En busca de… Erika Natalia Cardozo, tanatóloga

La Palabra 25 de enero de 2020 Por Raúl Vigini
Tratar de ser, sentir y hacer Su orientación hacia el arte la fue desarrollando en diversas etapas de su vida en las que le dedicó especial atención a disciplinas que le permitieron una formación particular en plástica, música e imágenes. Pero un tema excluyente la atrajo desde la niñez y pudo concretar esa capacitación estos últimos años, que le significó su trabajo profesional actual y es la tanatoestética. De su joven pero intensa trayectoria nos cuenta en esta charla profunda con LA PALABRA.
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archivo Erika Natalia Cardozo - Fotografía: Una de las pasiones de Erika Natalia Cardozo

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LP - ¿Qué nos podés decir acerca de tus gustos de la infancia?

E.C. - Dibujar. Desde que tengo memoria, desde los cinco años. En mis boletines desde el jardín y después en la escuela, siempre decía “se destaca por lo artístico”, “se destaca en artes plásticas”. Siempre lo mismo y por ese lado. Siempre me gustó dibujar, pintar, y ese tipo de cosas. O juntar ramitas y sacarle pegamento a mi papá para hacer barquitos, casitas, o con cajitas de fósforos. Cualquier cosa manual que podía tomar, la transformaba en algo. Por eso cuando terminé la escuela primaria, mi mamá me dijo: “mirá, encontré una escuela que es de arte y cerámica, que se dedican pura y exclusivamente a eso. A la mañana estudiás el bachiller común, y a la tarde estudiás el magisterio de plástica”. Hice dos años de la Escuela de Cerámica Fernando Arranz, nada más porque cuando estaba en segundo año, paralelamente empecé a estudiar piano. El lugar también es museo, hay esculturas, cuadros, vitraux, dibujos y todo lo relacionado con el arte plástico, muy lindo lugar. A mi mamá le gustaba mucho, a mí también. Y me dijo: “hay un conservatorio de música”. Ella donde veía el arte averiguaba y me mandaba, siempre me impulsó y me ayudó en ese aspecto por suerte, porque a otros compañeros he visto que no los alentaban o que los obligaban. No fue así en mi caso. Era el Conservatorio Juan Pedro Esnaola. 

LP - ¿Te formaste en piano?

E.C. - Estudié cinco años en el conservatorio, pero tampoco lo terminé. Me encanta, realmente me encanta mucho, amo la música, pero no me veía de alguna manera profesionalizada en la música. Mi vida siempre fue una búsqueda de lo que trataba de ser y sentir, y hacer. Me gusta muchísimo dibujar, hacer, con el piano di clases particulares y veía que a los niños a los que les enseñaba aprendían. Eso fue a mis dieciséis años.

LP - Faltaba terminar el secundario.

E.C. - Después de eso dejé el conservatorio además porque no me daba el tiempo, tenía que terminar el secundario que para mí era lo más importante sinceramente. Y empecé a trabajar por primera vez a los veinte años. A la tarde el conservatorio, a la tarde noche el secundario y a la noche trabajaba. No me daba el cerebro. Estuve siempre averiguando también porque paralelamente a la música y al arte cerámico me interesaba mucho lo que era la ciencia forense. Me encantaba, siempre me gustó. Averigüé en medicina, me anoté en la UBA, pero no me dio el tiempo, porque otra vez era trabajar, dormir o estudiar. Hice un par de cuatrimestres y dejé. Dije vamos a administrarnos de otra manera, ya tenía veinticuatro años. Trato de ingresar a la policía, en la Escuela de Criminalística Ramón Falcón para ser cadete. Una semana antes de rendir el examen físico -porque el otro examen era el intelectual- tuve un accidente con la moto que tenía, y estuve un tiempo sin poder caminar. Era el último año que podía ingresar por mi edad. Y dije no era lo mío. Sigamos buscando. Como me centraba la carrera de cerámica no terminada, el conservatorio de música no terminado, intenté medicina y no lo pude hacer, intenté lo de la criminalística y no pude entrar, digo vamos por los cursos, que te den un certificado, algo corto, y que de alguna manera me ayude a tener algo laboral, porque hasta ese entonces estaba trabajando en restaurantes, y no me gustaba, me preguntaba qué hago acá recibiendo maltrato de los clientes, de algunos compañeros, no quiero esto. Necesito que alguien me valore como ser humano, por mi trabajo y por lo que hago. Lo primero que me surge, por un regalo que me hicieron mis amigos, familiares, muchas personas que me quisieron en ese entonces, fueron cinco pinceles profesionales Mac de maquillaje. Dije: no puedo no hacer nada con esto. Me gustaba maquillarme y me decían que tenía que hacer algo con el maquillaje. Me apoyaron y me incentivaron a empezar con el tema. Averigüé y terminé anotándome en la maestría de maquillaje que duró un año donde te enseñan todo y te daba salida laboral en una cadena profesional con un certificado. Aprendí maquillaje para novias, para quince años, para madrinas, social, y las sensaciones para efectos especiales que es lo que a mí más me gustaba porque es la posibilidad de crear algo. Me gustaba eso, poder crear un personaje, lo que yo quisiera. Me transformaba en lo que quisiera hacer. Ahí estuve aprendiendo un año, estuvo muy lindo. Y después salió otra cosa con la fotografía. Tenía algún contacto con amigos. Y pensé que para evitar el costo de una serie fotográfica cada vez que me hacía un maquillaje, siendo muy autogestiva como siempre, decidí hacer el curso de fotografía. Compré una cámara sencilla para empezar y empecé a combinar maquillaje con fotografía y video. Sin darme cuenta empecé a ingresar a otro mundo, y hoy para mí es muy importante la fotografía y poder ver el resultado de que realmente se vea bien el trabajo de maquillaje con todos los pasos. Esto lo fui logrando con todos mis trabajos paralelos que me permitieron pagarme cada uno de los cursos. Siempre fue así.          

LP - ¿Pudiste ingresar al mundo de la fotografía?

E.C. - Un conocido me ofreció ir a sacar fotos a recitales de música, y así fue que fui aprendiendo lo que era ese ambiente y fui adquiriendo experiencia. Pero seguía teniendo el tema forense en la cabeza. Y decía, algo tiene que existir, alguien tiene que preparar estéticamente a un fallecido.

LP - ¿Te hace llorar alguna situación de tu trabajo funerario?

E.C. - Nunca he llorado. No soy apática, todo lo contrario, soy muy empática. Pero tengo lo que llaman inteligencia emocional que es estar ante una situación muy complicada y muy difícil, y poder justamente controlar las emociones que uno tiene. Porque si a la familia que ya está muy complicada con la situación uno la afecta de manera muy personal, se complica del todo. No obstante, me he quedado con la cabeza pensando un buen tiempo en algunos casos.  

LP - Un trabajo así seguramente te exige llevar a cabo otras actividades que compensen y distraigan. La música ocupa tu tiempo también.   

E.C. - Claro. Amo la música. Me gusta explorar todo. Además del piano me compré un ukelele que suelo tocar cada tanto. Mis conocimientos académicos me permiten buscar y seguir descubriendo cosas nuevas. Entiendo el lenguaje musical. Me compré una flauta traversa que me encanta y tomé algunas clases. Ahora estoy incursionando con un saxofón, instrumento que conozco desde mis estudios.

LP - En la actualidad te encontrás con un mundo que es el que fuiste buscando por muchos años. ¿Qué reflexión te merece?  

E.C. - Me siento muy orgullosa. Si bien fueron diez años de mi vida en los cuales estuve buscando, era como frustrante, pero a la vez nunca consideré que haya sido tiempo perdido porque aprendí. Porque para mí, aprender es muy importante por más que no haya tenido el título. Fue muy importante poder haber estado un tiempo, los años que sea, en algún lado y haber aprendido. El hecho de nutrirme culturalmente e intelectualmente es muy importante. De repente de lo que me gusta además poder tener un rédito económico para mí es un logro. Sí lo destaco mucho y me gustaría poder seguir estudiando más. Tengo pensado hacer otros cursos y siempre ir creciendo. Me encanta. Quiero ser evisceradora que es el asistente del forense que ayuda a hacer las autopsias. Veo que todo lo que voy haciendo me está dando unas satisfacciones muy grandes.

por Raúl Vigini

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