Sensaciones y sentimientos

Sociales 26 de noviembre de 2019 Por
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NO TOMAR CON SODA AL ALCOHOL
Como el del consumo de alcohol es un tema que, si se ingiere, va rápidamente al cuerpo sin dar tiempo a considerar si lo fue en la dosis adecuada, conviene hacer una pausa y analizar la factibilidad del próximo trago.
Está asociado ancestralmente a la diversión. Los griegos, que nos dejaron más de una buena costumbre para convivir y organizarnos cabalmente –como grupo social y dentro de nuestra propia cabeza- también dieron categoría a un compañero sólo ocasional que, si lo pensamos bien, no hizo ningún mérito y quedó consagrado como un dios: el mismísimo Baco.
Como nuestros antiguos antecesores lo saborearon y dignificaron como aparece, así quedó la veneración hacia él, de tal modo que una zamba casi reciente dice “si el vino viene, viene la vida” y asimismo lo asocia al “pago”: “vengo a cantarte, tierra querida”. O sea, no sólo el canto y la diversión más genuina, sino también la pertenencia al suelo que nos vio nacer. De ese legendario comienzo quedó la idea de amistad necesaria y compartida: nosotros lo traemos y el vino ingresa a nosotros, flexible y triunfal.
Pero a los griegos les quedaba, después de la ingestión, el tiempo para reponerse y la capacidad de organizar sabiamente la vida interior y la otra, hacia sus vecinos de patria, originando filósofos con ideas profundas, muy fundadamente expuestas, y la organización de la vida política con sensatas bases de equilibrio: ellos no necesitaron que les reciten el ahora frecuente aviso de que se debe beber responsablemente, menos aún de la que recuerda que el alcohol al volante mata.
Los hijos adolescentes de los griegos de entonces tal vez no iban a los pic nics del día de la primavera, ni “festejaban” el uso de nuevos buzos estudiantiles, ni se preparaban para un encuentro con música y baile con una “previa” con el permiso generoso puesto por sus padres para alterar la paz de habitantes vecinos que resultan ser, más que participantes, víctimas. No se había acuñado todavía el dicho “¿cómo se van a divertir si no toman alcohol”?
¿O sí?
Los padres de hoy, participantes activos de la educación y protagonistas de la sociedad, ¿habrán dejado de tener en cuenta el daño que produce en los cuerpos en formación el consumo indiscriminado de alcohol? ¿habrán previsto que existen diferentes graduaciones en las bebidas y que muchas no deben mezclarse? ¿habrán olvidado que la mejor alegría es la que se siente con la mente lúcida? Finalmente ¿qué modo de ejercer la paternidad con amor es ese?
Corresponde también al resto de la sociedad ejercer la docencia, al igual que aquellos que tengan contacto con adolescentes, ya que también son seres pensantes y en condiciones de asimilar buenos conceptos de la necesaria salud. Tal vez el cuerpo no les pase ahora factura, pero más cerca de lo que muchos creen, sí lo hará.
También suele provocar el alcohol daños y muerte en jóvenes conductores de vehículos -propios o de amigos- mediante accidentes que podrían haberse prevenido controlando la cantidad a ingerir y bebida con el acompañamiento, muchas veces, de la indigna acción de darse a la fuga.
No somos griegos, no tenemos la base filosófica de entonces. Pero pasaron muchos años y accidentes con víctimas que se conducían responsablemente, como para entender que debe haber un necesario cambio en las conductas, incluso con o sin la ingestión de alcohol aportando, esto sí con la indispensable cuota y en medida grande de responsabilidad.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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