Carta de Lectores

Carta de Lectores 12 de enero de 2020 Por
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Bomberos Voluntarios

Sr Director:

La ley provincial de Bomberos Voluntarios N°12.969 sancionada en 2009 -en su artículo 2-, determina que, en cuanto a su organización, las Asociaciones de Bomberos Voluntarios se organizarán como Personas Jurídicas, conforme a disposiciones vigentes, siendo su obligación la obtención y mantenimiento de los recursos materiales y la capacitación de los recursos humanos para el cumplimiento del servicio.
De esto se desprende que las respectivas comisiones directivas, aquellas elegidas por los asociados quienes delegan en ella el mandato de la dirigencia, son las encargadas de gestionar -conseguir- y administrar dichos recursos; no siendo el estado provincial el proveedor de los mismos como ocurre con otras fuerzas.
Las asociaciones de bomberos voluntarios no tenemos cooperadoras. Las personas que pagan una cuota societaria -si bien es cierto que esa metodología es una de las formas genuinas con la que contamos como forma de captación de recursos económicos-; son en realidad los verdaderos “dueños” de la institución ya que conforman la masa societaria que hace a la “asociación”.
Siguiendo con la ley 12.969, en su artículo 7, dice que: “el Estado Provincial reconoce el carácter de servicio público a las actividades específicas de los cuerpos activos de las Asociaciones de Bomberos Voluntarios que, como personas jurídicas de bien público y sin fines de lucro, funcionen en todo el territorio provincial”.
Servicio público son las actividades que órganos públicos o privados realizan para dar satisfacción en forma regular y continua a cierta categoría de necesidades de interés general.
Las asociaciones de bomberos voluntarios somos asociaciones civiles -privadas en este caso que nos encargamos de manera regular y continua de socorrer y/o ayudar a las personas y salvaguardar sus bienes en virtud de algún siniestro. Por esto, los bomberos voluntarios somos servidores públicos.
En razón de que trata de satisfacer una necesidad pública, el servicio público que prestamos los bomberos voluntarios debe cumplir con las características de generalidad -se brinda a todas las personas y/o instituciones que lo necesiten-, uniformidad -sin distinciones de ninguna naturaleza-, regularidad –mediante técnicas específicas y conforme a protocolos de acción preestablecidos- y continuidad.
De estas cuatro condiciones, la más importante es la de la continuidad, la cual no significa que la actividad sea ininterrumpida, sino tan sólo que satisfaga la necesidad pública toda vez que ella se presente. Pero a todo esto, el Estado nos impone otra condición: la de la carga pública; entendiéndose ésta como la prestación real o personal, irrenunciable y gratuita en beneficio del propio Estado.
El art. 23 de la ya citada ley 12969 nos dice que: “Los miembros de los Cuerpos Activos están obligados a acudir inmediatamente en caso de alarma a cualquier hora del día y salvo caso de enfermedad u otro de plena justificación. A tales efectos, se considera la actividad como una carga pública.”
¿Puede la gente tomar real dimensión de todo esto? ¿Se entiende que estamos hablando de personas comunes, con trabajos comunes -cuentapropistas, empleados, obreros, docentes, amas de casa… algunos estudiantes- que de forma totalmente GRATUITA y ante el pedido de auxilio de un conciudadano acuden en su ayuda?
Cuando estamos trabajando, algunos dejamos lo que estamos haciendo -con todo lo que eso implica en el actual contexto!-; cuando estamos descansando, postergamos esos minutos para otro momento… cuando estamos en algún evento familiar… nos lo perdemos -y eso si no lo recuperamos más-… ; y no solo eso; también arriesgamos mucho en cada alarma… por ejemplo la vida -nada más ni nada menos-… yendo al cuartel para pertrecharnos; de camino al
siniestro, o en la intervención propiamente dicha; porque algunas veces la cosa se pone realmente espesa; nuestro ámbito de trabajo -si bien es siempre variado- es generalmente hostil y con un sin número de riesgos que obviamente debemos controlar y para eso nuestra capacitación y equipamiento.
Para el que nos necesita, en muchas oportunidades somos su última chance; eso sin contar el estrés, la presión, el miedo -porque nosotros también tenemos miedo-, la preocupación por lo que dejamos de hacer, por nuestras familias, por no volver a verlos...
Por todo esto que trato de resumir en estas pocas líneas, me entristece realmente cuando se habla u opina de los bomberos voluntarios con tanta liviandad o desconocimiento. En estos últimos días y en virtud del proyecto de ordenanza aprobado por la totalidad de los concejales y vetado por el Sr. Intendente Municipal, he escuchado expresiones tales como “es una barbaridad tanto dinero para los voluntarios”… “es una fortuna todo ese dinero en un año”… Si cuando hablamos y presentamos la problemática en la que nos encontramos fuimos con necesidades concretas y presupuestos de proveedores vigentes… si todos saben que el equipamiento que usamos es importado y su precio es equivalente en dólares… ¿dónde está la raya divide lo razonable de lo descabellado cuando los costos son los que son, y en medio está la integridad física de los bomberos?
Con discursos más o menos elegantes todos valoran y respetan nuestra función; pero así como nos respetan con las palabras, también pretendemos nos valoren y respeten con las acciones. Los bomberos voluntarios somos una institución dentro de la ciudad, pero no somos una institución más: somos distintos. Hay otras que también ponen en juego su vida en beneficio de la comunidad -policías, bomberos de la policía, gendarmería, personal sanitario-; pero nosotros no solo asumimos ese riesgo sino que además lo hacemos GRATIS… y en eso no hay comparación posible con ninguna otra. Para que quede claro… quienes trabajan ad honorem no arriesgan mucho… y quienes si lo hacen no lo hacen gratis. Por eso no consideramos que estamos todas las instituciones que conforman el universo de las ONG de Rafaela en el mismo plano de igualdad para requerir de forma igualitaria el beneficio que, repito, fue aprobado de forma unánime por los concejales -previas discusiones y ajustes- y posteriormente vetado por el titular del Ejecutivo local.
Y respecto de esto hago una salvedad para que no haya malos entendidos. Aquí no estoy cuestionando la necesidad de que los bomberos voluntarios recibamos un sueldo… porque no es lo que pretendemos ni en lo personal lo que deseo. Acá estamos debatiendo que la institución posea los recursos suficientes para que a ese bombero, que trabaja de forma
abnegada y voluntaria, lo haga de forma segura y con las herramientas necesarias y en condiciones para que su labor sea efectiva y así pueda brindar un servicio de calidad, esto es: salvar más vidas, proteger más bienes, asegurándose el regreso a casa.
Cuando en los considerandos del veto de la ordenanza, el Sr. Intendente expresa que la condición de arriesgar la vida no alcanza para justificar la diferenciación con otras instituciones locales como para hacerse acreedor único de ese beneficio me deja sin palabras… ¿Cuál es la vara?¿ Cual sería una condición a tener en cuenta para obtener ese beneficio? ¿Qué más podemos ofrecer o arriesgar? ¿Existe algo que otorgue más mérito? Sinceramente lamento mucho que eso no le alcance o sea suficiente, por el momento es lo más importante que nosotros y nuestras familias le podemos ofrecer.
También hemos escuchado opiniones respecto de por qué la existencia de dos cuarteles de bomberos en la ciudad de Rafaela… habiendo ya un cuartel de bomberos de la policía de la provincia desde hace muchos años. Los bomberos voluntarios de Rafaela surgimos en 2009, luego de que se sucedieran en la ciudad incendios en los que hubo que recurrir a ayuda externa: me refiero a los incendios del depósito de cajones de la firma Ángel Aguilar e hijos; de la firma Limansky (30/12/08 y 16/01/09), y al del depósito de Cablevisión (15/02/2009).
Recuerdo con mucha precisión el primero de Limansky ya que los bomberos voluntarios de Sastre y Ortiz me permitieron ser parte de la dotación que trabajó en esa ocasión. En esa oportunidad vinieron a nuestra ciudad no menos de 25 dotaciones de bomberos de cuarteles de la zona incluso de la ciudad de San Francisco.
Casi 10 años después, tuvimos un incendio de similares características a la que tuvieron que asistir 19 cuarteles de voluntarios de las regionales 1, 3, 4 y 5 de la provincia de Santa Fe. En término de bomberos, Rafaela no cuenta al día de la fecha con los recursos físicos y humanos como para hacerle frente a un evento de la magnitud de Sueño Dorado sin recurrir a la colaboración de cuarteles de localidades vecinas y/o de la región. Las pruebas están a la vista. El detalle de necesidades y la realidad que informamos oportunamente al Sr. Intendente y a los concejales hablan de ello; y no de ahora, sino de un año atrás y más aún todavía… en donde en varias oportunidades manifestamos nuestras necesidades las cuales se han ido agudizando a medida que iba pasando el tiempo.
¿Es ilógico pensar en tratar de valernos por nosotros mismos? ¿Por qué no ponernos por delante de la pelota y dejar de especular con qué recursos que son de otras localidades y que están para proteger a las personas y los bienes de esas comunidades tengan que venir a darnos una mano en caso que ocurra algo aquí en Rafaela?. No quiero dejar de mencionar que los bomberos que han estado viniendo a ayudarnos pertenecen todos al sistema de voluntarios; por lo que a ellos los atraviesa la misma realidad que a nosotros sólo que quizá, por ser únicos en sus medios, cuenten con un mejor reconocimiento de sus comunidades y de sus gobernantes.
Nosotros no recibimos elementos de protección personal, ni vehículos, ni herramientas ni edificios de parte del estado provincial; como así tampoco nos reponen el combustible que gastamos. Todo tiene un costo para nosotros y quienes se encargan de gestionar o conseguir los recursos económicos para el funcionamiento del cuartel es precisamente la comisión directiva con la colaboración de los bomberos que conformamos el cuerpo activo mediante el aporte de los socios y cuanto beneficio, cena, fiesta, evento podamos generar. Este modo casi “folklórico” de financiamiento para los cuarteles funcionaba hace 30 o 40 años atrás o quizá sea el obligatorio para comunidades más reducidas; de hecho hubo cuarteles que compraron terrenos o edificios vendiendo empanadas o haciendo campañas como la “campaña del ladrillo”. Hoy es prácticamente imposible si pretendemos estar vigentes y responder a las demandas actuales en cuanto a emergencia se refiere.
Hace poco más de 20 años, los bomberos usaban sacos de cuero y pantalones de grafa, ingresaban a las casas con un pañuelo húmedo cubriendo sus bocas y narices, usaban botas de goma como las de lluvia y viajaban de forma muy precaria o sencillamente colgados en la parte posterior de camiones que tenían todos los años encima. Eso, hoy, es inadmisible, inaceptable desde ningún punto de vista. Las sociedades -sobre todo aquellas pujantes como la de
Rafaela- han ido evolucionando al igual que sus mapas de riesgo. Hoy, éstos son mayores que hace un cuarto de siglo atrás, las ciudades son más grandes, la densidad de población es mayor, las industrias son más variadas y complejas, el tránsito vehicular es más veloz e intenso, un sin número de materiales nocivos para la salud circulan por nuestras rutas o calles, etc.
La seguridad del bombero voluntario siempre es la prioridad; primero porque el capital humano es el recurso más valioso e importante con el que contamos; y luego porque ese bombero tiene que estar sano, íntegro, entero para cumplir su encomiable función que es la de velar por su comunidad y volver a su casa para continuar con su vida y su trabajo.
Salvemos la vida de los actuales 30 bomberos voluntarios… y la de los que van a venir después… y por transitiva y por efecto multiplicador la de todas las personas que en algún momento nos puedan llegar a necesitar. Los bomberos voluntarios estamos muy capacitados y somos tan profesionales como los zapadores de la policía; pero al igual que ellos tenemos que tener buenos equipos -nuestras vidas dependen de ello!- herramientas de calidad, vehículos suficientes y acordes a las emergencias que debemos atender…
Y como sociedad, debemos dejar de perder tiempo porque la necesidad es ayer y nadie, pero nadie, nos puede asegurar que de un momento a otro no se despierte el dragón.
Siempre orgulloso de mis bomberos.

Oficial Inspector Arq. Andrés Baldessari
Jefe de CA ABV Rafaela
DNI 24411619

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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