Acabar con las obviedades

Suplemento Economía 01 de diciembre de 2019 Por
El país retornará a la senda del crecimiento si dejamos de imponer ideologías, optamos por la libertad de las personas, fomentamos el ahorro para canalizarlo a créditos para la producción y permitimos las inversiones en aquello que nos haga más competitivo.
Solemos acostumbrarnos a algunas cosas que luego se vuelven obvias. Es obvio que la mayoría de nosotros vea correctamente los colores, que caminemos a nuestras obligaciones sin mayores dificultades y que solo tengamos un resfrío de vez en cuando. Es tan obvio que muchas veces omitimos dar gracias a Dios por estas obviedades.
Cuando teníamos un país de analfabetos y nos hamacábamos entre la civilización y la barbarie, era obvio que quien nacía rico, sería educado y quien no, sería analfabeto. Sarmiento planteó la educación como responsabilidad del Estado y necesaria para democratizar a nuestro país en formación y encaminado hacia la libertad.
Ciento setenta años después, es obvio que la educación debe ser pública y gratuita. Pero les cuento que esto no es gratis, sino que la pagamos con los impuestos, lo que nos da derecho a exigir que sea de calidad y sin ideologías, a la vez que deberían proponerse opciones y no homogeneizar pensamientos, dado que el crecimiento estará en la discusión y la investigación.
Al apartarnos del Dios de los cristianos, el Dios de la libertad y comenzar a endiosar al Estado, le dimos el monopolio de la educación y nos quedamos a merced de las mayorías, o de los poderosos, que nos ideologizan en su beneficio, apartando a los padres del proceso educativo y quitándole posibilidad de elegir al uniformar contenidos, bajo la falsa obviedad que el Estado resolverá esta cuestión mejor que las familias. Esta obviedad se cae cuando descubrimos que el Estado es manejado algunos períodos por dirigentes con un contenido de ideas diferente al antecesor y luego puede cambiar por un tercero.
Así como Sarmiento abrió el camino a una educación laica, hoy debemos exigir una educación “laica de contenidos ideologizantes” y “laica de Estado”. De lo contrario se genera que quien opina de manera diferente a los contenidos inculcados, se encuentra además financiando con sus impuestos a estas ideologías.
Tenemos actualmente un tipo de cambio alto, el cual obviamente, genera beneficios en la balanza comercial que generará riqueza y empleo en el país, pero es obvio también que, el desequilibrio en la balanza comercial se irá corrigiendo solo, y si no se logran ventajas competitivas no monetarias, la inflación interna generada por el tipo de cambio artificialmente alto nos llevará al punto de inicio, haciendo desaparecer los beneficios iniciales.
También es obvio que la propuesta del presidente electo de otorgar créditos a tasas de interés menores a la inflación generará más consumo, pero también es obvio que si no aumenta la oferta de bienes producidos en el país, aumentará la compra de artículos importados y si se limita la importación, se generará inflación sobre los bienes demandados de producción interna. Los créditos deben ser encaminados a la producción, para aumentar la oferta de bienes que demandarán quienes participen del proceso productivo, tanto los empleos que esta producción genere, como los intermediarios que agreguen valor al proceso.
Es obvio que solo retornaremos a la senda del crecimiento si dejamos de imponer ideologías, optamos por la libertad de las personas, fomentamos el ahorro para canalizarlo a créditos para la producción y permitimos las inversiones en aquello que nos haga más competitivo para el mundo, como caminos, ferrocarriles y puertos, reduciendo impuestos para aquellas actividades que generen valor, dejando de recurrir a la magia monetaria de las devaluaciones.

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