La protección del planeta

Editorial 28 de marzo de 2020 Por Redacción
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En este tiempo, donde la pandemia que azota al mundo entero, el tratamiento de esa realidad se ha convertido en un tema recurrente, que abordamos poco menos que a diario en nuestros editoriales.
Todos somos conscientes de la gravedad de la situación, que está golpeando con extrema dureza en varios rincones del planeta.
Luego de haberse originado en un mercado chino, el coronavirus comenzó a expanderse con una velocidad inusitada, afectando puntualmente a países que eran considerados del primer mundo.
La referencia, obviamente, está destinada a los tres más castigados y con una mayor cantidad de víctimas fatales.
Italia y España, en Europa, encabezan las estadísticas menos deseadas, hoy todavía con una curva que no parece encontrar una solución a corto plazo, a pesar de algunos signos que dan cuenta de una leve mejoría.
Sin embargo, las cifras siguen resultando alarmantes en esos países, a los que últimamente se están sumando otros del Viejo Mundo, pero no con un impacto tan grande.
Algo similar está ocurriendo en Estados Unidos, la nación más poderosa y la primera economía mundial, donde el brote avanzó en los últimos días a pasos agigantados, para alcanzar el registro más elevado de contagiados.
Esta situación nos invita a reflexionar sobre un tema que de ninguna manera tenemos que relegar a la hora de nuestras preocupaciones futuras, porque está pandemia, en algún momento cederá y tendremos que empezar a preocuparnos, quizás como nunca lo hicimos, de mejorar nuestra calidad de vida.
Hay acciones que el mundo debe emprender de forma conjunta para conseguir el impacto que se necesita. En esa agenda global entran los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el plan a 15 años con el que se busca tener un planeta bien cuidado y una población con mejores condiciones de vida.
La hoja de ruta en la que se comprometieron 193 países se trazó hace cinco años, va hasta el 2030 y tiene 17 objetivos por cumplir, todos ellos con el medio ambiente como eje transversal.
En este lustro se han concretado avances importantes y también se retrocedió en asuntos que deberían preocuparnos a todos; el balance preliminar es necesario para hacer los ajustes que permitan alcanzar las metas o acercarse lo más que se pueda a ellas.
Con los ODS se pretende construir unas sociedades más justas, incluyentes y prósperas, en comunión y respeto con el entorno.
Por ello se plantearon metas, como ponerle fin a la pobreza y al hambre; reducir las desigualdades; impedir las exclusiones y contar con instituciones sólidas de Justicia; pero también garantizar el acceso pleno a la salud; a la educación de calidad; a los servicios públicos y al trabajo digno.
El principio para conseguirlo es tener unas economías crecientes y productivas, ciudades amigables y comunidades conscientes del importante papel que desempeñan.
Nada de ello será posible si esa gran casa en la que hoy viven 7.500 millones de personas se descuida, se destruye o se trata con indiferencia. Por ello en los Objetivos de Desarrollo se habla de "sostenibilidad", es decir, de proteger el planeta y hacer un uso racional de los recursos naturales que provee para bienestar de quienes lo habitamos.
El deterioro de la Tierra y las consecuencias que ha traído son innegables, como lo es la responsabilidad de la humanidad en ello, no porque haya planeado hacerle daño sino porque adoptó un modelo de desarrollo enfocado ante todo en producir sin calcular los adversos efectos sociales y ambientales que ello traería.
Aún no es tarde para enmendar, pero sí será cada vez más difícil resolver los problemas si no se interviene con prontitud.
De los Objetivos de Desarrollo Sostenible hay varios en los que se retrocedió, como los niveles de hambruna que llevan cuatro años creciendo o la cobertura y la calidad de la educación que han descendido.
En cambio, hay buenos pronósticos en la conversión hacia las energías limpias y renovables, hay más y mejor salud, así como más trabajo y bienestar para la población.
El saldo en rojo lo aporta el medio ambiente con un cambio climático imparable, menos recursos naturales para proveer la demanda de la población global, ecosistemas en decadencia y la pérdida invaluable y constante de especies.
Pese a ello hay esperanzas de lograr en los próximos diez años un mundo mejor, más equitativo y ambientalmente más sano.
Para ello se necesita de un mayor esfuerzo, compromiso y ambición de los gobernantes, de los Estados, de los líderes políticos, económicos y sociales. Pero, en primer lugar, de una sociedad que debe ser más consciente de los cambios que necesita hacer en su estilo de vida, en su forma de consumir y de relacionarse con su entorno.
El año 2030 está a la vuelta de la esquina, pero el mundo sobrevivirá más allá y en cómo se quiere ese futuro es en lo que hoy debemos pensar.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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