En busca de… Isaías “Yita” Nougués, dibujante

La Palabra 23 de noviembre de 2019 Por
El arte de pensar con rasgos Nació en 1930 y pertenecer a una familia tradicional de Tucumán le permitió conocer algunos espacios destacados de la sociedad, pero esa realidad también lo llevó a vivir momentos dolorosos. Con una vida plena dedicada al arte y al deporte, circunstancias de la vida lo involucraron en momentos cruciales que le fueron marcando un derrotero donde se encadenaban episodios que casi siempre eran consecuencia de una asociación de coincidencias. De su niñez en Tucumán, de la villa veraniega familiar, de su profesión, del dibujo, del rugby, y del culto a la amistad, como todavía profesa, nos habló en una charla inolvidable desde aquel bar porteño.
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1 / 3 - archivo La Palabra - Sabia charla: Mañana porteña de Isaías Nougués con LA PALABRA

LP - Muchas veces la infancia determina lo que seremos en la vida. ¿Cómo fue en su caso? 

I.N. - Mi infancia fue maravillosa. Con problemas, claro. Problemas que no tenían que ver conmigo, sino con toda la vida política porque mi padre, mi tío -mi abuelo era presidente del Ingenio San Pablo- estaban en partidos políticos distintos. Y eso creó mucha diferencia. Pero mi infancia fue entre trescientos primos. La Villa Nougués fue fundada por mi abuelo en el año mil novecientos cuatro. Y lo hace porque el hijo mayor de él era enfermo de los pulmones y le habían dicho que la altura le iba a hacer bien entonces lo llevó a pasar una temporada al puesto ganadero del ingenio que estaba a mil doscientos metros de altura. Como le fue bien con ello, hizo su casa a la que le puso Villa Juan Carlos Nougués. Al lado construye la casa para su hermano que en ese momento era gobernador de la provincia de Tucumán que también le pone a su casa Villa Luis F. Nougués. Se empiezan a vender lotes que eran lomas apenas, y uno lo recibe mi abuelo materno y dos de sus primos, que junto con mi abuelo son los fundadores de la Universidad de Tucumán. Por otro lado, mi viejo estaba muy metido en política con todas las alternativas que eso tenía, porque incluso sufrió sus atentados y cosas así cuando era diputado. Algunos de aspectos cinematográficos. Un día llegó con un corte en el pectoral. Resulta que lo habían querido acuchillar y como mi viejo usaba una libreta de direcciones en el bolsillo, le atravesaron la libreta con un puntazo. Y la libreta lo salvó.

LP - ¿En qué momento se dedicó al deporte?

I.N. - Fue en el año cuarenta y seis cuando empecé. Cuando jugaba, me gustaba dibujar pensando en la importancia que tenía el cuerpo. Las formas, las posiciones, cómo se para un tipo para patear, para pasar la pelota, entonces había adquirido una gran soltura. Era descubrir la importancia que tenían los pequeños equilibrios que después tienen que ver con el dibujo. Y tienen que ver con las formas. Y la arquitectura lo que me daba era la relación con el espacio. Porque en el rugby como en todo deporte lo que buscás son los espacios libres. Entonces en el arte, es en el espacio donde está el relato. No lo que dibujás, sino lo que queda afuera. Cuando hablamos de la importancia de la línea yo digo que es la piel del dibujo, porque después de esa piel está el infinito. Adentro estoy yo y afuera el mundo. Todas esas son cosas que enseñan a pensar. Estamos tratando siempre de que parezca realidad, resulta que la realidad no es tal. Por ejemplo, si marcás un punto con una tiza, y lo ampliás, hay grietas, porque en realidad lo que estamos buscando es qué hay detrás del otro lado. El arte no es para reproducir la realidad, para eso están las fotos. Lo real es lo que pasa adentro de uno. Y desgraciadamente lo que se enseña son métodos. Entonces si voy a estudiar con fulano me termino incorporando los vicios que tiene él.

LP - ¿Por influencias de quién llegó al deporte?

I.N. - Por mi padre. Que fue fundador del Club CUBA de Buenos Aires. Y fue uno de los iniciadores del rugby en Tucumán. Así que yo a través de eso tenía el deporte ahí pegadito.

LP - ¿Cómo evalúa la importancia de un deporte como el rugby?

I.N. - Creo que muchas de las virtudes no se están respetando. Lo viví porque jugué en Buenos Aires y fui miembro de la Unión de Rugby. Con los años empezó a prevalecer el negocio. Con la ropa deportiva, con los viajes al exterior. O avisos publicitando productos. Hoy en día el chico no quiere jugar en su club, quiere jugar primero en los seleccionados, y eso lo sustrae del club. Eso ha desvirtuado los campeonatos provinciales, se han suspendido los nacionales, quedan los campeonatos de clubes. Los otros rescataban regiones que no es lo mismo.  

LP - ¿Cómo vivieron el rugby de aquel momento?

I.N. - Lo vivimos con gran placer, porque era diferente. Hay una cosa, fíjate hoy la importancia que tiene el entrenador. Hoy hay que jugar como el entrenador quiere, no como vos sabés. Nosotros jugábamos como sabíamos, leíamos El Gráfico para informarnos. Le hice traducir a mi vieja un libro en inglés donde había un fullback que pateaba muy bien. Entonces me pasaba horas enteras ensayando cómo pateaba ese tipo. No desarrollaba la totalidad del juego en equipo, pero desarrollaba aptitudes personales. Entonces hoy día juegan bien, pero no encontrás alguno que sea diferente por algo. Hoy se ha hecho el juego no para los que juegan sino para el público. Está más cercano al espectáculo, y eso se ha tomado del fútbol americano. Antes se jugaba más, aunque quizás menos rápido para el espectáculo. Cuando vinieron los irlandeses a jugar acá, los medios de Pucará eran del seleccionado argentino, jugadores de básquet porque les gustaba, entonces entremetieron todas esas cosas de cortinas, del básquet y los volvieron locos. Pero eran ellos, donde está lo personal, cuando marcás de esa forma, estás encerrando, estás cubriendo, estás protegiendo, quiere decir que cada forma es parte de un lenguaje, de un espacio. De pronto hoy el aprendizaje del arte es pintar mamarracho. Pero ¿por qué? Porque primero para poder dibujar bien tenés que saber dibujar, aunque no seas un gran dibujante. Porque la línea te va estableciendo límite. Cuando empiezo a pintar mamarracho no establezco nada. Puede ser simpática de colores o de lo que fuere, pero ya no es una búsqueda. Como decía Picasso: “Yo no busco, sino que encuentro”. Pero encontraba con conocimiento. Todas las cosas terminan reflejando en la sociedad. En el deporte y en el arte es lo mismo. A medida que al deporte le vas quitando las posibilidades de encontrar espacio se va haciendo más torpe. Pasa con los políticos que hablan y no encuentran el espacio, porque no saben dónde patear. Pero en la grieta no quiere buscar nadie.

LP - ¿Podemos con una anécdota resumir su trabajo con el arte y el pensamiento? 

I.N. - Hablando cómo se entrecruzan las cosas, estaba por hacer una exposición en el Centro Cultural Recoleta, sobre mitos y leyendas del Noroeste, entonces le pedí a Bernardo Canal Feijóo que me hiciera él la presentación en el catálogo. Cuando fue a mi casa a ver los dibujos que yo tenía, de pronto se puso a separar algunos. Y me dice que en algunos hay una luna, justamente en aquellos relatos o mitos que son mitos lunares. Y me pregunta si yo lo sabía. Le dijo que no pero que lo había leído. Y me acordé que muchas leyendas las había escuchado justamente en el campo de una cocinera vieja que había en mi casa. Esos relatos los ponía de noche y entonces ponía la luna, pero resulta que empezaba a poner la luna porque yo tenía la formación de arquitectura y lo hacía para equilibrar cosas. Con él hablamos del mito de la viuda que tenía que ver con la Salamanca. La Salamanca servía para los que se acercaban al demonio para pedirle poderes. Había la historia de un tipo que quería el poder, y una de las condiciones era tener relaciones con la madre, y allí aparece toda la cosa edípica, y la mulánima. Y la historia de la viuda es que iba de pueblo en pueblo buscando a su hijo que había escapado después de tener relaciones con ella, entonces en la entrada del pueblo siempre estaba la viuda preguntando por su hijo, y esperando a su hijo. Y otra vez tenemos la urdimbre de que todo tiene relación y se entrecruza.

LP - Llegar a su edad con la memoria intacta ¿qué balance le permite hacer?

I.N. - Que queda todo por descubrir. Estoy escribiendo y encontrando cosas. De pronto en una palabra descubro cosas y aprendo cosas. Es decir que ya no es escribir sino dedicarme a buscar que es realmente apasionante.

por Raúl Vigini

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