Las lluvias de don Florencio y una leyenda

Información General 18 de enero de 2020 Por
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No podía ser de otra manera… a pocas horas de finalizado el año 2019 ya se hizo presente don Florencio Racca con su habitual informe anual de lluvias sobre Rafaela. Desde su “mini observatorio meteorológico” de calle Rivadavia estuvo registrando las precipitaciones pluviales (tal como lo viene haciendo desde hace años) anotando meticulosamente desde pequeñas garúas, lloviznas, chaparrones o lluvias hasta, llegado el caso, de algún diluvio si lo hubiese habido. Y todo para que finalizado el año tuviésemos a la vista los números que muchas personas esperan… con el agregado de esos amenos e interesantes datos complementarios que siempre nos da a conocer nuestro amigo. Vamos a leer entonces que nos cuenta don Florencio del año que pasó:

En el mes de enero de 2019 se registraron 14 lluvias sumando 214mm.
En febrero fueron 4 las lluvias sumando 55mm.
En marzo fueron 6 las lluvias sumando 93mm.
Abril registró 8 lluvias con un total de 119mm.
Mayo aportó 7 precipitaciones que sumaron 107mm.
En junio fueron 4 lluvias totalizando 22mm.
En julio apenas 1 lluvia que sumó 45mm.
En agosto solo 2 precipitaciones sumando 21mm.
Setiembre aportó 1 lluvia de 67mm.
Octubre presentó 9 lluvias sumando 44mm.
Noviembre en 7 precipitaciones se anotó con 101mm.
Diciembre cerró el año con 6 lluvias que sumaron 165mm.
Resumiendo: en el año 2019 se generaron 69 precipitaciones
que dejaron un total de 1053mm. de agua caída sobre la ciudad.
El primer chaparrón de 2019 fue el jueves 3 de enero (10mm.) y el
último se registró el domingo 29 de diciembre (13mm.)
Para comparar: en el año 2018 llovieron 830mm, en 2017 fueron
999mm, en 2016 se contabilizaron 1338mm. y en 2015 1287mm.
Durante el año que pasó en los días 1 llovió dos veces, en 2 una vez, en 3 tres veces, en 4 cuatro, en 5 dos, en 6 una, en 7 dos, en 8 dos, en 9 cuatro, en 10 una, en 11 dos, en 12 dos, en 13 dos, en 14 tres, en 15 cuatro, en 16 dos, en 17 tres, en 18 tres, en 19 una, en 20 tres, en 21 dos, en 22 dos, en 23 una, en 24 dos, en 25 cinco, en 26 dos, en 27 dos, en 28 cero, en 29 dos, en 30 tres y en 31 una vez. Don Florencio destaca que en los doce meses del año que pasó los días número 28 jamás recibieron una precipitación pluvial.
Los días de la semana fueron favorecidos durante el año 2019 con lluvias que se distribuyeron de la siguiente manera; los domingos 9 veces, los lunes 12, los martes 10, los miércoles 7, los jueves 12, los viernes 9 y los sábados 10 veces.
El mes menos lluvioso fue agosto (21mm.) y el de mayor precipitación fue diciembre (165mm.). El mes en que más veces llovió fue enero con 14 lluvias, en cambio en julio solo llovió una vez. Extrañamente durante el mes de octubre hubo 9 días lluviosos que apenas sumaron en total 44mm.
La lluvia más abundante se registró el sábado 14 de diciembre con 100mm. Se anotaron las menores en enero, febrero, marzo, abril y mayo con precipitaciones de apenas 1mm. en cada uno de los casos.
Durante el mes de abril hubo una serie de lluvias durante cuatro días seguidos, a saber los días 24 (48mm), el 25 (20mm.), el 26 (2mm.) y el 27 (1mm.) y en junio otra seguidilla en los días 15 (5mm.), 16 (7mm.), 17 (5mm.) y 18 (5mm.). Los meses que recibieron más de un centenar de milímetros fueron enero (214mm.), abril (119mm.), mayo (107mm.) y diciembre (165mm.).
Y así pasó otro año de precipitaciones sobre Rafaela en un informe bien detallado por nuestro amigo “meteorólogo”. Pero hay un dato que estoy seguro que don Florencio no sabe; es el de como nacieron las lluvias. Según cuentan los ancianos de la comunidad indígena Wichí, habitantes de nuestro Chaco, Lluvia era un hombre hecho de agua que merodeaba por la tierra y dejaba a su paso grandes inundaciones. Dicen que un día Lluvia fabricó una buena cantidad de aloja, es decir cerveza de algarroba, y entonces fue que convidó a amigos y conocidos a una gran fiesta en el monte. El principal invitado, por supuesto, fue el héroe civilizador de los Whichís llamado Tokjuaj. El problema surgió cuando Tokjuaj se presentó al evento (no se sabe porque) con ropa vieja, rota y sucia. Esto motivó el enojo de Lluvia que llegó a insultarlo por considerar esa presentación como una ofensa a él y a sus invitados. Tokjuaj, callado, volvió a su casa y se cambió de ropa. Retornó a la fiesta vestido de negro, chaleco con polícromos bordados, sombrero aludo, un cinto con monedas y botas lustrosas con espuelas de plata. Esto suscitó la lógica admiración de los presentes y más de las mujeres que comenzaron a suspirar por él. Rebasó entonces el nivel de agua de Lluvia y con los celos a flor de su húmeda piel esperó una distracción de Tokjuaj para dispararle un rayo. Este, de reojo, lo vio venir y se hizo a un lado por lo que el rayo acertó a darle a un árbol, partiéndolo. Tokjuaj, haciendo uso de sus poderes, arrancó una rama de ese árbol y lo transformó en un arma disparándole a Lluvia dos tiros (en defensa propia, claro está). Fue entonces cuando Lluvia, asustado, montó en su mula y huyó perseguido por Tokjuaj. Cuando este lo estaba por alcanzar y para salvar su mojado pellejo, el hombre de agua trepó con mula y todo a la más alta rama de un árbol y de allí, en un prodigioso salto, alcanzaron ambos el cielo donde se quedaron a vivir para siempre. Tanto es el miedo que le tienen a Tokjuaj que Lluvia anda desde entonces de un lado para otro por el cielo dejando caer por los muchos y largos flecos de su poncho los aguaceros que riegan la tierra, casi siempre acompañado por los truenos que provoca su mula al trotar y patear entre las nubes. Cada tanto se asoma para ver si viene Tokjuaj; los ojos de penetrante mirada de Lluvia provocan relampagueantes reflejos que iluminan la tierra y cuando se despiertan nuevamente sus celos no olvida disparar poderosos rayos dirigidos a la tierra.
Don Florencio; si los ancianos Wichís lo dicen, así ha de ser nomás…



Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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