Los rosarios del Papa

Nacionales 15 de enero de 2020 Por
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Merced a la visita al Vaticano del obispo castrense de la Argentina, Santiago Olivera, el papa Francisco les envió rosarios a los militares detenidos bajo cargos de crímenes de lesa humanidad, y otra vez profundizó la grieta que divide a los argentinos, y que tal van dándose las circunstancias, será muy difícil por no decir imposible, que alguna vez se solucione, al menos dentro de las actuales condiciones y con protagonistas que declaman en un sentido pero actúan de manera opuesta.
Lo expresado es al menos la perspectiva que existe dentro de la política, extensivo hacia todos los demás planos, aunque con diferentes grados de responsabilidad, pues por cierto es mucho mayor la de los gobernantes, dirigentes y políticos de todos los niveles, por sobre la de los ciudadanos rasos, que sólo responden por sus actos individuales, casi siempre alejados de tener demasiada influencia e impacto en el resto, tal como sucede por ejemplo con las declaraciones y acciones de quienes gobiernan, legislan o imparten justicia. Aunque en realidad, tales identificaciones al momento de los hechos y la realidad tengan sólo un valor simbólico.
Quien pudo haber tenido un rol protagónico en el cierre de la grieta instalada desde años en el país era el Papa, pero nunca alcanzó a cumplirlo de la manera esperada, generando en cambio constantes polémicas entre las partes divididas.
Más aún, con algunas de sus acciones y declaraciones se ubicó de uno de los lados, formando en consecuencia parte de la división.
En ocasión, la entrega de rosarios a militares presos por crímenes de lesa humanidad, volvió a impactar muy fuerte, generando una clara división, estando quienes sostienen que de ningún modo debieron tener ese destino los rosarios en cuestión, en tanto desde la otra postura se asegura y tal vez con razón que el Papa alberga a todos los católicos y el envío de rosarios tiene por objetivo único el invitar a sus receptores a la oración.
Pero entonces ese mismo criterio debió emplearse cuando en la Santa Sede fueron recibidos integrantes de los distintos gobiernos, a los que podría diferenciarse simplemente como neoliberales y progresistas.
Las posturas del Sumo Pontífice fueron diametralmente distintas sean unos u otros, lo cual generó reacciones absolutamente adversas que no hicieron otra cosa que profundizar la grieta.
Hubo hechos puntuales muy recordados y de sonora repercusión en cada momento, como el rosario a Milagro Sala justo cuando era condenada por la justicia, el gesto adusto al recibir al entonces presidente Mauricio Macri, las visitas a Roma de una lista de funcionarios y sindicalistas que terminaron encarcelados por corrupción.
Seguramente el tema tuvo, tiene y seguirá teniendo defensores y detractores de ambas posturas, que algunos rechazan y otros en cambio enarbolan como una realidad incontrastable, lo cual no hace más que sostener la grieta tan abierta como desde su comienzo, y que dadas las circunstancias aparece muy complicado que pueda ser superada. Al menos por esta serie de episodios que en nada contribuyen, sino todo lo contrario.
La determinación papal de no visitar la Argentina desde su designación al frente de la Iglesia Católica, incluso en aquella oportunidad que sobrevoló nuestro suelo al viajar a Chile -cuando además hizo llegar un saludo a los argentinos, escrito en inglés-, fue un gesto que mereció distintas interpretaciones y que en definitiva pudo ser un paso hacia la búsqueda de la reconciliación, pero que Francisco nunca estuvo predispuesto a dar. Tal vez haya tenido razón, pero nunca podrá ser comprobado.
La Argentina, al menos los católicos con mayor fervor, sigue aguardando la visita del Papa y también sus gestos en favor de la reconciliación.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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