Arturo Puig: sus confesiones al cumplir 75 años

Información General 18 de noviembre de 2019 Por
Estuvo prohibido en la dictadura y conoció la popularidad en el teatro de la mano de Susana Giménez. No recuerda cuándo se casó, pero está en pareja hace cuatro décadas con Selva Alemán. Figura del espectáculo argentino, perdió en su primera nominación a los premios Martín Fierro ante el Topo Gigio
FOTO TELESHOW// ARTURO Y SELVA./ Una pareja de cuatro décadas.
FOTO TELESHOW// ARTURO Y SELVA./ Una pareja de cuatro décadas.


Por Pablo Riggio

Cumple 75 años, lleva 52 de carrera, 45 en pareja -no recuerda con precisión cuándo se casó-, trabajó en más de 30 ficciones y tiene tres grandes amigos del medio. Números azarosos con el simple objetivo de adornar la escena que lo encuentra -cuándo no- a Arturo Puig en el centro. Actor, director y cantante, uno de los artistas más destacados del ámbito local, por eso él mismo se define como un “hombre del espectáculo argentino”. Y no es para menos: con su papel protagonista en Grande, pá! se convirtió en uno de los galanes más queridos por el público y rompió todos los récords de audiencia de las ficciones argentinas, alcanzando los 63 puntos de rating. Pero él es mucho más que aquel personaje. Sigue trabajando hasta el día de hoy, y se ríe al ver sus propias películas en Volver.
Arturo José Alberto Puig Petrosini, tercer Arturo en la línea sucesoria familiar, nació el 17 de noviembre de 1944 en Belgrano, barrio en el que sigue viviendo. Sus fines de semana en el club Harrods Gath & Chaves jugando a la pelota paleta y al tenis desarrollaron cierto interés por el deporte, pero no tuvieron el mismo golpe de efecto que las tardes de hasta tres películas en continuado con su madre. Ella, cinéfila, lo llevaba al Savoy y al General Paz, y no le costó transmitirle su pasión. Aunque, paradójicamente, la historia dirá que fue el arte que menos abordó, en comparación con la televisión y el teatro.
Siendo tan solo un niño despuntaba el vicio de la actuación en el emprendimiento que importó su bisabuelo desde Cataluña: Utilería Puig, una pequeña empresa pionera en el país, que abastecía de todo tipo de elementos al cine, el teatro y la televisión. Entre armas, espadas y otros instrumentos, el pequeño Arturo jugaba a interpretar todo tipo de personajes.
Sus primeros papeles fueron bastante pequeños, en algunos ni siquiera tenía guión. Hasta que trabajó en la obra El tema eran las rosas, y empezó a recibir llamados para trabajos más importantes. Algunos de los títulos en los que trabajó por aquellos años en televisión fueron Los Campanelli (1968), Estrellita, esa pobre campesina (1969), Alta comedia (1971) y Carmiña (1972); y en cine Los muchachos de mi barrio (1970), El veraneo de los Campanelli (1971), He nacido en la Ribera (1972) y Los días que me diste (1975). Nominado a los premios Martín Fierro en 1973, perdió en la terna a la “revelación” frente al Topo Gigio.
Fue en las grabaciones de Fernanda, Martín y nadie más (1974) que conoció a Selva Alemán. Según sus propias palabras, el “flechazo” fue inmediato. Ambos estaban casados por aquel entonces, él tenía, además, dos hijos de aquel matrimonio. Pero llegó un momento en que lo que ocurría entre ellos no podía esconderse debajo de la alfombra y la actriz sugirió encontrarse en una confitería para charlar sobre su futuro. A pesar de que no era fácil por aquel entonces -tanto por una cuestión legal como por la opinión pública- decidieron empezar una vida juntos.
En épocas de la última dictadura militar, como no estaban divorciados de su matrimonio anterior, la Ley no les permitía adoptar. Sin embargo, les llegó una propuesta del Interior del país para hacerlo, que finalmente no aceptaron. “Nos ofrecieron desde una provincia... Teníamos muchas ganas de adoptar pero lo pensamos bien y nos dio no sé qué. Por suerte tuvimos la lucidez de no hacerlo, porque hubiera sido tremendo”, contó al respecto Puig en una entrevista con Teleshow el año pasado.
Y agregó: “No era una cosa legal, era medio raro, había viajar, pagar… No era el hecho de pagar, sino que era todo medio raro. Entonces preferimos no hacerlo”. De todas formas formaron una familia ensamblada que se ha agrandado con dos nietos.
Después de “muchos tratamientos y frustraciones”, hace unos años la hija del actor comenzó con los trámites para adoptar. Pero en la Argentina es un proceso muy dificultoso. “Entonces, se enteró por otra pareja que se podía adoptar de una manera muy legal, muy lícita, en Rusia. En el primer viaje la acompañamos con Selva y empezó el trámite. Después se fue con su marido. Hay un juicio tipo película, donde están ellos dos con el juez y con toda una especie de corte, hasta que aprueban darles a los chicos. Y en el tercer viaje sí los conocen, están muchos días en el orfelinato”, contó Puig a Teleshow sobre el largo camino que llevó hasta la adopción de Nicolai y Elizabeta.
“Fueron tres años. Hubo un momento que fue tremendo porque los rusos son muy escuetos y muy fríos, entre comillas. Hay una gestora que habla castellano, porque si no el ruso es imposible. Esa mujer te manda un mail y te dice ‘en una semana tienen que estar acá’. Es así, ¡tac! y tenés que dejar todo. En un momento aparecieron los chicos: en general son hermanitos, es muy difícil que sea uno solo”, detalló.
Puig se emociona al hablar de sus nietos: “El abuelazgo me mata… Además van al colegio a la vuelta de mi casa y prácticamente vienen todos los días. Se quedan a dormir. Les enseñé a nadar en la pileta y después los llevaba a natación. Es maravilloso”.
Volviendo al relato cronológico, el reconocido actor vivió un momento muy difícil en lo profesional durante la última dictadura. Según su testimonio, formó parte de las llamadas listas negras y durante varios años no tuvo trabajo.
“En aquel entonces vivía cerca de Piero, éramos muy amigos. Un día lo llamó la hermana y le dijo: ‘Por favor andate a otro lado porque te están buscando para chuparte’. Entonces Piero me llamó y le dije: ‘Venite a casa’. Se vino, estuvo una semana y después de que hiciera contactos en España lo llevamos camuflado a Ezeiza. Cuando volví, me acuerdo que dije ‘en cualquier momento acá nos pasa algo’”, recordó durante una visita al programa Incorrectas.
Siguió con su relato: “Después empecé a ver que no me llamaban de ningún lado, hasta que un productor amigo me dijo: ‘Estás en una lista’. A mucha gente le pasó. No llegó al punto que me dijeran que me vaya del país o algo así, yo siempre fue bastante apolítico. Pero fue un momento…”
Los años siguientes fueron mucho mejores. El reconocimiento del público llegó cuando fue convocado para reemplazar a Jorge Mayorano en La mujer del año, la obra que llevó a Susana Giménez al estrellato y que se mantuvo cuatro años en cartel. Mientras tanto, protagonizaba la exitosa ficción Mujer comprada, junto a Mayra Alejandra y Cecilia Cenci. Y luego pasaría a la historia grande del teatro nacional con otra comedia musical: Sugar.
Nuevamente estaría acompañado por la diva, en su máximo esplendor, y Ricardo Darín -uno de sus grandes amigos del medio junto a Gino Renni y Germán Kraus-, que estaba de novio con ella. Para el estreno, el Lola Membrives había sido restaurado a nuevo y una marquesina con 500 lámparas anunciaba el nombre de la obra. Reconocidas figuras como Mirtha Legrand, Niní Marshall, Graciela Borges y Violeta Rivas asistieron a la avant premiere. Pero por un problema en la consola de sonido, la obra no se pudo hacer… De todas formas, Sugar fue un éxito sin precedentes y duró tres temporadas.
Tan importante es la obra para el teatro argentino que en 2016 Gustavo Yankelevich le propuso a Susana Giménez producir la obra junto a él. El lugar de la diva lo ocupó Griselda Siciliani -luego fue reemplazada por Laurita Fernández-, acompañada por Nicolás Cabré y Federico D’Elía.
Al respecto, reveló Puig: “Fue muy gracioso porque cuando a Gustavo se le ocurre hacer Sugar, lo primero que pasó fue que nadie tenía la obra. Y un día Selva la encontró, acomodando los VHS. De ahí empezamos a sacar los textos. Gustavo la convoca a Susana para producir con ella y en un principio mucho no le gustaba. Yo la entiendo, eh: si vos hacés una obra como la que hicimos nosotros tres años y después viene otra actriz y otros actores a hacer la obra, te da como un no sé qué…”
Si el teatro le dio el reconocimiento popular, la televisión lo catapultó al estrellato. Grande, pá! se emitió por Telefe durante cuatro temporadas. Allí el protagonista de esta historia interpretó a un hombre que quedó viudo y debía hacerse cargo en soledad de sus tres hijas, apodadas las Chancles. El programa fue un éxito absoluto y se convirtió en la comedia más vista de la pantalla chica argentina, superando en ocasiones los 60 puntos de rating.
El actor reveló que Grande, pá! está inspirada en su propia historia de vida. Todo comenzó cuando él estaba haciendo la tira Pablo en nuestra piel, dirigida por Carlos Berterreix. En ese entonces, él se estaba separando de su primera esposa y aprovechaba los breves ratos libres en medio de su trabajo para ir a buscar a sus hijos al colegio.
“Agarraba el auto y volaba para ir a buscarlos. Entonces, Carlos le comentó a su mujer: ‘No sabés lo buen padre que es Arturo’. Y una vez, cuando hacíamos temporada en Mar del Plata, los invito a ellos al teatro y la mujer de Carlos le dice: ‘Arturo debería hacer un programa con chicos a los que va a buscar, un poco como lo que le pasa a él en su vida’”. Años después, Yankelevich le dio forma al proyecto y le ofreció el papel protagonista. Pero no fue todo tan fácil porque Puig no quería hacer comedia en televisión.
“Me llamó y me dijo ‘lo hacés vos o lo llamo a otro’. Después se descubrió que aquel ‘otro’ en el que había pensado era Francella. Un día nos juntamos (con Yankelevich) y me dice: ‘Quiero un programa en el que una mucama se enamore de vos, pero vos como que no la registrás’. Era algo así como Carmiña, una novela que ya había hecho antes y que había tenido mucho éxito también. Le digo que está bien y le pregunto qué título le ponemos. ¡Y empezó un delirio! ‘Ma-pá’, ‘pá-má’. Y él me pregunta cómo me llaman mis hijos cuando hago algo por ellos. Le contesto ‘¡grande, papá! Y así fue que le pusimos Grande, pá!”
A pesar del suceso que significó el programa, los años siguientes no fueron para nada fáciles y estuvo tres años sin trabajar. “No me llamaban, en un momento me preocupé mucho -reconoció, en diálogo con Teleshow-. Pensé que se me había terminado la carrera. El personaje había sido tan fuerte, con tanto rating, que la gente me veía como ese hombre tan bueno, ese padre que corría detrás de las hijas... Después me enteré de que me perdí varios personajes por eso, porque de pronto el director o el productor decían: ‘Nos va a dar una imagen del tipo tan bueno’”.
De todas formas esas preocupaciones quedaron en el pasado y no solo siguió trabajando como actor, sino que también descubrió su faceta como director. Primero con la obra Le Prenom, y luego con Susana Giménez en Piel de Judas. Ahora, mientras se prepara para el debut en enero de su nueva obra, Hello Dolly, se divierte con sus viejas películas que todos los martes de noviembre emite el canal Volver.



Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
Seguinos en Facebook y Twitter

Te puede interesar