¿Cuánto cuesta cada cosa?

Suplemento Economía 05 de enero de 2020 Por Guillermo Briggiler
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En estos tiempos de inflación y de mercados intervenidos solemos escuchar la frase: Ya no sé cuánto valen las cosas.
Probablemente a muchos de nosotros nos ha ocurrido que al comprar determinado producto, al momento de pagar, nos ha resultado muy oneroso el precio que nos pasaron o lo contrario, esperábamos pagar más por el mismo.
Lo expresado tiene que ver con el concepto de valor que le damos a los bienes y servicios, el cual no tiene nada que ver con el costo de producirlo o prestarlo, ni tampoco precio por el cual se ofrece.
Es menester aclarar que el precio de un producto se fija independientemente del costo de producirlo. Lo repetiremos, el precio de un bien no es función de su costo. Este, el precio, es el resultado de la valoración subjetiva que el comprador, o conjunto de compradores, le dan a un bien o servicio, es decir lo que están dispuestos a pagar por él.
Contraponiendo a los compradores tenemos a los vendedores que fijarán el precio en razón del valor que ellos están dispuestos a recibir por desprenderse del bien o por prestar determinado servicio.
Cuando estos valores de comprador y vendedor se equivalen, tenemos el precio del producto. Observen que el costo no participó de este análisis, pudiendo venderse un producto muy por debajo de su costo, cuando la valoración por el mismo es escasa.
El valor, dada la subjetividad y heterogeneidad de los individuos, es relativo y diferente para cada persona, mientras que el precio es absoluto, lo determina el conjunto de compradores y vendedores al pujar por determinado bien.
Ejemplificando esto, puedo decir que el dibujo garabateado de mi sobrino de tres años, vale mucho para mí, aún más que una obra de un artista plástico consagrado internacionalmente, es más, algunas obras de arte pueden tener poco valor para mí, incluso parecerme feas o agresivas, pero poseer un precio exorbitante de comercialización. Así como el tierno dibujo de mi sobrino tiene un precio de comercialización cercano a cero.
Sin embargo, el Costo, es funcional a la oferta, aunque no es el componente más importante. Es decir no puedo ofertar un bien por debajo de su costo por mucho tiempo, ya que habrá desinversión y una vez amortizadas las fuentes de producción desaparecerán.
La confusión, entre precios y costos, radica en pensar que el vendedor compra un producto a determinado costo, le carga un margen y de ahí obtiene el precio. Esta confusión la vemos habitualmente también en aquellos que calculan costos en las empresas, principalmente industriales, quienes muchas veces utilizan ingenieros sin conocimientos de economía, quienes pueden calcular correctamente el costo, pero no podrán calcular el precio.
Veamos un ejemplo, supongamos que es domingo por la noche, víspera de feriado y se me ocurre que deseo comer un asado, debo comprar el mismo, concurro a una despensa que está abierta en ese horario. El costo de ese asado, para quien lo comercializa, es el mismo en cualquier día y horario, pero, varía la competencia, se adiciona el servicio de la puesta a disposición en ese día y la valoración que el comprador le va a dar al hecho de que satisfagan su necesidad fuera de horarios habituales, además lo que el despensero valora su trabajo por tener abierto a las 21hs un domingo, el cual es solo un valor personal, intrínseco y diferente al de otro individuo.
Atención entonces cuando muchos de los que conducen los destinos de la economía de nuestro país que suelen confundirse y decir que el despensero cobra mucho y quieren fijar precios a los productos.

#BuenaSaludFinanciera @ElcontadorB @GuilleBriggiler

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