo discográfico, que se llama Volver. En agosto de 2019, participé en Mishquila de Arpas, un encuentro de arpistas latinoamericanos, que se celebra anualmente en Santiago del Estero. Tuve el honor de representar al Uruguay y de ser la primera uruguaya que participó en este encuentro internacional.      

LP - El disco es una forma de realización y trascendencia para el músico. ¿Cómo y cuándo se dio esa necesidad en tu caso?  

M.R. - El primer single lo grabé a los doce años. El segundo a los veinte.  En el año 2018 sentí la necesidad de grabar un álbum en Uruguay y me fui a Montevideo para grabar el disco “El día que me quieras” con el maestro guitarrista Julio Cobelli y me acompañé con arpa folklórica. En enero de este año, grabé el álbum “Volver” en Liechtenstein con un grupo de músicos radicados en Suiza que tocan piano, contrabajo y bandoneón.

LP - ¿Cuál es el futuro más cercano para tu profesión? 

M.R. - En diciembre estuve actuando en la sala Hugo Balzo del teatro Sodre en Montevideo. También he compuesto dos canciones y estoy trabajando en su arreglo musical para poder lanzarlas al mercado el próximo año. 

LP - ¿Qué te hace feliz en la vida? 

M.R. - Estar rodeada de familiares y amigos. Y la música, claro…

LP - Una anécdota de tu vida artística. 

M.R. - En uno de mis conciertos, cuando me estaba cambiando el vestido mientras los músicos interpretaban La Cumparsita, el cierre del vestido se enganchó y lo pude cerrar un segundo antes de salir a escena. Pasé muchos nervios. El público, por suerte, no se enteró.

LP - Algo más que desees agregar. 

M.R. - Me encantaría cantar en Argentina y poder incluir en mis giras por Sudamérica varias ciudades argentinas. ¡¡¡Un beso de acá para allá!!!

por Raúl Vigini

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